Golpe a golpe. Así entró el grupo de 20 rescatistas de distintos países latinoamericanos, conocidos como Los Topos Azteca, al edificio Ana Pilar, al sur de Cali. Un dron sobrevuela lo que queda de la estructura en el barrio Cuarto de Legua, junto a la Plaza de Toros de la tercera ciudad de Colombia. A menos de un kilómetro del lugar en el que el viernes anterior tomó posesión el presidente Abelardo de la Espriella, siete pisos están reducidos a una montaña de escombros de concreto, varillas, tubos y enseres de quienes lo habitaban. Solo han quedado las escalinatas.Cuando el dron ha terminado con su vuelo, solo van a entrar los topos. Nadie más.Llegaron de madrugada, a la una de la mañana. Vienen de La Guaira, Venezuela, donde un doblete sísmico arrasó con varias edificaciones hace menos de dos meses. Voluntarios, sin tener el aval de un Estado ni configurar ayuda internacional, son la primera brigada internacional en arribar a Colombia. Comparten nombre con otros grupos, como los Topos Tlatelolco, que han señalado que se concentrarán en recoger insumos. “En respeto a la coordinación oficial de Colombia, no realizaremos un despliegue operativo” decían este miércoles, mientras los Topos Azteca trabajaban en Cali.Allí, en Cuarto de Legua, la estrategia se diseña en medio de la oscuridad: triangulan información de la tecnología sonora, los sensores infrarrojos y un radar que distingue un cuerpo con vida de otro sin ella, destaca Pablo Baruch Juárez, paramédico de 31 años y topo desde hace 11. “En este momento las posibilidades de supervivencia [de quienes estén dentro de las ruinas] son del 20%”, dice a todo pulmón, usando un megáfono.Baruch dice a EL PAÍS que, antes de que llegara su equipo, el edificio había sido intervenido “sin método”. Vecinos y voluntarios subieron a buscar, sin evaluar el riesgo, y con su propio peso terminaron de rajar una placa que estaba fracturada, destaca. Solo en la noche del martes la Cancillería del nuevo Gobierno aceptó la llegada de un equipo internacional, de Estados Unidos, tras insistir en que las capacidades locales bastaban para los rescates.En Cali nadie esperó ese permiso. El diputado del Valle del Cauca, Esteban Oliveros, ya había movido los hilos para traer a este grupo de rescatistas, expertos en desastres de gran calado. “La gente ha sido más rápida que el Estado, entonces el Estado debe lograr canalizar esa energía y no verla como una competencia”, dice el político en medio del polvo y el ruido de sierras y maquinaria pesada alrededor. El alcalde de la ciudad, Alejandro Eder, ha insistido en que, aunque agradece la ayuda, es mejor mantenerse al margen para que los expertos puedan hacer sus labores. Desde el lunes ha pedido el envío de equipos de rescate a la ciudad.Héctor Méndez, mexicano y presidente de Los Topos Azteca, dice con soltura que este terremoto tiene las características de los sismos más complejos que ha atendido en 40 años de labor. “A veces las dificultades más grandes no son técnicas, sino que hay gente que no deja entrar a la zona y que, por ayudar, puede hacer más difícil el acceso”, explica. Tiene sobre sus hombros un maletín con la bandera de Venezuela, el país al que asistió por un mes y medio.Otra de las rescatistas es Juanita Dueñas, de 49 años y oriunda de Piedras Negras, México. Dice que trae en el cuerpo el cansancio del trabajo en Venezuela. Han pasado menos de 10 horas desde su arribo, pero sus palabras son contundentes: “Vimos muy pocos rescatistas expertos. La mayoría son voluntarios”, comenta. “Tenemos información de que hay estructuras donde no ha ido absolutamente nadie”, remata, y dice que espera ir en las próximas horas.La información sobre quiénes están dentro es débil. Baruch dice que solo han encontrado un cuerpo, sin señales de vida. Otro voluntario comenta a este diario que tiene a tres familiares atrapados dentro. La Defensoría del Pueblo, que hace presencia, no da una cifra de cuántos pueden estar entre los escombros.Al trabajo técnico de los brigadistas expertos se ha sumado también el de la Guardia Indígena. Varios resguardos del norte del Cauca, como Caloto, Toribío y Buenos Aires, se han sumado a las labores de búsqueda esta madrugada. Telma Escué, del resguardo Huellas de Caloto, cuenta que han llegado para ayudar a remover escombros. “Nos dividimos por municipios y vinimos con la fuerza y sabiduría ancestral a respaldar las labores de rescate”. En la capital del Valle del Cauca, las autoridades han contabilizado 74 personas fallecidas y más de 1.000 heridas. El suroeste de la ciudad, la zona más colapsada, tiene 107 edificios en ruinas y escombros, y al menos 643 edificaciones con grandes daños estructurales. Los brigadistas y el cuerpo de bomberos concentran su labor de búsqueda y rescate en ocho puntos. El de Cuarto de Legua, es uno de los principales.Ha pasado la 1 de la tarde, restan 18 horas para que se termine el cronómetro crucial de las 72 horas. El vuelo del dron sobre Ana Pilar ha terminado y lo que hace minutos era un ruido estridente, ahora es silencio. Se espera que un golpe, por más débil que sea, se escuche. Solo eso daría la esperanza de encontrar a alguien con vida.
El primer cuerpo de rescatistas internacionales llega a Cali: “Las posibilidades de supervivencia son del 20%”
El grupo de Topos Azteca aterriza en la madrugada del miércoles para reforzar la búsqueda de personas en ocho zonas de la ciudad










