La resistencia a la insulina es una alteración metabólica que puede instalarse de manera progresiva y permanecer silenciosa durante mucho tiempo. Se produce cuando las células del músculo, la grasa y el hígado responden cada vez menos a la acción de la insulina, la hormona encargada de facilitar el ingreso de la glucosa a los tejidos.Para compensarlo, el páncreas aumenta la producción de esta hormona, un esfuerzo que puede sostenerse durante años antes de que aparezcan alteraciones evidentes en los análisis.Por ese motivo, algunos especialistas recomiendan prestar atención a determinadas manifestaciones cotidianas que, sin confirmar un diagnóstico, pueden justificar una consulta médica. El Dr. Sebastián La Rosa, médico, profesor de Medicina y divulgador científico, identifica 3 señales que considera especialmente útiles para sospechar la presencia de esta condición. "Hay tres señales para identificar si tienes resistencia a la insulina: fatiga después de comer, la medida de la cintura y cambios en la piel", explica. Veamos una par una. La primera pista tiene que ver con una sensación de fatiga que se repite con frecuencia tras las comidas, especialmente cuando son abundantes o contienen una alta proporción de hidratos de carbono.El especialista aclara que no se refiere al sueño ocasional que puede aparecer luego de un almuerzo copioso, sino a un cansancio recurrente que interfiere con las actividades diarias."El problema es cuando esto sucede de manera continua y cuando se marca más cuando comemos una comida alta en carbohidratos. Un risotto, un plato de pasta, etcétera". Según detalla, esa respuesta puede traducirse en menor energía, dificultades para concentrarse o necesidad de consumir café para continuar con la jornada.Como medida práctica para reducir ese efecto, el médico aconseja incorporar un breve período de actividad física luego de las comidas. "Uno de los consejos más prácticos tiene que ver con que salgas a caminar 5 o 10 minutos, no hace falta que sean 5 km después de comer", recomienda.La segunda señal no está relacionada con el peso total, sino con la forma en que se distribuye la grasa corporal. Una persona puede tener un índice de masa corporal dentro de parámetros normales y, aun así, acumular grasa en la zona abdominal, un factor que se asocia con un mayor riesgo metabólico.Para evaluarlo, La Rosa propone medir el perímetro de la cintura a la altura del ombligo, luego de exhalar y sin contraer el abdomen. Después, ese valor debe dividirse por la estatura utilizando la misma unidad de medida."Si la proporción te da más de 0,5, tienes un riesgo significativo de resistencia a la insulina, aunque tu peso sea normal", sostiene.También menciona la relación entre la cintura y la cadera como otro indicador que puede aportar información sobre la acumulación de grasa visceral, aquella que rodea órganos como el hígado y que tiene un papel activo en el funcionamiento del organismo."La grasa visceral no es solamente un depósito de energía que no estás usando. Funciona como un órgano endocrinológico", indica el doctor.El tercer grupo de indicios puede observarse a simple vista. Según el especialista, algunas alteraciones dermatológicas se relacionan con una mayor probabilidad de presentar resistencia a la insulina. Estas son las verrugas que se pueden llegar a tener en zonas como párpados, cuello y axilas. Estas lesiones cobran mayor importancia cuando aparecen de forma repentina en la edad adulta y coinciden con un aumento de peso. Además, el médico menciona otra manifestación frecuente."Otro factor dermatológico que asociamos con resistencia a la insulina es el oscurecimiento o el engrosamiento de la piel en los pliegues", señala La Rosa. Estas modificaciones suelen observarse en el cuello, las axilas o las ingles y constituyen una señal que merece ser evaluada junto con otros factores clínicos.El especialista resume que: "Si tengo uno o varios de estos tres factores, tengo más riesgo todavía".Sin embargo, insiste en que estas señales no reemplazan el diagnóstico médico. La confirmación requiere una evaluación profesional y, cuando corresponde, estudios específicos para medir los niveles de glucosa, insulina y la respuesta del organismo frente a una carga de azúcar.Detectar la resistencia a la insulina en etapas tempranas permite implementar cambios en el estilo de vida y reducir el riesgo de desarrollar prediabetes, diabetes tipo 2 y otras complicaciones metabólicas en el futuro.