0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa serie Mourinho (Netflix) se rodó sin saber que, in extremis, podría incluir la noticia –perfecta como final– del regreso del portugués al banquillo del Real Madrid. Centrados en los clubs donde ganó títulos –Oporto, Chelsea, Inter y Madrid–, los tres capítulos apuestan por la relativa credibilidad de las versiones autorizadas. Empezando por el título, José Mourinho acapara el protagonismo de un relato que explica la singularidad del personaje e intenta compensar la antipatía que se ha ganado a pulso. Alejandro Martínez Vélez / ReutersEl relato incorpora grandes elogios de jugadores a los que ha entrenado, pero también voces críticas, como las de Peter Kenyon, Iker Casillas o el periodista Diego Torres. Todos certifican la voluntad de Mourinho de actuar siempre como revulsivo peleón. El mismo Mourinho lo admite, explotando su peculiar poder de seducción y jugando con verdades unidireccionales, un ego tentacular, una gestión siciliana de la lealtad y su incapacidad para reconocer errores.La serie se centra sobre todo en la faceta profesional del entrenadorQue la serie esté muy bien hecha minimiza la sensación de estar viendo una operación de blanqueo de imagen. Son casi tres horas de revisión biográfica, centradas en la dimensión profesional del portugués y, de vez en cuando, referencias personales (la emoción al recordar a su padre, el orgullo del origen y la condición de portugués) que son la guarnición de un plato cocinado para gustar. De entrada, para gustarle a él, pero, gracias al interés de los testimonios y los documentos de archivo, de gustar a más gente (a los culés, no, aviso). Lo más interesante es cuando Mourinho reivindica la identidad del fútbol –“Es de los jugadores, los entrenadores y los aficionados”– y critica la injerencia de propietarios, agentes y manipuladores, que prostituyen su espíritu. El problema es que estos factores son los que le han facilitado grandes contratos y han propiciado episodios como el que cuentan el mismo Mourinho y sir Alex Ferguson. Es una oportunidad para entender sus estrategias: la motivación del equipo, el control (y desprecio) del circo mediático, la falta de escrúpulos y una dependencia existencial del fútbol. Ahora que ha vuelto, sabremos si estas estrategias son las mismas de cuando tenía la energía para ganar y escandalizar con su carisma tóxico o si pertenecen a una etapa decadente.