A 3.000 metros de altura, a bordo de un globo aerostático, la visión del eclipse total de sol que millones de españoles vivieron con los pies en el suelo fue tan sublime como prometía. Eran exactamente las 20:28, cuando vimos la sombra de la Luna recorrer el cielo y echarse sobre nosotros.
En apenas un instante, la Luna se tragó el Sol y quedamos suspendidos bajo el tenue resplandor de la corona solar y las estrellas. Flotando sobre el vacío, durante el minuto y 43 segundos que duró la noche anticipada en el cielo de Palencia, nos invadió una sensación de vértigo y pequeñez; por un momento parecía que podíamos tocar la oscuridad con las manos.
“Paramos a 9.000 pies, dan ganas de llorar”, informó el piloto a través del walkie-talkie en el momento de totalidad. En la barquilla hubo gritos y algunas lágrimas de emoción, mientras la luz del quemador iluminaba las caras de entusiasmo y nos hacía visibles en el cielo oscuro. Bajo nuestros pies, las pequeñas poblaciones de la meseta palentina brillaban por el encendido del alumbrado público y en todo el horizonte se formaba un ocaso imposible, de 360 grados.
La expedición a las alturas, organizada por elDiario.es, partía a las 19:50 de los alrededores de la localidad palentina de Cisneros en dos globos aerostáticos, el Muga y el Flor de Muga, pilotados por Óscar Ayala y Valentín Carbajo de la compañía Globos Arcoiris, afincada en La Rioja. Acompañados por Fernando Ortuño, experto en exploración aeronáutica, y José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored, ascendimos sobre territorio palentino empujados por viento del sudoeste, hasta el momento de totalidad.












