Entrevista"Las etiquetas no describen, condicionan", alerta Sol Carmona, sobre los peligros de llamar "desastre" o "malo" a un ni�o. Tambi�n advierte sobre los efectos de convertir a las pantallas en ni�era o de llenarlos de elogios. Actualizado Mi�rcoles,

agosto

11:57Sol Carmona es madre, 'coach', divulgadora especializada en crianza respetuosa, escritora y creadora del proyecto Infancia Respetuosa.D.R.

Como todas las madres, Sol Carmona (Madrid, 22 de mayo de 1982) ha intentando dar lo mejor de s� para educar a sus hijos. Pero, tambi�n como todas las madres, ha perdido los nervios alguna vez. Tambi�n ha gritado y llorado. Y, sobre todo, se ha sentido culpable. A veces, mala madre. �Habr� otra forma de criar? �Por qu� educamos como educamos? De estas preguntas surgi� el proyecto Infancia Respetuosa, un espacio que promueve una crianza basada en el amor, el respeto, la conciencia y la conexi�n. "Es m�s sencillo educar ni�os fuertes y seguros de s� mismos que reparar adultos rotos", defiende tras encontrar su misi�n de vida.

Psiquiatras, psic�logos y expertos en crianza coinciden: la sobreprotecci�n de padres criados en el autoritarismo no est� haciendo fuertes a los ni�os. �Hemos pasado de un extremo a otro?Venimos de un modelo de crianza autoritario, del "t�, o�r, ver y callar". Hoy tenemos m�s informaci�n y sabemos que esa manera de relacionarnos no saca lo mejor de nosotros. Pero muchos se han ido al extremo contrario: la permisividad. Y eso tampoco favorece a los hijos, porque la vida no siempre les va a decir que s� ni les va a resultar sencilla. Si siempre concedo sus deseos, no los preparo para la vida. Para m� lo esencial de la educaci�n consciente es tomar conciencia de d�nde estoy yo como madre o padre, desde d�nde estoy educando. Ese es el punto de partida.�La educaci�n consciente es una moda o ha venido para quedarse?La crianza consciente no es una moda, no es sobreproteger, no es permisividad ni dejar que los ni�os hagan lo que quieran. Al final, quien educa es un adulto, as� que este modelo pone el foco en el adulto: en c�mo est�, desde d�nde educa. Invita a revisarse, favorece el v�nculo y es respetuosa con el otro. Esa es la clave: si yo transmito respeto, mis hijos aprender�n a devolver respeto. Si les ense�o a base de gritos, aprender�n que los problemas se solucionan chillando.�Hubo alg�n detonante como madre para querer formarte como coach, facilitadora de disciplina positiva, pedagog�as activas, PNL...?Mis hijos son mis maestros: llegaron a mi vida para que yo tomara conciencia de la m�a. Mi hijo mayor me puso todo patas arriba, y lo que en ese momento proyectaba en �l en realidad eran cosas m�as que ten�a que resolver. Por eso me dedico a esto: primero lo comprob� conmigo. Cuando fui consciente de mis heridas y de los patrones que repet�a, me dej� ayudar por profesionales y me puse a formarme. Yo no empec� a practicar este modelo desde que nacieron mis hijos, sino cuando ya eran m�s mayores. De hecho, al principio estaba posicionada en otro lugar.�Por qu� insistes tanto en que el cambio empieza en el adulto y no en el ni�o?Cuando vi el potencial que ten�a esto, no solo con los ni�os sino con nosotras mismas, porque es esencial no perder la figura del adulto, decid� cambiar de carrera y empec� a formarme, paso a paso, a�o tras a�o, hasta poder acompa�ar a otras familias en sus procesos de revisi�n interna y crecimiento personal, algo sumamente necesario. Porque nuestra mirada impacta en ellos: cuando somos conscientes de qu� es la infancia, qu� necesitan y por qu� hacen lo que hacen, ese cambio de mirada cambia su mundo. Al final no es m�s que reconectar con quienes fuimos: todos hemos pasado por ah�, solo que se nos ha olvidado.Como madres y padres hacemos todo pensando que es lo mejor con las herramientas e informaci�n que tenemos en cada momento, aunque despu�s algunas decisiones resulten equivocadas. �Qu� errores o patrones se repiten con m�s frecuencia en la crianza y pueden estar resultando perjudiciales?Yo no impongo, invito a reflexionar sobre qu� est� pasando a nuestro alrededor. Uno de los errores m�s frecuentes es educar sin conocer al ni�o: sin saber c�mo funciona su cerebro, hasta d�nde puede llegar y c�mo gestiona sus emociones. Muchas veces les pedimos comportamientos de adulto que, por edad, todav�a no pueden dar, sin proporcionarles antes las herramientas para lograrlo. Para m� es vital entender en qu� momento evolutivo est� mi hijo. La neurociencia y la neuroeducaci�n han avanzado much�simo, y hoy tenemos a nuestro alcance mucha informaci�n y buenos libros, aunque tambi�n hay que saber elegir, porque cuesta encontrar el foco. Pero si algo destaca en esta manera de educar, que para m� es m�s una filosof�a que un m�todo, es que resulta tremendamente coherente y humana.�Qu� dificultades presenta meternos tanta presi�n por hacerlo todo perfecto?Yo vengo de ah� tambi�n. Creo que no tenemos modelos muy amables de maternidad en los que fijarnos. Lo primero es salir de esa idea de la perfecci�n: la necesidad de hacerlo todo bien, de tenerlo todo controlado, es algo que habla de nosotras mismas, no de la maternidad, y que tenemos que revisar. Entender la maternidad como perfecci�n es imposible, inviable e insano. Nuestros hijos no necesitan madres perfectas, necesitan madres m�s conscientes: alguien dispuesto a equivocarse, porque nos vamos a equivocar, y no una vez, sino muchas, a preguntarse por qu� ha reaccionado de determinada manera, y a reparar, pedir perd�n y buscar soluciones.�Siempre podemos mejorar como padres y madres?Al final, la maternidad es un camino de crecimiento personal en el que vamos evolucionando junto a nuestros hijos, y eso no para nunca. Incluso nuestras propias madres siguen evolucionando, aunque ya no estemos con ellas: la madre que tuviste de peque�a no es la misma que tienes ahora, ni la que ver�s cuando est�s con tus propios hijos. Muchas veces la ves interactuar con sus nietos y piensas: "Esta no es mi madre". Es porque ellas tambi�n han crecido y aprendido de sus propios errores.Bajo tu experiencia, �padres y madres se sienten culpables por igual?Esto le pasa sobre todo a la mujer, porque estamos acostumbradas a querer ser maravillosas en todas las �reas: profesional, ama de casa, madre, compa�era, amiga... Y eso genera la frustraci�n de sentir que no llegamos a nada. Veo casi un patr�n en todas las madres que acompa�o: perfecci�n, exigencia y culpa. Cuando son madres, esto se activa mucho m�s, porque la maternidad supone un peso importante. Aparece esa sensaci�n de no ser buena en nada, de estar en todas partes y no estar en ning�n sitio: en el trabajo con la cabeza puesta en el hijo, con el hijo sintiendo que falta por hacer en el trabajo o en casa, con las amigas disfrutando pero pensando que deber�a estar en otro lugar.�Qu� le dir�as a esas madres?Para m�, el mensaje m�s importante si est�s pasando por ah� es hacerte amiga de la culpa y entenderla, porque tiene una funci�n: se�alarte que hay algo que resolver. No tiene la funci�n de hacerte rumiar todo el d�a. Es una se�al, no un estado permanente. Yo cuento en el libro que por las noches, en la cama, �ramos tres: mi marido, yo y mi culpa. Siempre estaba ah�, record�ndomelo todo, y yo hac�a ese pacto nocturno de "ma�ana ser� diferente". Pero si quieres resultados distintos y no sabes c�mo lograrlos, hay que pedir ayuda o buscar soluciones distintas, porque si seguimos en la misma rueda, obtendremos siempre los mismos resultados.�Y qu� pasa con quienes trabajan fuera de casa a jornada completa y sienten que, cuando llegan, todo el tiempo es para su hijo? �D�nde queda el espacio para ellas?Esto se acusa mucho m�s en la mujer: la conciliaci�n, la disyuntiva de renunciar o no, de d�nde nos posicionamos, sabiendo lo importantes que somos para nuestros hijos y el tiempo que pasamos con ellos. Invito a trabajar esto, porque si no, se vive constantemente como un duelo, sin terminar de posicionarse. Y tiene que haber un hueco para una misma, porque no podemos cuidar de otros si no somos capaces de sostenernos a nosotras mismas. El autocuidado es una necesidad, no una opci�n. No podemos esperar a que alguien lo haga por nosotras. Pero en la maternidad suele desplazarse, y cuando se practica, muchas veces se hace desde la culpa. Aun as�, como siempre digo: hazlo, aunque sea con culpa, porque es una necesidad biol�gica del ser humano.�Qu� etiquetas y frases de las que siempre hemos escuchado repetimos a nuestros hijos sin querer?Las etiquetas no describen, condicionan. Cuando la repetimos muchas veces, el ni�o acaba crey�ndosela y se identifica con ella. El problema es que su cerebro no tiene capacidad de cuestionar lo que le decimos. Cuando una figura de referencia, como un padre, una madre o un maestro le dice que es desobediente o un desastre, el ni�o no piensa en que se estar� equivocando, sino que no es lo suficientemente bueno. Los ni�os no ponen en duda el mensaje del adulto: siempre asumen que el problema son ellos. Y cuando empiezan a identificarse con eso, la mayor�a de las etiquetas que nos pusieron de peque�os las arrastramos de adultos.�Y si lo hacemos sin ser conscientes?Claro que nos vamos a equivocar y en alg�n momento se nos va a escapar una etiqueta, pero la clave est� en intentar formular las cosas de otra manera. No es lo mismo decirle a un ni�o "eres un desastre" que "tu habitaci�n est� desordenada". Lo primero engloba mucho m�s, y cuando el ni�o lo interioriza, acaba comport�ndose como tal, arrastr�ndolo hasta la vida adulta. Hay que tener cuidado con las etiquetas, porque son muy f�ciles de poner y muy dif�ciles de quitar. Y solemos quedarnos con la etiqueta sin ver a la persona, al ni�o que hay detr�s.�Cu�l es el mayor reto de la educaci�n: las pantallas o la falta de tiempo y conciliaci�n?Una cosa que absorbe a la otra. Uno de los principales retos de la educaci�n hoy es el tiempo y la prisa. Vivimos corriendo desde por la ma�ana: para desayunar, para vestirnos, para llegar al cole, al trabajo, a las extraescolares, a los deberes... Una prisa para la que un cerebro infantil no est� preparado y que es enemiga de la educaci�n consciente: no nos deja crear momentos de conexi�n, de mirar y escuchar a nuestros hijos, que es lo que necesitan. Y si le sumamos las pantallas, entendemos por qu� han cuajado tanto: la necesidad de hacer m�s lleva a usarlas mientras nosotros hacemos otras cosas. Pero la pantalla no es inofensiva. No podemos convertirla en una ni�era, en algo que "cuida" al ni�o, porque lo perjudica.�Por qu� es tan importante para el desarrollo del ni�o el juego libre y anal�gico, incluso el aburrimiento, frente al tiempo de pantalla?Durante mucho tiempo se pens� en el juego como algo opuesto a aprender, una simple manera de divertirse. Hoy sabemos que es un aut�ntico motor del desarrollo cerebral: favorece las conexiones neuronales y construye habilidades como la creatividad, la concentraci�n, la regulaci�n emocional y la capacidad de resolver conflictos. Los ni�os necesitan tiempo para ser ni�os, y muchos tienen agendas imposibles de sostener. Muchas veces esas agendas responden a problemas de conciliaci�n, pero lo cierto es que ya no juegan como antes. �Qu� consecuencias tiene?Un ni�o necesita tiempo para jugar, pensar, aburrirse, equivocarse, explorar y experimentar: es una necesidad suya y de su cerebro. Y la pantalla est� sustituyendo ese tiempo de juego, porque siempre resultar� m�s atractiva y estimulante que un puzzle, una caba�a o unas piedras, que exigen ir m�s despacio y con mucha m�s atenci�n y concentraci�n.Nuestro hijo es el m�s guapo, el m�s listo, el m�s todo. �Crees que tanto elogio es una manera incorrecta de construir la autoestima?Para m� el aliento fue todo un descubrimiento. Pensamos que estamos alentando a nuestros hijos, pero en realidad los estamos elogiando constantemente. Conocer la diferencia entre ambos lo cambia todo. Detr�s de un elogio hay una b�squeda de aprobaci�n: "qu� bonito", "qu� guapo", "qu� listo". Pone el foco en el resultado y crea dependencia del reconocimiento externo, algo que no contribuye a una buena autoestima.�Cu�l es la diferencia?El aliento, en cambio, no es un juicio ni una aprobaci�n: pone el foco en el esfuerzo y en el proceso, y fortalece la confianza interna. Si un ni�o nos trae un dibujo y le decimos "qu� bonito, qu� artista", solo conseguimos que dependa de nuestra opini�n. El aliento hace lo contrario: "Has usado un mont�n de colores, �qu� quer�as dibujar?, �a ti te gusta?". Es devolverle la pregunta para que sea �l quien valore su propio trabajo. Los ni�os necesitan m�s aliento que elogios: es como el agua que ayuda a una planta a florecer. Genera autoconfianza y esa sensaci�n de sentirse capaz construye una buena autoestima. Y esto nos pasa tambi�n a los adultos: seguimos buscando la aprobaci�n externa exactamente igual.�Qu� te preocupa y qu� te da esperanza de la educaci�n actual?Soy muy consciente de que el momento actual muchas veces invita a bajar la persiana, pero para m� hay esperanza. Cada vez hay m�s conciencia, m�s mentes abiertas a mirar hacia dentro, a revisarse y a aprender. Me preguntan a menudo si ya es tarde, porque los hijos ya son m�s mayores o porque una misma cree que ha perdido el momento. Y nunca es tarde: ni para buscar soluciones, ni para hacer las cosas de otra manera, ni para revisarnos y reparar lo que llevamos dentro, ni para tratar con respeto a nuestros hijos y aprender a relacionarnos de una forma que refuerce la familia. Uno de tus cuentos aborda la prevenci�n del abuso infantil, un tema del que como sociedad preferimos no hablar. �C�mo se construye una herramienta as� para que ayude a los ni�os a hablar, sin generar miedo ni alarma?Es un tema vital, del que hay que hablar, aunque sea peliagudo y prefiramos ni pensar. Por eso me parec�a tan importante contar con una herramienta que lo favoreciera. No es en absoluto un cuento invasivo, todo lo contrario, pero est� ayudando much�simo: pr�cticamente todas las semanas recibo mensajes de madres y padres cont�ndome lo que sus hijos les han confiado. Los ni�os sienten esa puerta abierta para hablar, y aunque a veces no cuenten algo propio, s� se atreven a contar lo de alg�n compa�ero.�Tienes alg�n mensaje de alguna familia que te haya llegado especialmente, o que te haya hecho pensar "por esto es por lo que he elegido esta profesi�n"?Tengo la suerte de haber construido una comunidad muy bonita. Cuando una madre se permite sanar heridas y revisarse, porque nadie nos ha ense�ado, y no lo hace sola, sino que pide ayuda, es precioso verla florecer, darse cuenta de que es posible, y de que es la madre que su hijo necesita. Qui�reme bonito: Claves para educar fortaleciendo la autoestima de tus hijosPor Sol CarmonaEst� editado por Oberon y se puede comprar aqu�. 248 p�ginas. 18,95 euros.Educaci�n