Manuel Meza subió al podio del MadFest 25, en el Instituto del Cine de Madrid, con el corazón acelerado. No era solo la emoción de recoger el premio al mejor actor principal que acababan de concederle por su interpretación en El íncubo (2024), un cortometraje de terror. El verdadero miedo de este actor paraguayo de 35 años estaba fuera del teatro. Mientras sostenía la estatuilla y gritaba entre aplausos “¡Aguante Latinoamérica!” apenas podía disfrutar del momento. “Solo pensaba que la policía podía estar esperándome en la puerta”, recuerda. Acababa de ser galardonado por la industria cinematográfica, pero seguía siendo un actor sin papeles. Hasta ahora. Llegó a España en 2023 con un visado de estudiante para cursar un máster de interpretación. En Paraguay había construido una trayectoria que combinaba la psicología social con el teatro, la publicidad y el cine. Participó en obras como Gracias Gauchito (2018), una coproducción argentino-paraguaya, pero aspiraba a desarrollar su carrera en España, una industria que consideraba “de primer nivel”. Sin embargo, cuando expiró su autorización de residencia, aquel proyecto se transformó en una larga espera marcada por la angustia y la incertidumbre de ser un sin papeles. Durante casi un año permaneció atrapado en el limbo administrativo. Su talento le abría puertas. La ley de Extranjería le impedía trabajar legalmente. Para sobrevivir recurrió a una estrategia que hoy define como “desesperada”: utilizar el número de la Seguridad Social obtenido durante su etapa regular y confiar en que las productoras no le exigieran un NIE en vigor. Recuerda el alivio que sentía cuando no pasaba las sucesivas fases de selección porque le avergonzaba tener que contar su situación a los productores y directores: “Hacía castings casi esperando que no me eligieran. Si conseguía el papel, tenía que explicar que mi permiso había caducado y no podían darme de alta”. Cuenta que en una ocasión llegó a un rodaje en Ávila y, al borde del llanto, confesó su situación al director y al productor. “Nosotros vemos cómo solucionarlo. Nos interesa que estés en el proyecto”, le respondieron. La producción optó por mantenerlo en el reparto y abonarle su trabajo en efectivo. Tiempo después, en un proyecto de microteatro en Móstoles (Madrid), los responsables le mencionaron que “no pasaba nada” por su situación irregular porque la remuneración dependía de la recaudación de la taquilla, repartida entre el equipo en función de las entradas vendidas.Manuel Meza tenía, desde abril de 2023, un mes después de llegar como estudiante a España, un contrato indefinido como animador en una discoteca en el centro de Madrid. Mantuvo este trabajo incluso después de que su situación administrativa se volviera irregular porque el sistema nunca activó una alerta y continuaba dado de alta en la Seguridad Social. “Seguía cotizando y la empresa me pagaba; yo me hacía el tonto”. Esta situación irregular le cortó el acceso a producciones de mayor presupuesto y lo empujó hacia el microteatro, los videoclips y los institutos de cinematografía. Allí era contratado por horas “para que los estudiantes de dirección tuvieran un actor con quien trabajar”. La experiencia de Meza encaja en el patrón de los artistas españoles. El último informe de Empleo Cultural, elaborado por el Ministerio de Cultura y el INE, desvela que el sector da trabajo a 930.500 personas, el 4,2% del empleo total. Sin embargo, por las propias características de la industria, apenas el 57,4% de los asalariados disfruta de un contrato indefinido, 15 puntos menos que la media del mercado laboral (72,4%).Saber cuántos trabajadores del ámbito cultural son de origen migrante es complejo, una laguna que se hace visible también en el Informe del Mercado de Trabajo de las Personas Extranjeras del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). En sus más de 70 páginas, la categoría de “Actividades artísticas y recreativas” solo aparece reflejada en términos de evolución: en 2025 aumentó un 6,65% la afiliación extranjera, creció un 4,48% la contratación y descendió un 2,51% el paro registrado. Pero el informe no aporta cifras absolutas. La gran oportunidad para Meza llegó con la regularización extraordinaria anunciada por el Gobierno de Pedro Sánchez el pasado abril. Presentó su solicitud el 28 de mayo de 2026 y dos semanas después recibió la notificación de que su expediente había sido admitido a trámite. Tenía en la mano el mejor papel de su vida. Tras meses de ansiedad, ataques de pánico y la sensación permanente de vivir en el alambre, ha recuperado la posibilidad de trabajar legalmente. Hoy cuenta ya con una agencia de representación artística y planea desarrollar su carrera entre España y América Latina. Manuel Meza interpretó durante un año personajes delante de la cámara o en escenarios mientras ocultaba su identidad fuera del plató. El íncubo que le valió un premio terminó siendo menos aterrador que el único papel que nunca quiso interpretar: el de un actor invisible y sin derechos.
El papel más esperado del actor Manuel Meza
El intérprete paraguayo ganó un premio el año pasado por su participación en ‘El íncubo’ mientras estaba en situación irregular








