Madrid (EFE).- La evolución del precio del gasóleo en España, que ha subido un 50 % antes de impuestos desde el inicio de la guerra en Irán (el pasado 28 de febrero), resume el impacto de la volatilidad geopolítica en los mercados y en una economía nacional que aguarda a septiembre, cuando se reforzará la rebaja fiscal a este combustible.

Por su parte, el precio final de venta, donde se plasma el efecto de las medidas de alivio aprobadas por el Gobierno, se ha encarecido menos (un 26 %), pero lo suficiente como para pasar factura al bolsillo de los conductores en un país donde más de la mitad de los vehículos emplea diésel.

Aun a la baja, el 57 % del parque español de turismos, comerciales ligeros, industriales y autobuses todavía precisa de este carburante. Esto equivale a más de 18 millones de vehículos, según la patronal Anfac e Ideauto.

Vista de una gasolinera. EFE/Kiko Huesca

La dependencia diésel de los modelos en circulación, unida a las tensiones internacionales en los mercados fruto de una menor disponibilidad física de gas, petróleo y productos derivados por el cierre ‘de facto’ del estrecho de Ormuz -considerado un corredor energético mundial-, explica este encarecimiento.