Los “lineamentos generales para la protección de los derechos de las audiencias”, presentados recientemente por el gobierno de Claudia Shainbaum, viene a llenar un vacío existente entre la sociedad y los medios de comunicación (MC) -especialmente radio y televisión-, que pretenden se regule o autorregule su comportamiento, bajo un código de ética, un defensor de las audiencias y un camino sencillo para el intercambio de información y resolución de conflictos. Desde que tengo uso de razón, la mayoría de los MC han estado alineados al poder político, especialmente, a los gobiernos priistas en el siglo XX, salvo contadas excepciones, donde se acuñó el término “chayote”, que identificaba y definía perfectamente la relación entre los MC y el poder político. Los sobornos, el dinero o las prebendas eran utilizados para que los MC hablaran bien de políticos, gobernantes y gobiernos. La sociedad no existía, por tanto, no era una preocupación de los MC, ni del poder. Todavía en la falsa transición política del año 2000, los panistas siguieron utilizando esas prácticas, donde los MC no sólo acompañaron a los nuevos gobiernos, sino que asumieron la doctrina conservadora para defender sus intereses. El “chayote” se disfrazó ahora de exención de impuestos y pagos por servicios profesionales a intelectuales ad-hoc. Incluso, en el regreso del nuevo PRI, en 2012, Televisa trató de materializar una segunda edición de amor con el poder, al ayudar al candidato Peña a promover su imagen y a conseguirle esposa dentro de su elenco, farsa que quedó confirmada 6 años después, con el divorcio de la pareja presidencial. “El amor también es sexenal”, debió ser el título de esa novela. La llegada de Morena en 2018 rompió con todos esos intereses y visibilizó a la sociedad mexicana por primera vez en todos los sentidos: político, social y económico, mientras los MC asumían una actitud de beligerancia, al ver afectados sus intereses, especialmente, sus vínculos con el poder como aliado histórico de su accionar y su bienestar económico. El hecho es que nunca los MC han tomado en cuenta el parecer de la sociedad para conformar sus contenidos, más allá de las encuestas o ratings de audiencia. Paradójicamente, el público sostiene a los MC, oye o ve comerciales y consume sus productos, pero ni siquiera tiene el derecho de opinar, mucho menos, ser parte de las decisiones en su contenido. Es por así decirlo -la sociedad- un actor pasivo, sin voz ni voto. Por ello, la mayoría de los MC en radio y televisión actúan hoy sin ética o rigor periodístico, no sólo por la falta de “incentivos” gubernamentales, sino ante la competencia de las nuevas plataformas, que los ha obligado a sensacionalismos editoriales, la exacerbación de la nota roja, la falsedad, la mentira y los montajes periodísticos, todo para conservar las audiencias, las cuales no tienen manera para defenderse de tales agresiones. Me parece que los MC no han acabado de entender su papel en la nueva sociedad, ni la manera de adaptarse al cambio. Los llamados nuevos lineamientos les brindan esa posibilidad. Me pregunto, como parte de la sociedad y de esa audiencia: ¿Si exigir a los MC objetividad y rigor periodístico es censura? ¿Si decir no a las mentiras, falsedades y montajes de periodistas en noticieros es censura? ¿Si pedir equilibrio en la información es censura? ¿Si exigir que paren la explotación -como lo hacen- de la nota roja e imágenes violentas es censura? ¿Si pedir la inclusión de información gubernamental en sus espacios es censura? ¿Si exigir menos comerciales en partidos de futbol es censura? Yo estoy seguro de que NO. A veces me imagino a la censura, como aquel ratoncito que sale de repente y espanta a los valientes periodistas de los MC, que saltan despavoridos a sillas y mesas para que no se los coma, gritando al gato o al perro para que lo atrapen. La censura, valientes MC, no avisa, no propone, no abre a debate o consulta los temas, no se preocupa por la sociedad. Y si no, vean el caso de Daniel Ortega en Nicaragua. Me pregunto qué pasaría si en lugar de un ratoncito apareciera un feroz león, entonces ni tiempo tendrían para hacer sus teatritos. El derecho de las audiencias es una deuda pendiente que tienen los MC con la sociedad y, yo diría, también los gobiernos de Morena, los cuales ya ha dado el primer paso al visibilizar a la sociedad mexicana en todos sentidos, así como en proponer un camino viable para que los MC cumplan con su obligación y actúen de manera responsable y salden esa deuda histórica con sus audiencias. El otro camino es esperar a que las audiencias se cansen de esos MC y los abandonen, como le pasó a un programa de radio, cuyo público era mayoritariamente de adultos mayores, incluida mi madre de 97 años, que rigurosamente los escuchaba todas las mañanas y que siempre criticaban al gobierno de AMLO, sin ninguna ética ni rigor periodístico de por medio y, sobre todo, de forma irracional, pues también eran fieles seguidores de AMLO. Un día le pregunté a doña Trini que si no le molestaban tantas mentiras e intrigas y me contestó toda fresca que ni los escuchaba, ni entendía, pues había empezado a perder el sentido del oído, “pero me entretienen” -dijo-. Entonces, pensé -maquiavélicamente- que se trataba de un público cautivo, que más que escuchar y entender las críticas, buscaba únicamente compañía, aunque fuera a murmullos. Supongo que algo pasó con la audiencia, que cansada, abandonó el programa, el cual salió del aire a partir de este año, seguramente por bajos niveles de audiencia y sin necesidad de soltar al ratón. Ahí te hablan TV Azteca. “Ni te pago, ni te pego, sólo quiero que te apegues a la ética y responsabilidad periodística, si no, apago la luz y suelto al ratón”, pareciera ser el mensaje para los valentones de los MC. Politólogo (UAM) y exdiplomático Únete a nuestro canal