“Sonrojarse es la expresión más peculiar y más humana de todas”, escribió en una ocasión Charles Darwin, y no se equivocaba. Aunque ciertas especies de aves se tiñen de rosa como forma de comunicación, y los monos uakari tienen la cara roja cuando gozan de buena salud, parece que somos el único animal que se sonroja como señal de vergüenza.

“Es una señal muy sincera”, afirma la profesora Sophie Scott, directora del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres. “No se puede fingir, y no hay muchas cosas que hagan los seres humanos que entren en esa categoría. No puedes sonrojarte a voluntad”.

Por supuesto, puede que te resulte odioso cuando ocurre, pero es una señal útil, de una forma u otra. Entonces, ¿qué indica realmente? ¿Hay alguna forma de evitarlo?

¿Por qué ocurre? En primer lugar, hay que decir que el sonrojo está provocado por el sistema nervioso simpático —el mismo que se activa cuando estás estresado o asustado—, que desencadena la respuesta de “lucha o huida”. El cerebro libera adrenalina, lo que dilata los vasos sanguíneos de la cara (conocido como vasodilatación), aumentando el flujo sanguíneo hacia la piel y produciendo un cambio visible en el color.