La voz de los lectores Exclusivo suscriptores En el municipio del corazón del Valle se improvisó un nuevo centro médico. Las calles permanecen bloqueadas y las casas quebradas en su interior.Colapso total del hospital San Rafael del municipio de El Águila en el norte del Valle. Crédito: CEET Fotógrafo: JAIVER NIETO ÁLVAREZ Foto: Jaiver Nieto - El TiempoPERIODISTA DE MEDELLÍN11.08.2026 18:24 Actualizado: 11.08.2026 18:24 11.08.2026 18:24 Actualizado: 11.08.2026 18:24
A hora y media de Cartago, atravesando una carretera zigzagueante y en ascenso por las montañas vallunas se encuentra un pequeño municipio conocido como la 'subida alegre'. Pese al nombre por antonomasia, el 10 de agosto la alegría se convirtió en angustia para los 10.000 habitantes de El Águila. La atención de Colombia recayó en este municipio, cuya carretera de acceso quedó bloqueada tras el terremoto de magnitud 7,4, tras las denuncias emitidas por los -gentilicio-. El hospital San Rafael colapsó prácticamente por completo, dejando sin infraestructura de salud al municipio, justo en el marco de una de las peores crisis de su historia.Al entrar a El Águila hay dos lomas que se contraponen y que concentran la mayoría de los edificios representativos del municipio, entrando por un costado del parque principal, cuya iglesia milagrosamente no se desplomó a pesar de los irremediables daños en la torre y en las uniones del edificio, se transita por una sola calle, puesto que la segunda vía principal quedó completamente bloqueada por escombros. Al llegar, las miradas de decenas de personas abarrotadas en las calles, conversando de acera a acera y rememorando los momentos de angustia vividos a las 7:34 de la mañana del lunes, con prontitud aparecen la estación de policía, la alcaldía municipal y la casa de la cultura. Habiendo dejado atrás estos primeros edificios clave para el municipio hay que subir otra imponente loma de unos 60º de inclinación. En la cúspide se encuentra el hospital municipal, o las ruinas del mismo. El panorama en el punto más alto del municipio es el que da cuenta del momento más bajo de quienes allí habitaban. El hospital, a punto del colapso, se lleva la atención, sin embargo, todas las estructuras a sus alrededores sufrieron daños irreparables en su inmensa mayoría. Imagen del colapso del hospital San Rafael, en El Águila. Foto:Jaiver NietoA mano derecha del hospital viniendo desde el parque, la primera vivienda con signos de destrucción albergaba a dos niñas de menos de 10 años jugando con sus muñecas en lo que era la sala de su casa, entre escombros y el sonido de aquellos que afuera seguían removiendo las partes afectadas de las construcciones. Frente al hospital había una vivienda de dos pisos, en el primer piso vivía una pareja de esposos que en el momento de la tragedia no se encontraba en la casa, que quedó totalmente destruida. Leidy Obando, sentaba bajo las ruinas del hospital aun cuando amenazaban con seguir despedazándose, observaba como un grupo de seis hombres trabajaba sin parar para seguir removiendo los escombros de su hogar. Su esposo, según señaló, era uno de los trabajadores que recogían restos y los lanzaban al gran montículo que habían reunido entre los escombros remanentes de las viviendas del sector. Visiblemente afectada, resignada y pasándose las manos por el rostro una y otra vez, explicó con desconsuelo que le indicaron que tenían que ir a que les tomaran los datos para poder ver cómo les podrían ayudar. La señora Leidy Obando, en diálogo con EL TIEMPO. Foto:Jaiver Nieto - El TiempoA pocos metros de Leidy María estaba parada doña María Edilma Caro, una mujer mayor que no escatimó en su narración para contar como vivió cada instante desde que el suelo empezó a moverse con violencia en la mañana del lunes. —Nos quedamos sin hospital y sin iglesia— relató entre sollozos María Edilma, quien señaló que le genera mucha tristeza ver como sus vecinos perdieron todas sus cosas. —Gracias a Dios a los ancianitos tampoco le pasó nada. Gracias a Dios estamos vivos, casi en 70 años que tengo es primera vez que me toca una cosa de estas tan miedosa. María Edilma recordó que hace tan solo un par de días habían dado de alta a un anciano que estaba dentro del hospital, por lo que al momento del colapso no había ningún paciente dentro del centro de salud. La mujer mayor narró que logró salir de su vivienda durante el temblor por un milagro. —Yo me iba a meter al baño, pero por esas cosas que a uno le dan me dio por ponerme a doblar una cobija, ya me había quitado la pijama y de repente sentí el temblor. Grité y salí mientras que me ponía de nuevo el pantalón tratando de no caerme— explicó Sin embargo, la vecina de María Edilma no corrió con la misma suerte. —No ve la señora de aquí al frente como la tuvieron que sacar de ahí, de entre esos escombros, cuando cayó la pieza de ella entonces la cama se vino con ella porque estaba acostadita. Bendito sea el señor, la sacaron viva— relató mientras que señalaba cada detalle de la vivienda en la que trabajan los voluntarios para remover los escombros. * La destrucción del hospital obligó a que los médicos del municipio se trasladaran a un edificio que hoy funcionaba como hostal y que otrora fue la sede del primer centro de salud de El Águila. En una casa a una cuadra de la Alcaldía, con pasillos profundos y poca iluminación, se improvisó una sala de atención para los heridos de mayor gravedad, a pesar de que la mayoría fueron trasladados a otros municipios para su atención apropiada. El doctor Camilo Hernández, oriundo de Cali pero radicado en el municipio, relató: "Estamos con los demás médicos en reunión académica repasando varios temas a evaluar, estábamos en el área de urgencias y empezó en el primer temblor, salimos sacando a las personas que estaban en observación. Estando afuera empezó a caerse la fachada del hospital, luego siguió el techo. Así quedó la fachada principal del Hospital San Rafael. Foto:Ana María Ausecha—Todo el área administrativa y consulta externa fue la que más sufrió, aparte de urgencias que quedó totalmente destruida. Gracias a Dios las ambulancias no sufrieron mayor afectación, pero tuvimos varios retos para sacar los carros. Básicamente el pueblo quedó sin centro de referencia de salud—explicó Hernández. Hernández dio un balance en términos de heridos: "Algunas cuantas personas de veredas siguen llegando, es la atención más compleja. Del centro poblado ayer atendimos a la mayoría, tuvimos varios lesionados por caídas, golpes de escombros. Lastimosamente tuvimos una mujer fallecida que sufrió trauma craneocefálica de difícil manejo que se deterioró rápidamente. El médico reveló que se atendieron 27 pacientes con lesiones moderadas y leves, algunas fracturas en extremidades inferiores y superiores. Además, destacó que a pesar de que han tenido que apañarse, lograron hacer un trabajo articulado muy bueno, tanto en términos de organización como de apoyo a la comunidad. *Ana María Ausecha, de 27 años, es la única bacterióloga del Hospital San Rafael. Como todas las mañanas, atendía a un par de pacientes y realizaba labores varias de estudio de muestras cuando escuchó silbidos y gritos en el centro médico. “No puedo describir lo que sentí. Yo cogí a uno de los pacientes, lo levanté de la silla, lo empujé también hacia las escaleras y le dije: ‘Salgamos por acá, cójase de la baranda y empiece a bajar tranquilo. Descienda despacio, sin caerse’”, le dijo a EL TIEMPO. Cuando ella y su paciente estaban en el descanso entre el tercero y segundo piso, vieron en primer plano como empezó a desmoronarse el techo y las paredes a su alrededor. Como pudieron, en medio del movimiento telúrico, salieron del edificio de la mano. “Ahí me asusto mucho más porque siento como si se abriera la tierra bajo mis pies, no sé describir ese momento. Veo cómo se caen las motos que había alrededor, cómo todo se sacude y cómo se empieza a levantar polvo. En ese volteo a mirar el hospital y se empieza a derrumbar”, agregó. Interior del hospital. Foto:Ana María AusechaAusecha padeció una doble tragedia, pues no solo vio como cayó el hospital en sus pies, también se fue abajo la casa donde se estaba hospedando desde hace unos meses que empezó su trabajo en el municipio y que quedaba a solo metros del centro médico. “Y ya tocó quedarse de pie esperando a que todo terminara. Cuando todo pasó, empezamos a mirar que no hubiese heridos o personas atrapadas. Escuchamos a una persona en un consultorio, que era la jefe de enfermería; la sacamos y salimos. Ya después de que todos nos calmamos un poquito, entramos a sacar insumos, medicamentos y cosas para atender a los heridos en el parque principal”, agregó. La bacterióloga, quien ahora ocupa funciones de asistente médica, en pleno caos municipal, señala que hubo solo una persona muerta por el terremoto. Se trata de una adulta mayor quien tuvo una contusión en su cabeza, producto de una infraestructura de su casa que se desplomó. Falleció tras ser remitida por urgencia vital a Cartago, una ciudad cercana. Era la mamá de la entrenadora del gimnasio de El Águila. “Respecto al hospital, quedó cien por ciento destruido. Las estructuras quedaron completamente destruidas, en todos los servicios hay escombros y está muy inseguro porque se cayeron vigas. Está completamente sellado. Se logró sacar material, algunas pantallas, monitores y camillas; con eso estamos poniendo un hospital improvisado en la estructura antigua, que está al frente de la alcaldía, al lado del parque principal. A esa casa, curiosamente, no le pasó nada, así que volvimos ahí y empezamos a atender”, concluye.* —¡Oiga! ¿¡qué hubo!? ¿Encontró los zapaticos?— preguntó una señora de unos 70 años apostada en la puerta de su casa a los hombres que trabajaban para remover escombros de la casa vecina. —Sí señora— respondió uno de los voluntarios. —¡Los zapaticos nuevos! Por lo menos— celebró la anciana, atribuyéndole gran importancia a esta pequeña gran victoria. Atravesando escombros, tejas, partes de computadores y vidrios, se logra acceder a la segunda calle principal del municipio. Esa que estaba totalmente bloqueada para el paso. Mujeres y hombres barriendo a lado y lado de la calle, mientras que un par de hombres de unos 30 años adelantaban algunos remaches en las viviendas que sufrieron daños que no comprometían la integridad de las estructuras. La señora Edilma, una de las habitantes afectadas. Foto:Jaiver Nieto - El TiempoUnos 100 metros más abajo del lugar más afectado por la tragedia en El Águila está, en contraste, el único punto del municipio que, como lo narró una de las vecinas, 'salió invicto'. Este pequeño barrio, si se quiere, está algunos metros más abajo de la zona crítica, pero además alberga el edificio del cuerpo de bomberos del municipio, uno de los que mejor se conservó y en el que se instaló el Puesto de Mando Unificado. En este edificio, que además es el único con conexión a internet gracias a unos satélites Starlink enviados por la Gobernación del Valle del Cauca, entran y salen hombres y mujeres, afanados y vistiendo diferentes distintivos: Gestión del Riesgo, misión médica, policía, defensoría del pueblo y por supuesto, los agotados y 'embarrados' bomberos. —¿Cómo le fue? ¿La señora qué tal? ¿Ya le dieron salida?— le preguntó un bombero a un hombre que llegó a la estación. —Sí, ya— respondió el hombre que cojeaba ligeramente. —¿Al final qué tenía?— continuó el uniformado. —Ahí le cogieron una hemorragia interna que tenía— respondió el civil con resignación. —¿Y la niña? ¿Solo fue el golpe en la manito?— insistió el bombero. —Sí, sí— concluyó el civil antes de ingresar al PMU. En este lugar se está recogiendo toda la información que será enviada a la Gobernación, entre esa información está una desgarradora estadística confirmada por el alcalde Andrés Herrera: "Aproximadamente el 70% del municipio quedó afectado". Herrera, quien durante la entrevista fue interrumpido una y otra vez por los habitantes del municipio que dirige por segunda vez lo detuvieron para hacerle preguntas muy pertinentes —oíste Andrés, ¿dónde quedó lo de la farmacia? necesito una medicina que yo sufro de esto— señaló un hombre de unos 70 años mientras se señalaba el corazón. El alcalde le indicó que se dirigiera a la estación de bomberos para que la secretaria de Seguridad le ayudara. El alcalde precisó que de los 10.000 habitantes de El Águila aproximadamente 1.000 quedaron totalmente damnificados y otros 5.000 reportaron afectaciones parciales en sus viviendas. Al terminar de dar este dato, el mandatario fue requerido una vez más por otro transeúnte, un joven con botas pantaneras, el jean remangado sobre las botas y rastros de escombros, que mientras se limpiaba el sudor de la frente, saludó a Herrera. Colapso total del hospital San Rafael del municipio de El Águila en el norte del Valle. Foto:Jaiver Nieto - El Tiempo—Andrés, ¿cómo vas? —Hermano, ¿usted cómo está? —Bien porque estamos vivos, eso es lo importante. —Así es güevón, es que estamos vivos, lo demás se recupera, ahora vamos es a ponernos a reconstruir las casitas. El alcalde destacó que pese a la tragedia, los habitantes del municipio se han solidarizado, tanto que lograron articularse para realizar un sancocho para unas 300 personas. Otro ejemplo de solidaridad del pueblo lo llevó a remitirse a tan solo unos días atrás, cuando él y varios de los habitantes del municipio se dirigieron a zona rural del territorio para sacar a un hombre que había sido enterrado por un deslizamiento. Herrera señaló que justo un día antes del terremoto lograron llevar al hombre al municipio. * Saliendo por la misma vía que se ingresa al municipio actualmente, se encuentra el Supermercado Cheche, uno de los puntos con más flujo de personas tras la tragedia. A pesar de la intensidad del terremoto, el propio Cheche relató con cierta emoción que tan solo se le quebraron unos tres vasos y dos platos de los juegos de vajilla que vende. Además, entre risas señaló la pared del fondo de su negocio, esa en la que está la estantería completa de licores —miré, solo se nos quebró una botella, el resto todo sobrevivió, el guaro no sufrió prácticamente—. El licor se salvó en la antesala de las celebraciones que seguramente vendrán, porque tal como el alcalde Herrera, la mayor fortaleza de los habitantes de los -gentilicio- es la actitud positiva que han asumido tras la tragedia. Y claro, en un municipio en el que "solo" hubo una víctima mortal a pesar de sus más que complejas condiciones topográficas, las personas ya celebran y agradecen una y otra vez por estar vivas.












