Monarqu�aLa reciente revisi�n de la norma sigue vedando a las princesas de derechos din�sticos, en contra de la opini�n de la mayor�a de los ciudadanos del pa�sEl pr�ncipe Akishino, junto a su esposa, Kiko, en la conferencia de prensa este jueves en Tokio.EFEActualizado Jueves,
agosto
11:46Como ocurre en cualquier Monarqu�a parlamentaria del globo, los miembros de la familia imperial de Jap�n no pueden expresar en p�blico opiniones de naturaleza pol�tica. De hecho, en el pa�s del sol naciente son tan r�gidos con esta cuesti�n que, en 2016, Akihito -entonces emperador y padre del actual soberano, Naruhito- tuvo que hacer malabarismos verbales en un hist�rico discurso a la naci�n en el que admiti� que, por "su declive f�sico" y problemas de salud -hab�a sido sometido a dos importantes intervenciones quir�rgicas-, se ve�a "dificultado para llevar a cabo sus altas responsabilidades". El anciano jefe de Estado necesitaba dar un paso atr�s, pero no pod�a decir abiertamente que su deseo era abdicar la corona.Por ello resulta tan sorprendente la claridad con la que el actual pr�ncipe heredero de Jap�n, Akishino, hermano de Naruhito, se ha referido a la reciente y muy pol�mica reforma de la Ley de la Casa Imperial, sin cortarse un pelo en lo que a todas luces supone una cr�tica a la �lite pol�tica, en l�nea con el desconcierto y malestar de los ciudadanos japoneses, que, como reflejan las encuestas, en su mayor�a no entienden el empecinamiento en mantener la f�rrea ley s�lica que margina totalmente a las mujeres del orden sucesorio."Tengo sentimientos encontrados", ha dicho Akishino sobre la enmienda legal que insiste en que s�lo los hombres pueden convertirse en emperadores y transmitir derechos sucesorios. "Creo que no hay diferencia entre hombres y mujeres" a la hora de desempe�ar las funciones de la familia imperial para responder a las necesidades sociales, subray� el hermano del emperador durante una conferencia de prensa previa al viaje a Paraguay que va a emprender junto a su mujer, la princesa Kiko, a finales de este mes para conmemorar el 90� aniversario de la emigraci�n japonesa al pa�s sudamericano.Akishino fue muy sutil en sus comentarios, pero a�n as� bastante claro para sorpresa de propios y extra�os: "Tengo sentimientos encontrados al respecto, y ser�a bastante extra�o que no los tuviera", dijo al ser preguntado sobre la decisi�n del Gobierno, avalada por el Parlamento bicameral nip�n. Y a�adi� que "es una pregunta dif�cil, y la verdad es que no puedo hablar de ello". "La sociedad necesita seguir progresando, y creo que es importante que las personas con diferentes puntos de vista sigan pensando qu� es lo mejor", zanj� Akishino saliendo as� del paso.La escasez de varones en una familia imperial en la que las mujeres est�n excluidas del orden sucesorio se ha convertido en el mayor problema institucional en un pa�s tan ultramoderno en lo econ�mico y lo tecnol�gico como conservador en lo social y lo pol�tico. Y encontrar de una vez una soluci�n es lo que parecen haberse propuesto tanto la actual primera ministra, Sanae Takaichi, como su formaci�n, el Partido Liberal Democr�tico, aunque la reforma legal aprobada ha recibido muchas cr�ticas y bastante incomprensi�n social.Desde ahora, se permitir� que las princesas imperiales conserven su dignidad real despu�s de casarse con plebeyos -para evitar as� que la familia siga jibariz�ndose de forma alarmante, ya que hasta ahora cualquier princesa deja de serlo al contraer matrimonio-. Y se respalda que la familia reinante adopte a varones m�s de 15 a�os que desciendan por l�nea masculina de las 11 antiguas ramas imperiales que perdieron ese estatus con la Constituci�n de 1947, impuesta por Estados Unidos tras la derrota de Jap�n en la Segunda Guerra Mundial. Esos varones, hoy plebeyos, no tendr�an derechos al trono, pero s� se los transmitir�an a sus futuros hijos, igualmente varones, lo que abrir�a ya s� mucho las posibilidades de que dentro de algunas generaciones vuelva a haber un n�mero suficiente de principitos correteando por los bell�simos palacios de Tokio con posibilidades de reinar, como viene haciendo de forma ininterrumpida la dinast�a Yamato desde hace unos 2.600 a�os -los primeros emperadores, eso s�, se consideran de car�cter legendario-.Del presumible malestar en el seno de la dinast�a da cuenta no s�lo la cr�tica que hace ahora Akishino -padre de Hisahito, el joven en cuyos hombros recae la inmensa responsabilidad de traer al mundo herederos varones que aseguren la continuidad din�stica sin tener que recurrir a f�rmulas extra�as como la de adoptar a plebeyos descendientes de antiguos emperadores-. Ya con anterioridad Akishino ha expresado no pocas veces su preocupaci�n por el n�mero de miembros menguantes que sirven a la Corona. Y el propio Naruhito sorprendi� en la conferencia de prensa que protagoniz� antes de viajar con la emperatriz Masako a Europa -con motivo de las visitas de Estado a Pa�ses Bajos y B�lgica-, al reclamar que los esfuerzos para garantizar el futuro de la instituci�n "cuenten con la comprensi�n del pueblo". No parece que se le haya hecho mucho caso.







