Ya se ha dicho: el objetivo del Gobierno es reelegir a Javier Milei en primera vuelta. La empresa no es imposible pero sí muy difícil de alcanzar si se miran los números reales de las encuestas que no se hacen públicas. Son las que valen y determinan la estrategia electoral.El Presidente aparece ajustado en esos números preliminares. Ese premio mayor de ser reelecto en una sola votación depende de los aciertos económicos generales, cuya difusión es profusa cuando es positiva, y de la realidad cotidiana de la gente. Esa distancia entre la temperatura económica y la sensación térmica es la que modela el humor social y el malestar que detectan los sondeos.Si las elecciones fueran hoy, según esas encuestas, Milei no alcanzaría el objetivo. Cierto es que de aquí a las elecciones hay un largo camino, que la mayoría de la gente recién está saliendo del “modo” Mundial y del modelo Scaloni, y que hay muchas cosas sin definir que pueden ayudar a acercarse al objetivo de evitar el temido balotaje.El diferencial -macro y microeconomía- sigue siendo contrario a la euforia que se quiere inyectar. Otra vez se recurrió a los “brotes verdes” con los que Mauricio Macri quiso entusiasmar a la sociedad, pero esa ilusión se disolvió en un instante. Ahora se repite con la fórmula horas antes del arribo de la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, que recorrerá el espinel del oficialismo, se reunirá con Milei y hasta participará en una suerte de reunión de Gabinete ampliado.Sorprendió el lapsus linguae del vocero presidencial respecto del futuro valor del dólar. Dicen que Adrián Ravier habló de un precio de 1.800 pesos por dólar porque ese es, según fuentes informadas, el nivel que para el FMI debería estar la moneda norteamericana. Para otros críticos vitriólicos, el nuevo vocero viene pifiando tanto que no puede tomarse su palabra como pronóstico confiable. Si fue puesto allí, después del escándalo Adorni, para hablar exclusivamente de economía, hay que convenir que no ha demostrado demasiado expertise como portavoz. Se ligó un reto importante y una amonestación.Georgieva llegará luego de la aventurada excusión de Milei a Brasil para apoyar la candidatura del derechista Flavio Bolsonaro. Llamó la atención la magnitud y el volumen de los agravios de Milei a Lula, actual presidente, afectando más aún la relación con un cliente comercial clave para los productos argentinos. ¿Ayuda eso más a Lula que a Bolsonaro? Está en duda: el candidato opositor en Brasil precisa incorporar sectores blandos a su caudal electoral para ganar la elección. Más grave aún: no se sabe qué gana la Argentina con esta pelea.En todo caso se nota que la diplomacia argentina no fue escuchada, si es que el canciller Quirno tuvo el coraje de aconsejar sobre la inconveniencia de intervenir abiertamente en un proceso político de un país vecino. Si existió, habría sido lo razonable. Quizá la furia de Milei esté directamente vinculada con la prohibición de visitar en la cárcel a Jair Bolsonaro, padre del actual candidato, en contraste con la autorización que tuvo Alberto Fernández para visitar a Lula cuando estaba preso. Y que Lula no tuvo inconvenientes de visitar a Cristina en su prisión domiciliaria cuando vino al país. Otro episodio que Itamaraty, la influyente Cancillería brasileña, podría también haber tratado de evitar.Milei para ser reelecto en primera vuelta necesita 40 puntos con una diferencia de 10 sobre el segundo, o superar el 45 por ciento, porcentajes que impuso Carlos Menem en 1994 en su negociación con Raúl Alfonsín. Para llegar necesita alianzas y que la oposición siga en ese carrusel interminable de su interna.Necesita, entonces, del PRO pero quiere arrebatarle la Ciudad. Una paradoja difícil de entender.Descartada Patricia Bullrich, según trascendió en su entorno, crece la fórmula de Santilli-Ramírez, de la escudería Karina, para la pelea porteña, mientras Sebastián Pareja sería el candidato a la gobernación bonaerense.El jefe de Gabinete teje y desteje, como Penélope esperando el regreso de Ulises a Itaca, pero la última palabra la tiene Karina Milei, el verdadero decisorio político del Gobierno, que puede aprobar o no las negociaciones con gobernadores, por ejemplo.Estos siempre necesitados están también alertados que los acuerdos que se consigan pueden caerse al otro día. Método que añade una incertidumbre adicional a la todavía frágil situación. Para la reforma política que impulsan los libertarios es fundamental, aseguran, que los negociadores no sean meros delegados y que los acuerdos no estén sometidos al veredicto final de Karina y los primos Menem. Pero así es el sistema del actual esquema de poder.Si Bullrich no va a la Ciudad ¿cuál será su destino? ¿vicepresidenta? No hay respuestas salvo la creencia que Karina, escaldada por la experiencia Villarroel, debería considerar esa alternativa, aunque no sea de su agrado. Como también ponderar cuánto afectará el proyecto de reelección la posible fragmentación de la derecha.En la otra vereda, Axel Kicillof es elogiado por enfrentar al kirchnerismo y a Cristina, pero hay otros sectores peronistas que consideran que su candidatura demasiado prematura ha comenzado a desinflarse. La construcción de un camino distinto requiere un liderazgo avezado y sobre todo decidido a recorrer un peronismo que no puede salir de su endogamia.La eliminación de las primarias obligatorias, que impulsa Milei, indirectamente favorece a Cristina porque no está obligada a dirimir allí el desafío del gobernador bonaerense. En cambio, si no son obligatorias, que es lo más probable, el kirchnerismo conserva poder de fuego y puede resistir ese reto. Con un adicional no menor: Kicillof no ha conseguido aún hacer pie en el Interior ni ha podido todavía mostrar que está dispuesto a correrse más al centro para dar cabida a otras fracciones políticas. Quizá la polarización también lo haya encandilado.
Ajustado, Milei teme un balotaje; Santilli a la Ciudad y Bullrich, en un limbo
Kicillof recibió elogios en el peronismo, pero también hay dudas sobre su liderazgo.








