En las primeras horas de la madrugada del miércoles, de pie frente a la emblemática estatua de bronce The Spirit of Detroit, Abdul El-Sayed buscó inspiración para su discurso en el gran boxeador Muhammad Ali. “Sacudimos al mundo”, dijo en el centro de Detroit. A sus 41 años, el exfuncionario de Salud acababa de asestar el golpe de gracia al establishment del Partido Demócrata venciendo en las primarias a la congresista Haley Stevens para convertirse en el candidato a senador del Partido Demócrata por el estado de Michigan, un estado relevante por ser territorio disputado entre ambos partidos.

El-Sayed había hecho campaña con un programa progresista que incluye sanidad universal, fin a la ayuda militar para Israel y reformar radicalmente la financiación de las campañas electorales. Su rival, la moderada Stevens, había recibido 60 millones de dólares de grupos externos, entre los que se incluyen 30 millones entregados por el Comité de Asuntos Públicos Israelí-Estadounidense [AIPAC, por sus siglas en inglés] y sus organizaciones afiliadas.

Es la última sacudida, tal vez también la mayor, del terremoto político que azota al Partido Demócrata de EE.UU. Una insurgencia de izquierda que pasó de las ciudades costeras de tradición demócrata para traspasar el muro en este decisivo estado en disputa del Medio Oeste. Una insurgencia que está forzando un replanteamiento del liderazgo y la orientación ideológica del partido de cara a las legislativas de mitad de mandato de 2026; y a las presidenciales de 2028.