Algunos condenados preferían quitarse la vida antes de enfrentarse a las ejecuciones públicas del Coliseo, donde el mediodía podía acabar en crucifixiones o ataques de animales salvajes. Las autoridades recurrieron asimismo a mecanismos concebidos para prolongar el suplicio, entre ellos grandes columpios que lanzaban a las víctimas hacia un oso. Aquellas muertes atraían menos espectadores que otros actos del programa, aunque el castigo público seguía integrado en la oferta de entretenimiento.

Vespasiano ordenó levantar el anfiteatro en Roma

Una década antes de que el recinto abriera sus puertas, el emperador Vespasiano ordenó construir el Coliseo en el año 70 d.C., después de una etapa en la que los romanos habían evitado levantar su propio anfiteatro para no imitar la afición griega por el teatro.

El aumento de la popularidad de los duelos de gladiadores terminó modificando esa postura. Una vez terminado, el edificio tampoco acogía juegos todos los días, ya que se reservaban para festivales y otras fiestas. El cumpleaños del emperador podía justificar igualmente la celebración de una de aquellas jornadas.

Con la inauguración del anfiteatro en el año 80 d.C., el emperador Tito, hijo de Vespasiano, puso en marcha 100 días de juegos y llevó al programa recreaciones de batallas navales ante el público que podían servir también en algunas ocasiones para ejecutar a condenados.