OpiniónLa respuesta del Gobierno colombiano en la atención del terremoto contrasta con la lentitud e ineficacia de la respuesta del régimen venezolano.ESCRITOR Y ANALISTA POLÍTICO13.08.2026 22:01 Actualizado: 13.08.2026 22:01 El más importante historiador británico vivo, Niall Ferguson, hace en su libro Desastres, Historia y política de las catástrofes un apasionante análisis sobre cómo la humanidad ha afrontado una gran variedad de catástrofes, desde plagas, pandemias, hambrunas, terremotos y guerras hasta accidentes nucleares. Incorporando diferentes disciplinas, desde la economía hasta la ciencia de redes, construye no solo una historia, sino toda una teoría general de los desastres en donde la competencia o la incompetencia de los regímenes políticos actúan como un factor clave a la hora de provocar, aumentar o disminuir los daños. Es decir, el régimen político existente no es un factor neutro en una sociedad a la hora de afrontar un desastre.Identifica Ferguson como expresiones de la incompetencia política para afrontar los desastres, entre otras, desperdiciar los recursos humanos, el no uso o mal uso de la tecnología disponible, inhibirse en la toma de decisiones, perseverar en opciones que han demostrado ser defectuosas, preferir la confrontación en vez de recurrir a los entendimientos, buscar chivos expiatorios, ignorar o distorsionar la información, etc.Venezuela y Colombia han sufrido desastres similares en poco tiempo. Como es sabido, los dos terremotos han sido gemelos en su intensidad (7,4), pero muy diferentes en su profundidad y en la ubicación de sus epicentros. Superficial y con epicentro en centros urbanos en Venezuela, profundo y con epicentro en zona rural en Colombia. Esto lo hizo más devastador allá que aquí.Pero, no obstante la gran disparidad en sus impactos, los dos terremotos permiten apreciar las diferencias entre los niveles de competencia política de los dos gobiernos. De un lado, un gobierno autoritario bolivariano que en más de un cuarto de siglo ha destruido la economía del país y devastado la institucionalidad de la administración pública; de otro lado, un gobierno democrático que, aunque recién comienza, proclama el respeto a la institucionalidad y está demostrando que la transparencia, el pragmatismo, la eficiencia, el bien común y la atención a los más necesitados son y serán los valores rectores de su gestión.Nunca sabremos cuántos de los 6.000 venezolanos muertos bajo los escombros se hubieran podido salvar si no hubieran vivido bajo el calamitoso régimen chavista.La velocidad y la eficacia de la respuesta del Gobierno colombiano en la atención del desastre contrastan rotundamente con la lentitud, la indolencia y la ineficacia de la respuesta del régimen venezolano ante una tragedia de inmensas proporciones. A las pocas horas de ocurrido el desastre, el Gobierno colombiano ya había movilizado a la Fuerza Pública y a los organismos públicos y privados de socorro, había coordinado con alcaldes y gobernadores la ayuda a las víctimas, conformado puestos de mando unificados en todas las ciudades afectadas, establecido una sala de crisis nacional, anunciado la declaración de emergencia nacional y luego la emergencia económica, rescatado a decenas de personas sepultadas bajo los escombros, aplazado el pago de impuestos a las poblaciones afectadas, establecido subsidio de arrendamiento a quienes quedaron sin techo, acelerado la ayuda financiera de entidades multilaterales y logística de otros gobiernos, etc., en una lección al mundo de cómo se realiza una respuesta rápida y eficaz frente a una catástrofe.En contraste, el régimen bolivariano de Venezuela mostró una extrema dejadez y parsimonia, evidenció su falta de reacción y una total incompetencia ante el desastre, abandonó a miles de ciudadanos enterrados bajo los escombros. Los funcionarios y las tropas gubernamentales tardaron en llegar y, cuando llegaron, fueron meras espectadoras impasibles. El régimen mintió y ocultó información, obstruyó el acuciante flujo de ayuda internacional, etc., lo que evidenció cómo las instituciones, la sociedad civil y los medios se marchitaron producto del autoritarismo, la corrupción y la mediocre gestión del socialismo del siglo XXI.Dos catástrofes similares, con dos respuestas diferentes, que evidencian los diferentes ADN de dos regímenes: uno democrático, transparente, ágil y eficaz; el otro autoritario, corrupto, indolente e incompetente. Nunca sabremos cuántos de los 6.000 venezolanos muertos bajo los escombros se hubieran podido salvar si no hubieran tenido el infortunio de vivir bajo el calamitoso régimen chavista. Y ni qué hablar de las víctimas en Colombia si el terremoto hubiera ocurrido durante el gobierno anterior. Mejor, ni hablar. 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Dos terremotos, dos gobiernos
La respuesta del Gobierno colombiano en la atención del terremoto contrasta con la lentitud e ineficacia de la respuesta del régimen venezolano.












