La línea partidista ha quedado relegada en partidos y movimientos que son polos opuestos y que han formado decenas de alianzas en las 24 provincias con un objetivo común: subsistir frente a un conjunto de reglas que deben cumplir para participar en las elecciones seccionales del 29 de noviembre próximo y mantener su existencia territorial. Para estos comicios, el Consejo Nacional Electoral (CNE) registró 468 alianzas políticas de las que 393 están “validadas” porque cumplieron con los requisitos contemplados en el Código de la Democracia y el reglamento respectivo.La alianza es un sujeto político que se constituye por dos o más organizaciones políticas de ámbito nacional o local para presentar candidaturas para los procesos electorales.PublicidadEn el 2025, a raíz de las reformas al código electoral, aliarse perdió uno de sus incentivos; pese a ello, para esta elección el número no se redujo, sino que se mantuvo: en las seccionales de 2023 se calificaron 390. Con alianzas o sin ellas, partidos y movimientos no solo deben ganar las elecciones seccionales, sino también sobrevivir¿Qué incentiva a los 233 partidos y movimientos existentes en el Ecuador a coaligarse? Contar con el 50 % de candidatas mujeres y 25 % de jóvenes encabezando las listas, porque de lo contrario el CNE puede rechazar la lista y poner en riesgo la participación de la agrupación. A esta condición se suma que los partidos deben alcanzar tres reglas para no entrar en una fase de evaluación. PublicidadPublicidadEl artículo 327 de la ley electoral establece que un partido o movimiento de ámbito nacional puede perder su inscripción si no obtiene el 5 % de votos válidos en una elección pluripersonal a nivel nacional. También, si no alcanza “al menos tres representantes a la Asamblea Nacional. O, al menos, el 8 % de alcaldías”, que corresponde a tener alcaldes en 18 cantones. O “por lo menos un concejal en cada uno de, al menos, el 10 % de los cantones”. En ese caso, en el Ecuador hay 222 cantones, por lo que deberían alcanzar un concejal en 22 cantones. Sobre esa base, cuando llegue el momento, el CNE considerará el cálculo de porcentajes y dignidades alcanzadas en alianza y se dividirá en partes iguales. Antes de las reformas legales, el porcentaje total se asignaba a todas las agrupaciones participantes de la alianza. En cambio, los movimientos locales que no alcancen el 5 % del umbral de votos en una elección de su jurisdicción podrán extinguirse. Bajo esas condiciones, lo que los electores verán en la papeleta de noviembre serán “alianzas antinatura”, cree el analista electoral Alfredo Espinosa. PublicidadEsto porque de entre las 393 alianzas validadas está la que se formó entre los partidos Socialista Ecuatoriano (PSE), Unidad Popular (UP) y el movimiento provincial Somos, listas 2-17-70, para cobijar la precandidatura de Pabel Muñoz a la Alcaldía de Quito. La sorpresa de este acuerdo es que Pabel Muñoz proviene de la militancia del movimiento correísta Revolución Ciudadana (RC), que actualmente está suspendido por orden del Tribunal Contencioso Electoral (TCE). Muñoz ocupó altos cargos en el mandato de Rafael Correa, quien repudia a esta corriente de UP que se define de izquierda y agrupa a los gremios de sindicatos, comerciantes minoristas, maestros, estudiantes y líderes barriales…A esta alianza “antinatura”, el director nacional de UP, Geovanni Atarihuana, la concibió como “alternativa que pone por delante los intereses del pueblo” y pretende hacerle frente al gobierno de Daniel Noboa. Aseguró que de llegar a ganar espacios en los gobiernos locales con esta “Alianza ciudadana”, exigirán que la RC cumpla con sus compromisos y respondan a las necesidades de los electores. Pero no solo en Pichincha se ven estas antípodas (partidos y proyectos totalmente opuestos). En Bolívar se formó la alianza “Empleo y desarrollo” entre el Partido Sociedad Patriótica (PSP) y el movimiento Creando Oportunidades (CREO), listas 3-21, que se replicó en Chimborazo con la alianza “Va por ti, mi pueblo”. En Cotopaxi, “Juntos por un mejor futuro” es una alianza entre el Partido Social Cristiano (PSC) y el Partido Socialista, listas 6-17, el uno de izquierda y el otro de derecha conservador. En 2021, Guillermo Lasso, fundador de CREO y electo presidente de la República, formuló un acuerdo con Rafael Correa, de la RC y Jaime Nebot, del PSC. La idea era designar autoridades en la Asamblea Nacional con estas fuerzas políticas, pero al final CREO se apartó.En respuesta, la RC y el PSC hicieron un frente de oposición a Lasso e impulsaron un juicio político en su contra. Esto lo empujó a disolver el Legislativo, dejó la Presidencia y convocó a elecciones anticipadas generales.Tres años después, esas vendettas quedaron atrás y para las seccionales de noviembre, el PSC y CREO formaron una alianza en Bolívar a la que llamaron “Hora de cambiar, tiempo de construir”, en la que también está el partido Sociedad Unida Más Acción (SUMA), lista 23.Este último, aunque no hizo elecciones internas para elegir precandidatos puede sujetarse de otras organizaciones para participar. Otros acuerdos se ven en el cantón Esmeraldas (Esmeraldas), llamado “Contigo” entre Centro Democrático (CD), el PSC, la Izquierda Democrática (ID) y CREO, listas 1-6-12-21. En Muisne, la coalición Contigo Seguro con las listas 6-21-23. Para el cantón Isidro Ayora, en Guayas, la alianza se replicó entre el PSC y CREO.El presidente nacional del PSC, Alfredo Serrano, señala que estos acuerdos electorales son “necesarios” y responden a las estrictas reglas de paridad de género e intergeneracional que impone el código electoral. No necesariamente son aliados por ideologías, sino por la coyuntura. Esto en referencia a que el CNE adelantó la fecha de las elecciones seccionales: en un primer momento el sufragio se preveía para el 14 de febrero del 2027, y se adelantó para el 29 de noviembre. En todo caso, de ese universo de 393 alianzas, el movimiento oficialista Acción Democrática Nacional (ADN) es el único que tiene un solo acuerdo: en Salinas (Santa Elena) con el Movimiento Autónomo Revolucionario (MAR), listas 7-102.Alfredo Espinosa reconoce que estas alianzas son “ideológicamente incoherentes, pero electoralmente racionales”.“Si bien parecen alianzas antinatura, porque son polos opuestos, las mueve el instinto de supervivencia. No hay afinidades ideológicas, lo que se busca es captar votos, sobrevivir, lo importante es no desaparecer y tampoco perder espacios en los territorios”, reflexiona.No obstante, los resultados de estos acuerdos se verán después del 29 de noviembre. “Cuando se conozca quién ganó y quién perdió y cuando se saneen las cuentas de campaña, serán los momentos en los que se pueda ir delineando hacia dónde iban esas alianzas. Si de ellas puede sobresalir un acuerdo prográmatico, por ejemplo. Otro escenario será si acceden al poder y, en el ejercicio de la administración pública se verá el grado de coherencia y hasta dónde puede llegar una unidad poselectoral para alcanzar una gobernabilidad local”, afirma Espinosa. (I)