El recién ascendido equipo coruñés recibe al Real Madrid en un Teresa Herrera al que llega con luces y sombras
Hace doce años el Deportivo tenía encima una montaña de 160 millones de euros de deuda, hoy está a cero y apenas Real Madrid, Barcelona y Atlético han gastado más este verano en fichajes; hace poco más de dos años jugaba y sufría en la tercera categoría del fútbol español contra Tarazona o Arenteiro, hoy se apresta a reiniciar su camino en Primera División, altura a la que no estaba desde la primavera de 2018. Hace ocho años que el Deportivo no se mide con el Real Madrid; hoy se cruzan en el estadio de Riazor (La 1, 21.00 horas), feudo maldito para los blancos durante casi dos décadas, las que mediaron entre la primera gran epopeya en España de Bebeto y un inolvidable taconazo de Guti a Benzema. Vuelve el Dépor a alternar entre los grandes, como corresponde a un histórico que tiene 30.000 socios detrás, seguidores por todo el país y un palmarés que le señala como uno de los nueve campeones de Liga. Y regresa, con un partido grande que de alguna manera abre una nueva temporada, el Teresa Herrera, decano de los trofeos de verano en España que llega a su edición número 81.
Todo sucederá en un atardecer único, con un eclipse total de sol media hora antes de que comience el partido y un monumental espacio de contemplación en el paseo marítimo que está a las puertas del estadio. De hecho cuando la pelota empiece a rodar por el césped de Riazor todavía habrá sombras en la luz que se proyecte sobre el césped. En el Deportivo apuntan a las estrecheces del calendario para explicar la coincidencia de ambos eventos. El Madrid viene de jugar en Budapest contra el Ferencvaros el martes y tiene un amistoso en feudo del Schalke 04 el domingo. Al Deportivo tampoco le interesaba un partido el jueves porque inicia la Liga el próximo lunes en Riazor contra el Elche. Se jugará con el eclipse como un espectador más.












