Andrés González, economista, ha reflexionado sobre la capacidad de ahorro de los jóvenes que empiezan a trabajar mientras todavía viven con sus padres. Su planteamiento parte de un caso concreto: una persona que comienza su vida laboral con 23 o 24 años, cobra un sueldo inicial y decide reservar una parte importante de sus ingresos cada mes. Según explica, alguien que gane alrededor de 1.200 euros mensuales podría destinar unos 400 euros a sus gastos personales o a colaborar en casa y guardar los 800 euros restantes. Con ese ritmo, asegura, el ahorro anual estaría cerca de los 10.000 euros, siempre que se mantuviera esa disciplina de forma constante. “Tienes el dinero para comprarte un inmueble, sería lo ideal, no es ninguna locura”, sostiene González al referirse a lo que podría ocurrir después de varios años ahorrando. Su cálculo se basa en mantener ese esfuerzo durante aproximadamente ocho años, desde los 23 o 24 hasta los 30, 31 o 32 años. El economista insiste en que su ejemplo ni siquiera contempla invertir ese dinero para obtener rentabilidad, sino únicamente ahorrar. Bajo ese supuesto, considera que una persona podría llegar a reunir en torno a 80.000 euros después de varios años, una cantidad que podría utilizar como base para afrontar la compra de una vivienda. La clave de su propuesta está en aprovechar los primeros años de trabajo para contener el nivel de gasto. González pone como ejemplo continuar viviendo en casa de los padres mientras se trabaja y se ahorra de forma intensa, aunque reconoce implícitamente que se trata de una situación que dependerá de las circunstancias económicas y familiares de cada persona. A partir de ahí, plantea que llegar a los 30 años con una cantidad elevada ahorrada permitiría valorar la compra de un inmueble de 250.000 o 270.000 euros, siempre que los números encajen. Su argumento se centra, por tanto, en que empezar pronto, ahorrar de manera constante y evitar que aumenten demasiado los gastos puede abrir más opciones financieras en la etapa adulta. Andrés González, economista, ha reflexionado sobre la capacidad de ahorro de los jóvenes que empiezan a trabajar mientras todavía viven con sus padres. Su planteamiento parte de un caso concreto: una persona que comienza su vida laboral con 23 o 24 años, cobra un sueldo inicial y decide reservar una parte importante de sus ingresos cada mes.
Andrés González, economista, sobre si los jóvenes ahorraran de los 24 años a los 30: "Tienes el dinero para comprarte un inmueble, sería lo ideal, no es ninguna locura"
El economista plantea que ahorrar desde los primeros años laborales y mantener los gastos bajo control puede permitir reunir una cantidad importante antes de los 30







