Los padres de Tamara decidieron guardar en el trastero durante más de 30 años la cuna que habían usado ella y su hermano. La envolvieron completamente en plástico, le pusieron un producto conservante y así pasó décadas. Hace poco, Tamara decidió comprar una cama pequeña para su niño y cuando él dejó de usar la histórica cuna familiar, ella enseguida la subió a Wallapop. Nada de regalarla o de seguir guardándola. Ha comprado para su hijo casi todo de segunda mano desde que descubrió que estaba embarazada. Todavía necesita equilibrar gastos. La cuna de los 30 años se vendió en menos de 24 horas. En España cada vez hay más padres como Tamara. Compran y venden usadas muchas de las cosas que necesitan sus hijos. Así lo confirman datos facilitados a El Confidencial por Wallapop, una de las plataformas que lidera el mercado de objetos de ocasión. Las búsquedas de cunas en esa web han aumentado un 62% respecto al año pasado, mientras que las de ropa de bebé han experimentado un incremento del 55%. Lo mismo ocurre con una larga lista de productos que los padres prefieren no estrenar para ahorrar. Si hasta hace algunos años lo normal en España era comprar nuevo todo el ajuar de un bebé, o recibir una parte de esos objetos como herencia o préstamo desde redes familiares, ahora se ha normalizado revender cochecitos, zapatos o bicicletas pequeñas. Este fenómeno se ha visto impulsado por los cambios de consumo impulsados por la pandemia, el creciente interés por la protección del medio ambiente y los elevados costos de manutención de los niños. Formar una familia a bajo costo incluso tiene la ayuda de la IA, pues esta tecnología está simplificando mucho el proceso de calzar o vestir a los niños con productos de segunda mano. Comprar nuevo o de uso: “Hay un choque de valores” Tamara recibió mucha ropa de otras madres de su entorno que sus hijos apenas habían usado. Todos a su alrededor le recomendaron ir despacio con las compras debido al poco tiempo que los niños usan las cosas, y ella no le veía sentido a “gastar una pasta” en juguetes cuando tiene que hacer cuentas para cubrir los pañales que necesita su hijo. La solución ha sido colegiada con su pareja y sus padres, y no admite cuestionamientos. Salvo lo estrictamente necesario, todo lo que use su hijo proviene del mercado de segunda mano. TE PUEDE INTERESAR “Es mucho mejor tirar de Vinted o Wallapop para comprar las cosas más caras”, explica la madre de 38 años. “Por temas de seguridad, mi límite fueron los zapatos, la sillita del coche y el carrito de pasear en la calle, pero todo lo demás lo pillé usado. Qué sentido tiene gastar 100 euros en un cambiador cuando lo puedes encontrar por 20 euros casi nuevo. Hay juguetes que los bebés solo usan un par de meses y me daba pena comprarlos nuevos, sobre todo si son de materiales resistentes como madera que se pueden limpiar bien. Lo último fue un pequeño sillón para que mi hijo se tienda con sus libros. Lo compré por 10 euros cuando nuevo cuesta 60 euros”. Los precios desorbitados terminaron venciendo a Tamara hasta en el cochecito de bebé que prefirió comprar nuevo por 800 euros. Cuando llegó el invierno pasado y vio que un forro para el frío suponía gastar casi otros 200 euros más, decidió comprarlo usado. Es tanta la demanda de este tipo de objetos que cada vez que guardaba un forro entre los favoritos no le daba tiempo a comprarlo. Siempre se le adelantaban. "Los padres tienen menos prejuicios y dinero, y reciclan" Tamara lava todos los objetos que compra, pero a veces vienen limpias, aclara: “Muchos vendedores se lo toman muy a pecho y te entregan impoluto lo que sea”. En el caso de la fiabilidad no tiene reparos en realizar las transacciones a través de las propias webs de reventa y solo fue a buscar personalmente la bañera que alguien vendía muy cerca de su casa. Quería una que en tienda no bajaba de los 200 euros y la consiguió de uso por 40 euros, pero estuvo días intentando obtener una sin éxito. Ese es otro de los objetos que tiene mucha demanda. Entre 2024 y 2025 aumentaron un 51% las búsquedas de cunas de Wallapop, y lo mismo ocurrió con las de juguetes (un 61%), ropa de niño (49%), zapato de niño (33%) y coches de bebé (45%). Casi con idénticos porcentajes de crecimiento también se publicaron muchos más anuncios de esos productos en 2025 con respecto al año anterior, pero el verdadero aumento se ha dado en lo que va de 2026. Este año todas las búsquedas de estos productos aumentaron más de un 50%, excepto las de juguetes y de zapatos de niño, que crecieron un 37% y un 45%, respectivamente. El número de anuncios de objetos para niños también ha crecido mucho en 2026. En la familia de Tamara hay muy pocos niños, porque nacieron hace mucho tiempo o son de personas con las que no tiene mucha relación. La baja natalidad y la pérdida de conexión entre familias también lastran la tradición de ceder objetos para que alguien cercano los reutilice, y esto se traduce en “un cambio de valores generacional” con respecto a los abuelos, señala el sociólogo Luis Ayuso Sánchez, profesor titular de Sociología de la Universidad de Málaga y antiguo coordinador del Departamento de Investigación del CIS. TE PUEDE INTERESAR “Al tener menos hijos se vuelcan con ellos los familiares más allegados, como los abuelos”, explica Ayuso. “Compran todo nuevo, porque van a tener solo uno o dos nietos y quieren darle lo mejor. Además los abuelos tienen más renta y quieren vivir a tope la experiencia y su rol de abuelos. Por otro lado, sus hijos son ya de otra generación que tiene menos prejuicios con la segunda mano, reciclan, no le dan tanta importancia a lo nuevo y además tienen menos dinero. Este es el choque de valores que está ocurriendo”. "No merecía la pena pagarlo nuevo" Ayuso cree que entre las causas de este boom de cosas usadas para niños destacan tres factores fundamentales: “Cada vez se tienen menos hermanos y primos, y por tanto se tiende a guardar menos algo que no podremos dejar a nadie. Han cambiado las actitudes hacia la segunda mano, pues antes era algo de pobres y ahora se ve guay reciclar y dar una segunda vida. Y lo principal es la cuestión económica, ya que se alivian gastos altos en el peor momento del ciclo de vida en pareja”. El nivel económico de Tamara coincide plenamente con lo descrito por Ayuso. Por eso ella le preguntó a sus padres por la histórica cuna familiar en cuanto se quedó embarazada. Cada euro que se pudiera ahorrar le hacía más factible enfrentar la crianza de su hijo. La cama que usa actualmente el niño era de una vecina que se iba a deshacer de ella. “Tirar de cosas de segunda mano es un ahorro buenísimo para poder destinar ese dinero a cosas que no se pueden heredar o comprar usadas, como los pañales”, precisa Tamara. Los padres de su entorno que hacen lo mismo generalmente ya tienen un segundo hijo, pues se dieron cuenta de que mucho de lo comprado con el primero “no merecía la pena pagarlo nuevo”. TE PUEDE INTERESAR “Todo también depende de la ilusión que tenga la gente”, aclara Tamara. “Hace poco le ofrecí a una amiga embarazada un montón de cosas que tengo en casa y aceptó todo menos una hamaca, una mochila portabebés y la cuna, porque justo tres cosas ella quería tenerlas nuevas. La cuna terminé vendiéndola en Wallapop al día siguiente de haberla anunciado, porque era de las clásicas de madera que ahora prefiere la gente”. Algunas personas de su entorno “levantaron un poco la ceja” cuando la vieron comprar la bañera y otros productos usados, pero ella en cuanto a su maternidad no admite cuestionamientos y por eso apenas le ha molestado lidiar con ellos. Ha recibido tal apoyo que incluso sus padres y sus amigos le avisan si ven algún objeto que ella esté buscando. España está llegando tarde a un fenómeno que es muy normal en otros países como EEUU, aclara Javier Díaz, profesor de Economía de IESE Business School. El comportamiento del consumidor español no tenía en cuenta el valor de rescate de los productos, pero eso está cambiando sobre todo en familias pequeñas donde los niños ya no heredan nada de nadie. "El mismo juguete que aburre a un niño genera pasión en otro que no lo ha tenido" “Antes dejábamos a los primos los esquíes y las bicicletas pequeñas, pero qué hacer con esas cosas si ya no hay primos”, detalla Díaz. “Además, antes no existían ni eBay ni ninguna otra web donde vender algo con un par de clics. Solo estaban las ventas de garaje para darle salida a los trastos que no usamos. Ahora yo les dejo a mis sobrinos las cosas que me da pereza anunciar, pero pronto quizás ya lo haga con un agente de IA que realice toda la gestión. En Wallapop la mitad del anuncio ya lo genera la IA, por ejemplo. Y ahí radica el futuro de este mercado porque la IA va a reducir lo que en economía se conoce como coste de transacción”. Díaz cree que el riesgo médico de usar cosas de otros es trivial, porque “después de una buena lavada nadie debería pillar nada” por usar unos juguetes de segunda mano. Con respecto a este tema, Tamara tiene sus dudas y siempre compra sopesando la información que encuentra de los objetos y confiando un poco también en su intuición. Por ejemplo, rehúye un poco de las cosas que los niños suelen meterse normalmente en la boca y tienden a desgastarse. Díaz concluye alertando de lo poco rentable que resulta comprar algunas cosas nuevas: “Solo por sacar un coche del concesionario su valor suele caer 5.000 euros. Los juguetes, por ejemplo, pierden muy rápido la novedad y los niños solo juegan días con ellos antes de dejarlos a un lado. Pero ese mismo juguete genera la misma pasión para otro niño que no se ha aburrido de usarlo porque no lo ha tenido. Además está el tema del unboxing, acción por la que mucha gente todavía prefiere comprar nuevo, pero hasta qué punto merece la pena el placer de sacar algo de la caja si se usará por un tiempo muy corto”.
De regalarlo a ponerlo en Wallapop: por qué cada vez más gente vende las cosas de sus hijos
Se disparan las búsquedas y anuncios de objetos para niños en páginas de segunda mano. Detrás hay factores tan dispares como la natalidad decreciente o el desarrollo de los mercados de ocasión









