Los procrastinadores nunca han quedado tan en evidencia como esta semana. Recorren farmacias, ópticas, puestos de revistas y supermercados con la misma pregunta ―¿Tenéis gafas de eclipse?― y se topan con la misma negativa. La fiebre por hacerse con unas gafas homologadas ha vaciado los puntos donde se repartían gratis, como los quioscos de la ONCE, los museos de ciencia o las bibliotecas municipales. Pero no conseguirlas no es motivo para no disfrutar del espectáculo astronómico. Todavía quedan algunas alternativas y un último recurso: compartirlas con ese amigo o familiar previsor que las consiguió a tiempo. “La gente se desborda, lo de las gafas ha sido una locura”, asegura Rocío Fuentes, que atiende una farmacia en Madrid y explica que incluso la llaman por teléfono para preguntar si le quedan y pedir que se los reserven. Todos los días se agotan. El interés empezó a notarse con fuerza desde finales de la semana pasada. No recuerda otra cosa que le hayan solicitado tanto desde las mascarillas durante la pandemia de covid. “Mi turno es hasta el mediodía y ahí siempre ya no hay; mi compi de la tarde pide, y en la mañana nuevamente hay”, desarrolla Fuentes. Vendieron 33 unidades en julio y 201 en lo que va de agosto. La ONCE anunció que repartiría casi dos millones y han volado. En la casilla en la que trabaja Diego Monsalve están agotadas desde la primera jornada. “Cuando llegué del banco ya había unas 40 personas esperándome”, dice el vendedor y añade: “Abrí y no vendí ni un cupón; abrí un paquete de 50 gafas y a los dos minutos no tenía nada”. Contaba con 100 unidades para entregar y repartió todas ese primer día, pero desde entonces no hay hora que no se le acerque alguien a preguntar. Lamenta que la gente se enfade mucho cuando les aclara que no tiene más y que le piden 5 o 10, aunque solo se permite dar una unidad por persona.Mientras lo cuenta, Tomás Colmenares, de 29 años, se acerca a preguntar por ellas; viene haciendo un tour de quioscos. “Somos cuatro parejas amigas y nadie tiene, nadie se organizó, estamos todos hoy como locos buscando”, comenta entre risas y todavía con esperanzas. Lo van a vivir juntos y sabe que se las pueden turnar, pero de momento no tienen ni un par. Un grupo de aficionados ha creado un listado colaborativo de tiendas especializadas en distintas partes de España, para quien todavía sigue buscando.“Compramos un par de cajas hace dos meses; el distribuidor nos dijo: ‘No os preocupéis, si no las vendéis, os las retiro. Han estado ahí muertas de risa, hasta que la semana pasada en cinco días se vendieron todas”, dice Carlota Oteo, que trabaja en otra farmacia. “Llevamos otra semana con una sensación como en la época de la pandemia cuando estaba toda la gente buscando gel hidroalcohólico”, explica. Ayer hasta propuso poner un cartel que dice “gafas agotadas”, y cuenta que no ha habido manera de comprar más en ningún sitio, porque “hasta los almacenes se han visto desbordados”. Los filtros caseros, como cristales ahumados o diapositivas veladas, no sirven para reemplazarlas porque no bloquean todas las radiaciones dañinas. Tampoco funcionan los seis modelos de gafas que las autoridades de Consumo de la Comunidad de Madrid, Castilla y León, Galicia, La Rioja y Aragón han ordenado retirar debido a “irregularidades” detectadas: Lionstar, ECP Eye Care Professional, Pelispan, Homanaje, Orro y Opticalia.Sin embargo, existen formas de no perderse el fenómeno, que con suerte se experimenta una vez en la vida ―aunque a España le haya tocado la lotería de tener otro el año que viene, que será visible desde el sur de la Península―. Quienes ya lo han vivido apuntan que es una experiencia para compartir con otros y no hace falta tener unas gafas para cada uno. Durante un poco menos de una hora, la Luna irá tapando el Sol. Ese es el período de tiempo que debe observarse con protección. El suceso se produce lentamente, da tiempo para mirar unos instantes, después apartar la vista, quitarse las gafas y entregárselas a quien esté al lado para ir turnándose. También hay cambios que se pueden observar en tierra sin mirar hacia arriba, como sombras raras o colores que mutan. Cuando el eclipse es total, se ha hecho de noche y la Luna oculta el disco del Sol por completo, no hay riesgo de observarlo sin protección. De hecho, la recomendación para observarlo es contar hasta tres para asegurarse de que ha oscurecido y luego quitarse las gafas para poder admirar la corona solar blanca que surge alrededor del Sol oscuro. Hasta que vuelve la luz y se debe apartar la vista. Quien no tenga elementos de protección, ni compañía, puede acercarse a los puntos de observación oficiales, determinados por cada comunidad autónoma, donde habrá servicios y un responsable que guíe la observación. Allí se congregarán multitudes de espectadores a quienes se podrán tomar prestadas las gafas unos segundos. Incluso en algunos de esos puntos se espera que las administraciones que los coordinan todavía repartan.
La carrera de último minuto por las gafas de eclipse: “Han estado dos meses muertas de risa y en cinco días se vendieron todas”
La demanda ha desbordado los puntos de reparto gratuito, desde los quioscos de la ONCE hasta los museos de ciencia, y también los comercios. ¿Qué hacer si aún no las tienes?















