Hay tres grandes lecturas en la victoria del progresista Abdul El-Sayed en las primarias de Michigan este miércoles. Primero, constata el cansancio de las bases democráticas con una cúpula del partido que sigue perdida después de la derrota electoral del 2024. Segundo, cuestiona el argumento de que no es posible ganar en estados bisagra con una agenda marcadamente de izquierdas. Y, tercero, erosiona el poder del lobby proisraelí AIPAC, que ha hecho una de las inversiones más caras de su historia para intentar derrotar a El-Sayed.PublicidadMusulmán, médico e hijo de migrantes egipcios, El-Sayed es el último progresista y outsider que ha logrado desbancar a los candidatos impulsados por el establishment del Partido Demócrata. Después de que los socialistas arrasaran en las primarias de Nueva York y desbancaran a una congresista veterana en Colorado, El-Sayed ha logrado romper otra barrera simbólica: la de ganar unas primarias en un swing state (estados de tendencia electoral incierta), en lugar de hacerlo en un estado marcadamente demócrata.Míchigan es un estado bisagra donde en 2024 Donald Trump derrotó a Kamala Harris por una diferencia de solo 80.000 votos. Con más de 10 millones de habitantes, es el décimo estado más poblado del país, lo que lo convierte en un campo de pruebas sobre cómo puede funcionar en el resto de los EEUU una agenda más orientada hacia la izquierda y marcadamente populista. Aunque el test final será el 3 de noviembre, cuando se enfrente al candidato republicano, Mike Rogers, por un escaño en el Senado que puede resultar crucial para que los demócratas recuperen la cámara alta.Una de las claves diferenciales de El-Sayed es que no forma parte de los Socialistas Democráticos de América (DSA), y de hecho no ha contado con su apoyo porque ha rechazado abiertamente la etiqueta de "socialista" En su lugar, el candidato de 41 años ha optado por una campaña mucho más populista en la que se ha dedicado a hablar de "la gente" y el "pueblo". Un movimiento que sigue la premisa impulsada por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, dos pesos pesados del ala progresista, para volver a construir grandes mayorías. De hecho, ambas figuras han sido el principal apoyo de El-Sayed en esta contienda.Aunque el candidato no ha querido definirse como un socialista, su agenda habla por sí sola: ha defendido la implementación de un sistema de sanidad pública bajo el lema "Medicare para todos", y se ha pronunciado abiertamente en contra del genocidio en Gaza. Buena parte de sus eslóganes se centraban en dirigirse a la gente de a pie con promesas relacionadas con el coste de vida y las condiciones materiales. "¡Quiero votar por alguien que saque el dinero de los políticos, lo ponga en los bolsillos [de la gente] y apruebe el Medicare para todos!", decía uno de sus vídeos promocionales en redes.PublicidadLa estrategia comunicativa de El-Sayed recuerda mucho a la que aplicó el actual alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani. A través de vídeos en redes, con guiños a las costumbres propias de Míchigan, el candidato ha ido ganando adeptos. El-Sayed vuelve a demostrar algo que ya hizo notar Mamdani, que en una sociedad cada vez más polarizada los ciudadanos están más dispuestos a apoyar discursos más alejados del centro y que apelan a los elementos básicos. La cuestión ya no es tanto convencer mediante la argumentación, sino saber despertar las emociones. Algo que Trump lleva una década haciendo."Lo que hemos demostrado es que, si estás dispuesto a construir un movimiento ladrillo a ladrillo, si estás dispuesto a recorrer todo tu estado y a tener conversaciones en salas grandes y pequeñas, empezando cuando la gente ni siquiera está pendiente de unas elecciones, sino del precio de la gasolina, de la comida, de la vivienda y de la asistencia sanitaria, entonces puedes construir una conversación que acabe convirtiéndose en un movimiento capaz de derrotar a Goliat", decía este miércoles en la celebración de los resultados electorales.La victoria de El-Sayed no solo envía señales de alerta a la cúpula demócrata, sino también a la AIPAC. El lobby se ha gastado más de 30 millones de dólares en la candidatura de Stevens, quien ha perdido a pesar de haber sido una de las campañas más costosas de toda la historia del grupo. Esto no significa automáticamente que la AIPAC tenga los días contados. Este mismo martes, en las primarias demócratas de Missouri, Cori Bush volvía a perder contra Wesley Bell, quien contaba con la financiación proisraelí.PublicidadAun así, el resultado de Míchigan sigue teniendo fuerza por la dimensión de la inversión hecha y porque se alinea con una creciente visión negativa de Israel y su primer ministro, Benjamín Netanyahu. Una encuesta publicada por Gallup en febrero ya señalaba que, por primera vez desde principios de los 2000, los estadounidenses sienten más simpatía por los palestinos que por los israelíes: un 41% frente a un 36%. Hasta el año pasado, la tendencia era a la inversa.Otro detalle a destacar es cómo Míchigan es el segundo estado en EEUU con más población de origen árabe. En 2024, el apoyo a Israel y las reticencias a hablar del genocidio en Gaza pasaron factura a Harris. Muchos ciudadanos árabes o propalestinos decidieron dar apoyo a un tercer partido como protesta. En este nuevo ciclo, El-Sayed es una de las muchas figuras de la órbita progresista que ha corregido esta posición, cargando abiertamente contra el AIPAC y denunciando la masacre en Palestina.
El triunfo de El-Sayed en Míchigan desafía la idea de que una campaña de izquierdas solo puede ganar en bastiones demócratas
El triunfo del progresista en Michigan, un estado bisagra, refuerza el giro populista y antiestablishment que está viviendo el partido.











