El peronismo volvió a sentarse en una misma mesa después de meses de guerra fría, Karina Milei llamó a Mauricio Macri tras casi un año de silencio y Diego Santilli viajó a Posadas a escuchar a los diez gobernadores del Norte Grande. Todo en cuatro días. Ninguno de esos movimientos es, por sí solo, una alianza. Los tres juntos son otra cosa: la etapa de la soberbia terminó y empezó la de la aritmética.

El detonante fue el Senado. La caída de los capítulos de extranjerización de tierras y manejo del fuego dentro del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada no fue una derrota más. Fue el momento en que el Gobierno descubrió que sus aliados podían decirle que no y cambiar de eje. Javier Milei sigue repitiendo que compite "contra sí mismo", una consigna que funcionó los últimos dos años, pero que hoy suena a diagnóstico recortado. Porque cuando se compite solo, también se puede perder solo.

El despertar del otro lado

La cumbre del peronismo en el hotel Emperador duró casi cinco horas y dejó una conclusión que hasta hace un mes parecía improbable: Axel Kicillof y Máximo Kirchner en el mismo salón. No se veían cara a cara desde octubre de 2025, cuando las elecciones nacionales terminaron de dinamitar una unidad que ya venía atada con alambre desde el cierre de listas. A esa mesa se sumaron Sergio Massa, los gobernadores Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán y Gustavo Melella, el senador Gerardo Zamora y los jefes de bloque Germán Martínez y José Mayans.