M+.- Nos inventamos historias para comprender mejor al mundo: el Cinturón (o Anillo) de Fuego es una de ellas, se caracteriza por concentrar algunas de las zonas de subducción más importantes del mundo en donde se concentra una intensa actividad sísmica y volcánica. Algunas ilustraciones lo enmarcan como una especie de herradura que bordea las costas del océano Pacífico. Lo que rara vez se menciona es que geológicamente no existe, pues como precisa el ingeniero geólogo del Instituto Politécnico Nacional y miembro de Equipo Humanitario de OpenStreetMap, Alejandro Salazar Méndez, el planeta no posee una única estructura geológica continua: lo que hay son distintas fracturas, fallas y sistemas volcánicos que se entretejen, hunden y colapsan desde hace más de 200 millones de años.“Todas estas estructuras geológicas no están interconectadas, tenemos que entender que cada sección es única y especial”, comparte el especialista durante una charla con MILENIO. Si no existe el Cinturón de Fuego, ¿hay algo que conecte a los grandes sismos?El concepto que engloba a una cuenca en forma de herradura de 40, 000 kilómetros, evolucionó a partir de las observaciones de cadenas volcánicas globales realizadas a principios del siglo XIX hasta convertirse en una idea reproducida por medios y expertos que buscaban una analogía para comprender la complejidad de la Tierra."El anillo de fuego, es un término más coloquial, más periodístico. Como tal en la geología no existe. Esta estructura geológica que se marca en los mapas no existe tal cual", comparte el experto. Los sistemas tectónicos y volcánicos no están interconectados entre sí a gran escala, pero la idea sobre el Cinturón de Fuego parece hermanar temblores y volcanes de diferentes países cuyo territorio conecta con las aguas del océano Pacífico. Esto incluye a Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá; pero también a las Islas Aleutianas, entre Alaska y la península de Kamchatka. Se prolonga hasta las costas e islas de Rusia, Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda.Sin embargo, aunque esto parezca unir al monte Fuji en Japón y el Popocatépetl en México, debido a dinámicas similares dentro del margen del pacífico, sus cámaras magmáticas, química, evolución e historia son completamente distintas. Ni siquiera el volcán Iztaccíhuatl, que se encuentra a unos 18 kilómetros, está conectado a Don Goyo. Algo similar ocurre con los terremotos. El ingeniero considera que la gente suele olvidar lo inmenso que es el planeta y lo resistente y diversa que es la roca, por lo que, a más de 300 kilómetros de distancia, la influencia directa de un evento sísmico prácticamente desaparece. “Lo que pasa en Japón se queda en esa zona. Si estoy en México, Colombia o Chile ya no tiene nada que ver”, aclara. En general, para que se desarrolle un terremoto de gran magnitud se necesita de una acumulación de décadas o siglos de energía. “Un sismo de magnitud 7 puede requerir entre 30 y 40 años de acumulación en una zona muy activa, o entre 100 y 200 años en zonas menos activas”, detalla.
El mito del Cinturón de Fuego: Un geólogo explica por qué no existe
¿Están conectados los sismos de Japón, México y Colombia? Alejandro Salazar desmiente el mito del Cinturón de Fuego y explica cómo funcionan realmente l














