El populista Nigel Farage, protagonista del triunfo del Brexit y candidato a primer ministro, ha regresado este viernes a Westminster tras ganar las elecciones parciales del distrito costero y euroescéptico de Clacton. El líder de Reform UK ha conseguido el 63% de los votos frente al 27% de su principal rival: Count Binface (Conde Carabasura). El resto de candidatos de la papeleta electoral más larga de la historia británica —entre ellos, Mr. Fishfinger, un hombre disfrazado de barrita de pescado rebozada— han quedado a gran distancia. Todos estaban presentes esta madrugada en la sala de recuento. Todos menos Farage, que se ha convertido en el primer ganador ausente desde que el miembro del IRA en huelga de hambre Bobby Sands tampoco acudiera al recuento en el distrito de Fermanagh y South Tyrone en 1981. El líder de la derecha radical alegó que la policía le había advertido sobre un supuesto "complot", algo que las autoridades han desmentido. En su lugar, pasó la madrugada en el Farage Fest, celebrado en un aeródromo a las afueras de la circunscripción, con una noria y carpas de festival. Allí proclamó una "victoria rotunda" ante sus seguidores. Ha debido ser difícil para él no salir en la foto oficial con sus rivales en las elecciones parciales más surrealistas y esperpénticas que se recuerdan en el Reino Unido. Los comicios fueron una tirada de dados de uno de los grandes jugadores de la política británica, además de un intento de regresar a un terreno que conoce bien. Farage renunció a su escaño el mes pasado, solo para anunciar de nuevo su candidatura, en un intento por frenar un escándalo sobre sus finanzas. Según argumentó, debían ser los ciudadanos de a pie quienes tuvieran la oportunidad de pronunciarse mientras aumentaban las preguntas sobre unas donaciones no declaradas. Las presentó como una batalla del "pueblo contra el establishment", pero la jugada no salió como esperaba. El resto de partidos se negó a presentar candidatos asegurando que todo era una farsa e incluso algunos de sus seguidores más fieles consideran que ha convertido al distrito en el "hazmerreír" del país. Count Binface celebra su segundo puesto en las elecciones de Clacton. (EFE) Con el responsable de ética del Parlamento pisándole los talones y una sucesión de informaciones sobre dinero sospechoso que habría llegado a Reform UK, el enfant terrible de la política británica necesitaba otra campaña electoral contra el establishment sin rostro. Ahora intenta afirmar que ha derrotado a esas fuerzas oscuras, que en Clacton se materializaron, por improbable que parezca, en un hombre disfrazado de cubo de basura. Lo hizo con una participación que cayó 14,4 puntos porcentuales respecto a las elecciones de 2024, unas 250.000 libras de dinero público gastadas y electores mostrando su malestar. Algo que difícilmente puede calificarse de triunfo para un hombre que hasta ahora había liderado los sondeos a nivel nacional ante el hartazgo de los británicos por el baile de primeros ministros en Downing Street —ya van siete en diez años— y una economía estancada. Farage regresará a Westminster después del receso de verano y se encontrará con que la investigación sobre la donación de cinco millones de libras de Harborne, un multimillonario afincado en Tailandia, se habrá reanudado. Eso implicará todavía más escrutinio en un momento en que el Partido Laborista del Gobierno disfruta de un repunte en las encuestas después de la llegada de Andy Burnham a Downing Street para reemplazar a Keir Starmer. Por primera vez desde marzo del año pasado, los laboristas encabezan el promedio de las encuestas por delante de Reform. La aparente recuperación del Gobierno, unida a la presión que Reform UK está sufriendo por su derecha por parte de la escisión Restore Britain, contribuye a empeorar el panorama para Farage. Tras una campaña en la que ha gastado 10.000 libras en anuncios en redes sociales —entre ellos, uno en el que se le ve paseando por una calle soleada con los pantalones color salmón que todo golfista desea, instando a los votantes a "decirle al establishment que se vaya al diablo"—, el populista ha sugerido esta madrugada por primera vez que podría haber incumplido las normas parlamentarias. En declaraciones a GB News —considerada la Fox News británica— ha afirmado estar "convencido" de tener razón en la polémica, aunque admitió: "Quizá no haya rellenado un papel". "Este [triunfo en los comicios] supone un respaldo abrumador hacia mí. Estoy harto de que los principales medios de comunicación me juzguen y me llamen criminal. ¿Saben cuál ha sido mi único pecado? No haber rellenado un papel. No he infringido ninguna ley. No he incumplido ninguna norma fiscal. No he recibido dinero público. Ni siquiera tengo una autocaravana. ¿De acuerdo? Y, bueno, quizá no haya rellenado un papel. Estoy convencido de que tengo razón. Ya veremos qué ocurre". En la sede de Reform confían en que estos últimos comicios hayan servido para demostrar lo poco que, según ellos, les importan realmente los votantes de Clacton a los demás partidos, que se negaron a presentar candidatos. Farage acusará al resto de formaciones de haber intentado humillarlo y presentará esta victoria como el último episodio de una sucesión de regresos políticos improbables. La realidad, sin embargo, es que el resto de líderes políticos han evitado lo que parecía un intento evidente de Farage de trasladar el debate sobre las donaciones a su propio terreno: una localidad que un alto cargo de Reform llegó a comparar con Corea del Norte por su apoyo incondicional al partido. Ahora comienza la siguiente fase de esta historia, que ya no se desarrollará en las calles de Clacton. Para bien o para mal, tendrá lugar en el laberinto de comités, comisionados y reglamentos que determinan la conducta de los diputados. Si se concluye que Farage infringió las normas a la hora de declarar la donación, existe una posibilidad real de que tenga que afrontar otras elecciones parciales, esta vez convocadas contra su voluntad, y que se vea obligado a disputar el escaño por tercera vez en tres años. Por esa razón, los críticos del líder de Reform UK sostienen que estas elecciones han sido, en esencia, inútiles. No han modificado el mapa electoral y tampoco parece probable que hayan cambiado significativamente la opinión pública. En cambio, la campaña ha agotado a los votantes y ha contribuido a reforzar la imagen de un Farage inmerso en una batalla interminable contra sus enemigos. ¿Se está apagando su momentum? El tiempo dirá cuál será el próximo episodio del singular escenario esperpéntico en el que se ha convertido Westminster. El populista Nigel Farage, protagonista del triunfo del Brexit y candidato a primer ministro, ha regresado este viernes a Westminster tras ganar las elecciones parciales del distrito costero y euroescéptico de Clacton. El líder de Reform UK ha conseguido el 63% de los votos frente al 27% de su principal rival: Count Binface (Conde Carabasura). El resto de candidatos de la papeleta electoral más larga de la historia británica —entre ellos, Mr. Fishfinger, un hombre disfrazado de barrita de pescado rebozada— han quedado a gran distancia.