El Mundial de Fútbol ha puesto de relieve el apetito de los inversores por un deporte que supone ingresos millonarios que irán a más en los próximos años. Así se ha visto en el intento –fallido– por parte del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de vender parte de los derechos de esta competición a una firma de capital privado. También, porque cada vez hay más fondos y más magnates que quieren su trozo del pastel. El último, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, que forma parte del consorcio que puja por hacerse con el control del Liverpool, uno de los equipos con más peso en la Premier League.

En España, uno de los últimos movimientos lo ha protagonizado el Atlético de Madrid, con la entrada en su accionariado del gigante estadounidense de la inversión Apollo, que acaba de liderar esta semana una ampliación de capital valorada en más de 100 millones de euros, tras aportar unos 1.300 para convertirse en su accionista de referencia. Y está por ver qué pasa con el Real Madrid, actualmente propiedad de sus socios, porque su presidente, Florentino Pérez, ganó las elecciones en junio con la premisa de plantear la entrada en el club de algún inversor privado, sin concretar muchos más detalles.