Pablo Álvarez habla de volar al espacio con la misma naturalidad con la que narra cómo moverse dentro de un traje de 150 kilos. Aún no ha despegado, pero ya vive como si orbitara la Tierra. El año pasado apenas durmió tres meses en su casa entre vuelos de entrenamiento, cursos de supervivencia y medicina de urgencias. Mientras espera la llamada que le asignará su primera misión como astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA), el segundo astronauta español de la historia recibió hace unas semanas a La Vanguardia en CosmoCaixa Barcelona, donde participó en la presentación de la jornada “CosmoNauta”. Anteayer, este ingeniero leonés vivió su primer eclipse desde Yebes, en Guadalajara.Cuando envió su candidatura a la ESA, además del currículum, tuvo que escribir una carta de motivación. ¿Qué puso en ella para convencerles?Por algún lado la tengo guardada. Presenté mi experiencia internacional, la capacidad de adaptarme y, sobre todo, las ganas que tenía de intentarlo. Incluso hice una broma al final. Como había trabajado en ExoMars, escribí algo así como: “Si necesitáis un voluntario para ir a Marte a arreglar el rover, aquí me tenéis. Aunque espero que no haga falta, porque lo ha diseñado un equipo excepcional de ingenieros”.¿Hay alguna habilidad que haya descubierto durante el entrenamiento en estos dos años?Llevar el traje espacial. La primera vez que te lo pones piensas que va a ser imposible dominarlo. Es enorme, pesa unos 150 kilos y cuesta muchísimo moverlo. Pero poco a poco vas aprendiendo a gestionar el esfuerzo, la energía y la concentración que requiere trabajar dentro de él. Los guantes son muy gruesos, apenas tienes sensibilidad y todo está presurizado. Siempre decimos que dentro del traje “despacio es rápido”. En cuanto intentas acelerar, empiezas a cometer errores, te cansas antes y todo sale peor.¿Cómo es la vida de un astronauta mientras espera su primera misión?No hay dos días iguales. Una semana puedo estar en Francia pilotando aviones; la siguiente, en Colonia repasando procedimientos; y al día siguiente haciendo divulgación, como hoy en CosmoCaixa. Lo próximo que tengo es un curso de geología en varios países y hace poco estuve en un hospital aprendiendo procedimientos médicos básicos. Es duro tener una vida tan imprevisible. El año pasado dormí en casa unos tres meses en total. Este año, de momento, apenas dos meses y medio. Es un sacrificio importante, pero también forma parte del entrenamiento, porque el 90% de la vida de un astronauta sucede en la Tierra. Y, sinceramente, buena parte de lo que hago lo haría también durante mi tiempo libre. Si me dicen que tengo que aprender a pilotar un avión o hacer un curso de supervivencia y, además, me pagan por ello, es un sueño.Empezó diseñando aviones y ahora es quien se sienta a los mandos. ¿Cómo se vive ese cambio?Siempre había querido volar, pero nunca había tenido tiempo ni dinero para sacarme el título de piloto privado y ahora lo estoy disfrutando muchísimo. Te ayuda a entender el otro lado. Los ingenieros tendemos a infravalorar el trabajo de los pilotos y creo que, a veces, a los pilotos les ocurre lo mismo con los ingenieros. Con los astronautas sucede algo parecido. Somos la cara visible, pero para que uno solo pueda volar trabajan decenas de miles de personas. Cada vez que un astronauta está en la Estación Espacial Internacional hay unas 500 personas siguiéndolo desde tierra y, detrás de ellas, miles más que han diseñado los módulos, los cohetes, las cápsulas o los experimentos. Cuando empiezas a entrenarte entiendes todo ese trabajo y te vuelves mucho más humilde.Álvarez, en el Museu de la Ciència CosmoCaixa Barcelona Júlia Salvador / PropiasLa Estación Espacial Internacional se acerca al final de su vida útil. ¿Qué supondrá su desaparición?El plan es desorbitarla de forma controlada, probablemente hacia el Punto Nemo, en el Pacífico, el lugar más alejado de cualquier población. Se está estudiando alargar su vida un par de años más, hasta 2032. Me dará mucha pena. Creo que cuando haya vivido allí todavía más. Será como si tiraran mi propia casa. La Estación Espacial Internacional es un patrimonio de la humanidad. Se construyó en un momento muy complicado, con muchos países colaborando para levantar probablemente el proyecto tecnológico más complejo de la historia. Es la demostración de que somos capaces de trabajar juntos fuera del planeta.¿Hay proyecto de una nueva estación?Estados Unidos quiere girar la perspectiva que tienen en cuanto al uso de órbita baja. Quieren estaciones espaciales privadas. Hay tres empresas que están desarrollando distintos proyectos: Axiom, Starlab, y Vast. SpaceX también podría tener algo parecido con la Starship. Veremos qué proyectos se llevan a cabo y cuál es la colaboración que tendrá Europa.La nueva carrera espacial está marcada por la competencia entre Estados Unidos, China y otras potencias. ¿Se está perdiendo el espíritu de colaboración?En realidad, nadie hace todo completamente solo. En el espacio seguimos dependiendo unos de otros. Nosotros entrenamos en la NASA, los astronautas estadounidenses entrenan en Europa y seguimos viajando a Rusia para formarnos en los módulos rusos de la Estación Espacial Internacional. En la ESA nunca hemos entendido la exploración espacial de otra manera. Somos 23 Estados miembros y ninguno podría conseguir por separado lo que conseguimos juntos. Es verdad que la geopolítica influye cada vez más, pero siempre recuerdo la misión Apolo-Soyuz, en plena Guerra Fría, cuando estadounidenses y soviéticos se dieron la mano en órbita. Ojalá la tendencia actual se pueda redirigir y no perdamos ese espíritu de salir del planeta como especie.El programa Artemis está evolucionando y algunos de sus planes iniciales, como la estación Gateway, han cambiado. ¿Qué papel cree que acabará teniendo Europa?Luca Parmitano, astronauta de la ESA, va a volar en Artemis III. Al final Europa sigue siendo parte del programa Artemis, pero se está redefiniendo cuál es el plan a futuro. Veremos cómo queda y hasta qué nivel Europa decide seguir colaborando con el proyecto.¿Europa necesita dar un paso adelante?Depende de qué estemos hablando. En observación de la Tierra, Europa tiene probablemente el mejor programa del mundo. Donde sí estamos más rezagados es en exploración humana. Debemos aumentar nuestra autonomía, pero no para dejar de colaborar con la NASA; sino para ser un mejor socio. Eso significa poder ofrecer más misiones y aportar más a los proyectos internacionales. Por eso estamos planteando desarrollar una cápsula europea para vuelos tripulados, cualificar nuestros lanzadores para transportar personas y definir un destino propio en órbita baja. Tenemos el conocimiento y universidades extraordinarias. Lo que nos falta es solucionar las trabas burocráticas y una mayor capacidad de inversión. Europa necesita ser más ambiciosa.¿Podría ser la misión EPIC su estreno en el espacio?Es una posibilidad, aunque de esa misión aún no hay nada confirmado. La ESA ha estado en negociaciones con SpaceX, porque se utilizaría una Crew Dragon. Seguro que iría alguien de mi clase y quedamos tres astronautas de mi promoción por volar, así que podría ocurrir. Pero he aprendido que en este trabajo, hasta que no estás literalmente atado al cohete, cualquier cosa puede pasar.Si pudiera elegir mañana entre una misión de seis meses en la Estación Espacial Internacional o un viaje alrededor de la Luna, ¿con cuál se quedaría?Elegiría los seis meses en la Estación Espacial Internacional. Sé que puede sorprender, porque la Luna tiene un atractivo enorme y volver allí supone un reto tecnológico apasionante, pero una misión larga ofrece una experiencia mucho más completa. Te permite aprender de verdad cómo vivir en microgravedad, realizar paseos espaciales, participar en el mantenimiento de la estación y dedicar mucho más tiempo a la investigación científica.¿Cree que su generación llegará a ver una presencia permanente en la Luna?Espero que sí. Volveremos a la Luna para quedarnos. Habrá que definir qué significa exactamente “quedarse”, si una base habitada de forma continua o una presencia parecida a la de la Estación Espacial Internacional, con tripulaciones que se vayan relevando, pero creo que durante la próxima década veremos construcciones en la superficie lunar y astronautas viajando allí con cierta regularidad. También estoy convencido de que veremos a un europeo caminar sobre la Luna.¿Y a un español?Ojalá.El próximo 12 de agosto tendremos un eclipse visible desde España. ¿Dónde estará usted?Estaré en el Observatorio de Yebes, en Guadalajara, donde la ESA organizará un gran evento abierto al público. Habrá talleres, actividades y charlas durante toda la jornada. Nunca he visto un eclipse total y va a ser el primero para mí. Tengo muchísimas ganas de vivirlo.
Pablo Álvarez, astronauta: “Vamos a volver a la Luna para quedarnos”
“Cuanta más autonomía tenga Europa, mejor socio será”, defiende el cosmonauta elegida por la ESA sobre el futuro de la exploración espacial






