Cada vez más alojamientos, como el Wittmore o el Palau Fugit, exhiben la obra de artistas emergentes para atraer a viajeros con perfil cultural. Esta tendencia de crear museos fuera del museo ha llegado también a las tiendas de marcas como Nude Project o Etnia Barcelona
En un cul-de-sac del barrio Gótico de Barcelona se intuye una tarde de jarana. Lo delata tanto una ristra de bombillas de feria como las cintas azules que cuelgan de varias fachadas y que van a morir a la cintura de un chico vestido con un llamativo traje de la misma tela y unos tacones afilados. Él y su amable sonrisa invitan a traspasar la puerta del Wittmore, un hotel boutique que nació como un oasis de paz en el corazón de la ciudad y también como un escaparate para artistas emergentes. Es una tarde de primavera y se está celebrando la inauguración de MNEMÓSINE, una instalación site-specific de la artista Berta Blanca T. Ivanow (Barcelona, 34 años) que ocupa un patio central dominado por un impresionante jardín vertical. Antes de llegar hasta allí, se invita a los asistentes a participar de una performance sensorial que implica los cinco sentidos. No es una inauguración al uso, es un espectáculo en sí misma.
La gestora cultural búlgara Dessislava Pirinchieva (41 años) es la impulsora de Projecte 360º, una iniciativa pensada para el Wittmore como si fuera un vestido de alta costura. “Hace un par de años, estuve en un evento en este mismo hotel y tuve una epifanía”, confiesa Pirinchieva, que desde la plataforma Splash se dedica a “detectar ideas culturales y desarrollarlas a través de diferentes agentes”. La propuesta de Projecte 360º llegó hasta la mesa de Andrea Figueras (Santiago de Chile, 44 años), tercera generación al frente del grupo Anima Hotels, y le encajó como un guante: no solo cuadraba con la filosofía del Wittmore, también le seducía la idea de “reclamar aquel patio maravilloso como un espacio de arte”.







