Referencia visual: el escenario de lodo y tareas de rescate tras una inundación relámpago en el desierto, una dinámica idéntica a la tragedia ocurrida en el Cañón del Antílope, en 1997El cañón estaba seco cuando los turistas entraron. Al inicio de aquel 12 de agosto de 1997, el cielo no les mostraba señales de lluvia que alertaran sobre la fuerza destructiva que se avecinaba. Sin embargo, la trampa mortal ya se estaba gestando: una tormenta eléctrica ocurrida a 24 kilómetros de distancia acumulaba un enorme caudal de agua que pronto se canalizaría con furia hacia el lugar. Cuando la crecida relámpago llegó a la estrecha garganta del Cañón Antelope arrasó con las doce personas que se encontraban en el fondo. El desastre parecía inevitable, pero la investigación posterior comenzaría a revelar que el factor climático no había sido la única advertencia aquel día. Once turistas murieron. El único que logró sobrevivir fue Francisco “Poncho” Quintana, de 28 años, el guía de TrekAmerica que acompañaba a seis de los visitantes. Los demás eran viajeros de Francia, Estados Unidos, Reino Unido y Suecia que habían llegado para recorrer las estrechas formaciones de roca.PUBLICIDADLo que ocurrió después abrió una investigación sobre las decisiones tomadas antes de la inundación relámpago. Las autoridades de la Nación Navajo —la comunidad indígena con mayor población y la reserva territorial más extensa de los Estados Unidos— y la empresa de turismo TrekAmerica dieron versiones diferentes sobre las advertencias que recibieron los turistas y sobre lo que ocurrió antes de que regresaran al cañón. Determinar qué información estaba disponible en esos minutos se convirtió en una de las principales cuestiones del caso.Pese a esa tragedia, el cañón no dejó de ser un destino turístico. Las autoridades advierten expresamente que las inundaciones repentinas pueden producirse en cualquier momentoLower Antelope Canyon (o Cañón del Antílope) forma parte de un sistema de estrechas gargantas de arenisca situado cerca de Page, en el norte de Arizona. El cañón comienza en territorio de la Nación Navajo y se extiende hasta Lake Powell. En 1997, el acceso se realizaba mediante escaleras y los visitantes recorrían a pie una formación que se había convertido en un destino conocido por sus paredes esculpidas por el agua.PUBLICIDADLa forma del cañón hacía que una crecida tuviera pocas posibilidades de dispersarse. Los registros utilizados posteriormente por las autoridades meteorológicas describieron sectores de unos seis metros de ancho y nueve metros de profundidad, pero también otros donde la garganta alcanzaba unos sesenta y un metros de profundidad y se estrechaba hasta apenas sesenta centímetros. En los puntos más angostos, el agua podía ocupar prácticamente todo el espacio disponible.El peligro tampoco dependía de que estuviera lloviendo sobre los visitantes. La tormenta que desencadenó la tragedia se encontraba lejos del cañón: las crónicas de la época cuentan que estaba a unos veinticuatro kilómetros al sureste de Page, sobre una meseta alta; mientras los registros hidrológicos describieron lluvias intensas entre cinco y ocho kilómetros aguas arriba del cañón. El agua de lluvia terminó concentrándose en el cauce que atravesaba Antelope Canyon.PUBLICIDADEsa diferencia entre el lugar donde llueve y el lugar donde aparece la inundación explica por qué el peligro podía resultar difícil de predecir. Mientras los visitantes recorrían el interior de la formación, el agua acumulada en una zona externa avanzaba sin control. En muy poco tiempo, un cauce que normalmente podía parecer seco podía transformarse en el recorrido de una crecida capaz de atravesar todo el cañón.Una de las razones por las que el cañón solo puede visitarse con guía es el peligro de inundaciones relámpago, como la que ocurrió en 1997La reconstrucción posterior estableció que, a pesar de lo que se creyó inicialmente, aquel día sí existieron señales de peligro. Según el informe del Departamento del Sheriff del condado de Coconino publicado tras la tragedia, Ellena Young, la empleada de la Nación Navajo que cobraba el acceso a Lower Antelope Canyon, permitió que el grupo descendiera a la garganta. Aunque, contó, lo hizo tras advertirles que entrar no era una buena idea debido al clima, dejándoles en claro que, si continuaban, lo hacían bajo su propia responsabilidad.PUBLICIDADLa situación se volvió más evidente durante la tarde. Clarence Gorman, entonces director de Parques de la Nación Navajo, declaró a los medios de prensa que el Upper Antelope Canyon había sido cerrado alrededor de las 15:30, después de que los guías observaran un pequeño flujo de agua en el suelo. Una de las guías fue a la parte baja del sistema y advirtió a Young y a algunos visitantes que acababan de entrar que no continuaran. Según esa versión, Young creyó que quienes estaban allí habían entendido la advertencia y abandonarían el lugar.La versión de TrekAmerica fue diferente. La empresa, que había organizado el viaje de parte de los visitantes, sostuvo que su guía, Francisco “Poncho” Quintana, sabía que podía existir algún riesgo, pero que recibió indicaciones de que el grupo podía continuar. Días después, la compañía afirmó que no había existido una advertencia clara sobre una crecida inminente. En septiembre de ese año, el informe del comisario detalló las declaraciones de Young, que repitió sobre sus advertencias a cinco visitantes.PUBLICIDADLa secuencia exacta de las decisiones quedó convertida en uno de los puntos más discutidos del caso. El informe posterior concluyó que Young había ordenado salir del cañón cuando comenzó a llover, pero que cinco visitantes y Quintana regresaron aproximadamente una hora después. El documento no pudo establecer cómo habían ingresado al cañón las otras seis personas que murieron. La investigación tampoco atribuyó responsabilidad penal a TrekAmerica ni a Quintana.El cañón del Antílope es un cañón de ranura del Suroeste de Estados Unidos, uno de los más visitados y fotografiados del mundo. Está cerca de la ciudad de Page, en el condado de Coconino, en el norte del estado de Arizona (Wikipedia)El agua comenzó a aparecer en el fondo de la garganta mientras Quintana guiaba a los visitantes. Según la reconstrucción que el comisario de Coconino realizó a partir de su testimonio, el guía vio cómo el nivel subía rápidamente, reunió a las personas que estaban con él y las mantuvo juntas contra una de las paredes. Minutos después, la crecida principal llegó al cañón.PUBLICIDADLa magnitud de la corriente superó por completo el pequeño flujo que había aparecido poco antes. El Washington Post informó que el nivel pasó de unos tres metros a casi siete metros o más dentro de la garganta. El agua avanzó con suficiente fuerza para arrastrar a las personas y los objetos que encontró a su paso.Quintana fue separado del grupo y arrastrado por la corriente. Según relató a los investigadores, sobrevivió porque permaneció boca arriba y mantuvo los pies orientados hacia el sentido del agua, una posición utilizada para reducir el riesgo de quedar atrapado contra rocas u otros obstáculos. La corriente lo llevó fuera de la zona donde se encontraban los demás visitantes antes de que consiguiera aferrarse y mantenerse a salvo.PUBLICIDADEl rescate se puso en marcha después de que las autoridades recibieran el aviso de la inundación. Quintana fue localizado con vida, cubierto de barro y con heridas provocadas por el recorrido de la corriente. Fue trasladado en helicóptero al hospital de Page y a los pocos días dado de alta. Mientras él era atendido, los equipos de búsqueda comenzaban a enfrentarse a otro problema: encontrar a las personas que habían desaparecido dentro de la garganta y determinar hasta dónde las había llevado el agua.La tragedia tuvo consecuencias inmediatas para la compañía de turismo. Dos días después de la inundación, la empresa anunció que dejaría de llevar sus grupos a Antelope Canyon. El responsable de personal, Jack Aakhus, dijo que la crecida era “un hecho excepcional”, pero que la compañía no volvería al lugar.PUBLICIDADLa cuestión de la responsabilidad, sin embargo, no terminó allí. En septiembre, el fiscal del condado de Coconino anunció que no se presentarían cargos penales contra TrekAmerica ni contra Quintana. Meses después, familiares de tres de las víctimas francesas iniciaron una demanda civil contra la empresa, alegando que el guía había permitido que integrantes del grupo regresaran al cañón pese al riesgo.Placa con el nombre de las once víctimasLa búsqueda de las víctimas comenzó mientras el agua todavía cubría parte de la zona baja del cañón. En las tareas participaron personal del área recreativa nacional Glen Canyon, policías estatales y de la región, bomberos y equipos especializados. También se utilizaron perros, buzos, embarcaciones y helicópteros para revisar la garganta y la zona donde desembocaba en Lake Powell. La inundación había dejado una extensa acumulación de barro, sedimentos y objetos que dificultaban el trabajo.Los cuerpos comenzaron a aparecer durante los días siguientes, tanto dentro del cañón como en el enorme depósito de restos formado junto al lago. Para el 26 de agosto, nueve habían sido recuperados y dos personas continuaban desaparecidas. Entre los identificados estaban Charlotte Warmington, una británica de 24 años; Benjamin Partrick, de Nueva York, y Che Chin Yang, residente de California. Las autoridades también confirmaron que seis ciudadanos franceses habían sido encontrados, mientras un séptimo francés y un ciudadano sueco permanecían desaparecidos.Pese a esa tragedia, el cañón no dejó de ser un destino turístico. La Nación Navajo administra actualmente las zonas de Antelope Canyon y exige que el acceso se realice mediante un guía autorizado. Sus autoridades advierten expresamente que las inundaciones repentinas pueden producirse en cualquier momento y piden atender las indicaciones de los operadores y los mensajes de emergencia. La formación geológica que provocó el desastre sigue siendo visitable; lo que cambió fue la manera de entrar y de gestionar un riesgo que en 1997 quedó expuesto con toda su gravedad.