Federico Sturzenegger se sentó este martes a la mesa política de la Casa Rosada y salió de allí con una nueva regla para sus reformas. A partir de ahora, los proyectos que impulse el ministro de Desregulación deberán atravesar esa instancia antes de convertirse en prioridades del Gobierno, una decisión que busca incorporar un filtro político al circuito prácticamente directo que durante los últimos dos años mantuvo con Javier Milei.

La presencia de Sturzenegger fue la principal novedad de una reunión encabezada por Karina Milei y convocada para ordenar la agenda después del traspié que sufrió el oficialismo la semana pasada en el Senado. Alrededor de la mesa estuvieron también el jefe de Gabinete, Diego Santilli; su segundo, Ignacio Devitt; el asesor Santiago Caputo; el ministro de Economía, Luis Caputo; la titular del bloque libertario del Senado, Patricia Bullrich; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el secretario de Comunicación, Fabián Fernández; y el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem.

Sturzenegger llegó como invitado, no como nuevo integrante permanente. Pero su incorporación tuvo un significado particular después de los cuestionamientos que comenzaron a acumularse alrededor de algunas de sus iniciativas. La decisión que surgió del encuentro apunta precisamente a modificar una dinámica que durante buena parte de la gestión fue tolerada por las distintas terminales del oficialismo: el ministro diseña reformas con su equipo, las conversa directamente con Milei y, cuando obtiene su aprobación, avanza sin que necesariamente exista antes una evaluación sobre su viabilidad parlamentaria o sobre los costos políticos que pueden generar.