“Es una falta de respeto, es obsceno, es escupirles en la cara”.
Así describió Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, la idea de debatir reformas institucionales apenas unas semanas después de que dos fuertes terremotos azotaran el país.
Debería haber consultado con las víctimas. “Cualquier cambio que le quite poder al gobierno actual, de cualquier forma, es positivo”, afirma Francis Riascos, acampado entre los escombros con la esperanza de encontrar el cuerpo de su hermano.
El señor Rodríguez tampoco convenció a Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, quien ha ejercido una enorme influencia en Venezuela desde que las fuerzas especiales capturaron al dictador Nicolás Maduro en enero.
Tres días después de que Rodríguez criticara duramente la idea, dio un giro de 180 grados y anunció conversaciones con la oposición precisamente sobre esos asuntos.






