El plan, revelado el lunes por la noche por el diario The Washington Post, ha provocado incredulidad entre algunos periodistas, que consideran que la operación puso en grave riesgo a la prensa que viajaba con el mandatario, mientras que los defensores de la medida aplauden al Servicio Secreto por haber protegido al presidente.

Los hechos ocurrieron el pasado 8 de julio, al término de la cumbre de la OTAN en Ankara, cuando Trump abordó ante las cámaras el Air Force One para dirigirse al Reino Unido, aunque minutos después agentes del Servicio Secreto lo sacaron del avión por el lado opuesto, oculto en un camión de catering, y lo trasladaron discretamente a otra aeronave con el mismo destino.

En el Air Force One se quedaron parte del equipo de la Casa Blanca y los periodistas que acompañaban al mandatario, que desconocían tanto que Trump ya no estaba a bordo como que su avión podía ser utilizado como señuelo ante un eventual ataque iraní, en un contexto de renovada tensión entre Washington y Teherán.

Los periodistas que hicieron aquel viaje confirmaron este martes que desconocían el plan y relataron que, al subir al Air Force One, los agentes del Servicio Secreto les ordenaron mantener las ventanillas bajadas sin ofrecerles mayor explicación.