Al paseo por las calles de Ceuta que Margarita Robles decidió darse este miércoles rodeada de vecinos y de cámaras de televisión no le faltó casi de nada. Primero fueron insultos. “Sois una vergüenza, tu Gobierno y tú”. Después llegaron las lágrimas. “Tengo mucho miedo porque soy viuda y vivo sola”. Y luego algo parecido a un baño de masas en torno a una ministra de Defensa que no desaprovechó la ocasión de volver a marcar perfil propio. “Tranquila, suéltalo todo. Es bueno desahogarse”, le dijo la máxima responsable política de las Fuerzas Armadas a Pepi, una vecina ceutí que denunciaba “el abandono” de su ciudad y que acaparó junto a la ministra la atención de los programas televisivos que daban la escena en directo.
Margarita Robles, que pidió a los responsables militares que se pusieran a disposición de Pepi y que la condujeran hasta la comandancia para que estuviera presente en su comparecencia, redujo considerablemente el tiempo previsto de su reunión con el presidente de la ciudad autónoma para alargar su momento de cercanía con los ceutíes. Y también redujo el de su intervención, en la que apenas aceptó preguntas de la prensa y que centró en volver a trasladar un mensaje nítidamente diferenciado de la línea de prudencia con Marruecos marcada por Moncloa.











