"Esto es una transformación, un cambio cultural, qué sé yo quién va a gobernar en 2045", dijo el presidente de YPF, Horacio Marin, sobre el ruido electoral. Una lógica con la que se maneja la petrolera mayoritaria estatal, para disipar fantasmas, pero que responde también al común del sector energético que invierte en Vaca Muerta. Un largo plazo que puede verse por la herramienta del RIGI, no así, por las condiciones macroeconómicas que envalentonan al Gobierno porque hay matices: el desarrollo alrededor de las nuevas generadoras de dólares depende mucho del pulso de una actividad económica rezagada en muchos sectores.

El cuello de botella estructural

Ese fue el clima que se repitió durante la primera jornada del Foro de Inversiones de Vaca Muerta Energía y Real Estate y que reunió a representantes del sector petrolero e inmobiliario bajo un diagnóstico: la construcción de infraestructura edilicia para la cuenca neuquina va mucho más lento que el avance de los hidrocarburos y sus proyecciones de exportación que prometen ser una fuente de divisas continua.

El evento está justo en la antesala de hitos que cambiarán la matriz del polo patagónico: en el último trimestre del año estará operativo el oleoducto Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), el primero de las mega obras de midstream que vienen a solucionar el cuello de botella de la formación y que están amparadas bajo el paquete de beneficios fiscales que otorgó la gestión libertaria a través del régimen.