Hablar de transición energética en México sin fortalecer la planeación eléctrica es como construir autopistas sin saber hacia dónde va el tráfico. El país ha impulsado de manera decidida el desarrollo de energías renovables, y el siguiente paso consiste en asegurar que la expansión y modernización del sistema eléctrico acompañen ese crecimiento. Una planeación de largo plazo permitirá que la electrificación productiva se consolide como un verdadero motor de competitividad, inversión y desarrollo.

La transición debe entenderse como una estrategia de desarrollo nacional. JUAN CARLOS BAUTISTA

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La demanda mundial de electricidad continúa acelerándose. La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé un aumento promedio de 3.4 por ciento anual entre 2024 y 2026, impulsado por la electrificación de la industria, la movilidad, los centros de datos y la incorporación de nuevas fuentes renovables. El mundo ha entrado en una nueva etapa, la denominada “era de la electricidad”, en la que el principal desafío consiste en construir redes capaces de transportar, administrar y operar energía limpia con los niveles de confiabilidad, accesibilidad, flexibilidad y resiliencia que exige una economía cada vez más electrificada.