Los 40 y tantos golpesLa caza del funcionario de salud jubilado en EEUU UU. hace de �l el �ltimo protagonista del melodrama que es la �ltima guerra cultural del covid. Le necesitamos, como necesit�bamos en su momento a Fernando Sim�n. Incluso con sus errores. Pese a quien le peseAnthony Fauci declarando en el Congreso el 26 de julio.Actualizado Jueves,
agosto
23:19Audio generado con IAHay un personaje que ejemplifica mejor que nadie los males de la sociedad tecnificada: Anthony Fauci, el funcionario sanitario m�s influyente en EEUU de los �ltimos 40 a�os. En el Senado, los republicanos han votado a favor de declararle culpable de desacato y lo han convertido en el protagonista del melodrama que es la �ltima guerra cultural del Covid.Fauci es un personaje tan complejo como fascinante. Pueden distinguirse dos faucis en su biograf�a al frente del Instituto Sanitario de Enfermedades Infecciosas. El primero fue quien afront� la crisis del sida. A m� es el que m�s me interesa. Demostr� ser un notable inmun�logo y un sobresaliente pol�tico. Supo valorar el importante papel de los activistas y aceler� los tr�mites para el acceso a la triple terapia, lo que result� clave en 1996. En su debe est� su seguidismo pol�tico inicial y su negativa a facilitar medicaci�n de forma preventiva o con sistemas inmunitarios muy d�biles, que result� fatal para muchos enfermos.Durante su gesti�n del covid lidi� con temple con un Donald Trump desatado -recordemos que el presidente sugiri� tratar el coronavirus con inyecciones de lej�a- dotando a la Administraci�n de rigor cient�fico y sentido com�n. Como sucedi� con el sida, cometi� tambi�n errores que tuvieron un alto coste econ�mico y sanitario. Adem�s, por lo que se ha filtrado de sus diarios y conversaciones a ra�z de esta cacer�a, Fauci se presenta como un tipo engre�do y fascinado por la fama.Sus memorias, On Call, que podr�an traducirse como �de guardia�, son muy interesantes. Merecen ser editadas en espa�ol. Muestran a un m�dico muy competente y a un animal pol�tico. Su car�cter se forj� en la calle y en un colegio jesuita de un Brooklyn duro, donde se cri� en una familia de inmigrantes italianos. Le gustaba jugar en las ligas mayores, como demostr� en su adolescencia, cuando, con su justito metro setenta, fue capaz de capitanear el equipo de baloncesto de su escuela.Condenarle a la hoguera no es eliminar un s�mbolo, ni siquiera una venganza; es algo mucho m�s importante. Ser� un mensaje fatal para el futuro que har� que ning�n funcionario de alto nivel d� un paso al frente para ser la cara de la lucha contra la pr�xima crisis. No habr� un juez, un m�dico ni un interventor que cumpla su papel de gu�a en las tribulaciones. S�lo tendremos pol�ticos que no tengan la formaci�n ni la frialdad para tomar decisiones sin pensar en un coste electoral. Necesitamos faucis, como necesitamos fernandosimones. Con sus errores y sus aciertos. Pese a quien le pese.









