Hay un momento, justo después de abandonar tierra firme, en el que caminar deja de ser un gesto automático. Bajo los pies aparece el vacío, el puente oscila ligeramente y la mirada duda entre buscar el extremo opuesto o asomarse al paisaje que se abre decenas, a veces cientos, de metros más abajo. No hace falta escalar una pared ni lanzarse en parapente. Basta con seguir avanzando.Mucho antes de convertirse en atracciones turísticas, los puentes suspendidos respondían a una necesidad elemental: alcanzar la otra orilla de un río, salvar un barranco o atravesar una garganta allí donde hacerlo por tierra exigía un enorme rodeo o resultaba imposible. Cuerdas, fibras vegetales y madera permitieron construir pasos ligeros en terrenos abruptos; después llegaron los cables de acero y soluciones de ingeniería capaces de cubrir distancias cada vez mayores.El Puente del Gran Cañón de Huajiang, en China, uno de los puentes colgantes más espectaculares del mundo y el más alto sobre el fondo de un cañón.YouTube / Aerial ChinaLa función esencial continúa siendo la misma, pero en muchos lugares la lógica se ha invertido. Ya no se cruza el puente únicamente para llegar al otro lado: se viaja hasta allí para cruzarlo.TipologíasNo todos los puentes suspendidos son tibetanosEl 516 Arouca, en Portugal, es un puente peatonal suspendido, aunque técnicamente no es un puente tibetano.Creative CommonsEl término «puente tibetano» se utiliza con frecuencia para describir casi cualquier pasarela suspendida sobre el vacío, aunque existen diferencias. En su concepción más sencilla, el llamado puente tibetano utiliza cuerdas o cables para apoyar los pies y otros laterales que sirven de pasamanos y proporcionan estabilidad. Los puentes de cuerda pueden incorporar tablones de madera, mientras que las grandes pasarelas colgantes contemporáneas recurren a cables de acero, plataformas metálicas y sistemas de estabilización mucho más complejos.También existen pequeños puentes suspendidos integrados en vías ferratas y otros recorridos de montaña. En estos casos, atravesarlos forma parte de una actividad técnica que puede exigir arnés y aseguramiento a un cable de vida.Las fronteras entre unas tipologías y otras no siempre son nítidas, pero sus orígenes y finalidades pueden ser muy diferentes.El Caminito del Rey, en Málaga, recorre las paredes del desfiladero de los Gaitanes mediante espectaculares pasarelas suspendidas sobre el vacío.Web oficial del Caminito del Rey.HistoriaDe los puentes de necesidad a los puentes de aventuraPuente Carrick-a-Rede en Escocia.TercerosEl Carrick-a-Rede, en Irlanda del Norte, permite entender bien esa evolución. No nació para atraer visitantes. Los pescadores de salmón levantaron allí el primer puente de cuerda en 1755 para comunicar los acantilados con una pequeña isla rocosa y evitar depender de una embarcación. El paso queda suspendido casi 30 metros sobre el Atlántico. Hoy ya no hay actividad pesquera —el último salmón se capturó en 2002—, pero aquel antiguo acceso de trabajo se ha convertido en uno de los lugares más conocidos de la costa de Antrim.El puente tibetano de Canillo, en Andorra, un espectacular ejemplo de este tipo de pasarelas suspendidas, con 603 metros de longitud sobre el Vall del RiuToni UbachMuy distinta es la razón de ser de algunas de las construcciones actuales. El Pont Tibetà de Canillo, en Andorra, atraviesa la Vall del Riu a más de 1.875 metros de altitud. Sus 603 metros de longitud, un metro de anchura y hasta 158 metros sobre el terreno dan una idea de sus dimensiones. Su finalidad no es resolver una comunicación imprescindible entre dos comunidades: aquí, recorrer la pasarela es el objetivo.El 516 Arouca, en Portugal, salva el río Paiva con sus 516 metros de longitud.TwitterEn Portugal, el 516 Arouca responde al concepto de gran pasarela colgante moderna. Sus 516 metros cruzan el río Paiva a una altura máxima de 175 metros, dentro del Geoparque Mundial de la UNESCO de Arouca. Cables de acero sostienen una plataforma metálica de 1,20 metros de anchura, integrada además en el entorno de los Passadiços do Paiva, por lo que el cruce puede formar parte de una ruta a pie.En apenas dos siglos y medio, el contraste con Carrick-a-Rede resulta evidente: de construir un paso para poder trabajar al otro lado de un acantilado a levantarlo para que caminar sobre él sea parte del viaje.AlturaCuando el puente termina en otra cimaEl Peak Walk, en Glacier 3000 (Les Diablerets, Suiza), une dos cumbres de los Alpes mediante una pasarela suspendida de 107 metros.TercerosPara provocar vértigo, sin embargo, no siempre hacen falta cientos de metros de longitud. En los Alpes suizos, el Peak Walk by Tissot, en Glacier 3000, mide poco más de un centenar de metros. Su singularidad está en otro lugar: se encuentra a unos 3.000 metros de altitud y conecta dos cumbres.La percepción cambia por completo. Aquí no se atraviesa un río ni una garganta, sino que se camina entre dos puntos elevados con algunas de las grandes montañas de los Alpes alrededor. La longitud pasa a un segundo plano frente a la exposición y el escenario.El puente colgante Charles Kuonen, en Randa (Suiza), se extiende durante 494 metros sobre el valle alpino.www.myswitzerland.comEn otros casos, el puente mantiene una relación mucho más estrecha con el senderismo. El Charles Kuonen, en Randa, cerca de Zermatt, forma parte de la Europaweg, una ruta de montaña por las laderas del valle de Mattertal. Sus casi 500 metros permiten salvar un profundo barranco y mantener la continuidad del itinerario. En cierto modo, recupera así la función primitiva de estas construcciones: hacer posible un camino allí donde el relieve lo interrumpe.El movimiento también forma parte de la experienciaUna de las sensaciones que más sorprende al pisar estas pasarelas es descubrir que se mueven. Los puentes suspendidos están diseñados para admitir determinadas deformaciones y oscilaciones, mientras cables, anclajes y otros elementos distribuyen las cargas y aportan estabilidad.Saberlo no elimina la reacción instintiva. Ver el suelo a través de una rejilla metálica, sentir una ligera vibración cuando pasan otros caminantes o contemplar cómo la pasarela parece estrecharse hasta convertirse en una línea sobre el valle acentúa la sensación de exposición.El Peak Walk, suspendido a más de 3.000 metros de altitud, conecta dos cumbres de los Alpes suizos con una pasarela de 107 metros.www.myswitzerland.comAhí reside buena parte de su atractivo. Permiten experimentar el vértigo sin afrontar las dificultades técnicas de una vía ferrata o una cresta de alta montaña.Desde las cuerdas de los pescadores de Carrick-a-Rede hasta las enormes pasarelas metálicas actuales han cambiado los materiales, las dimensiones y, sobre todo, los motivos para construirlas. Durante siglos fueron una solución para atravesar lugares aparentemente infranqueables. Hoy seguimos utilizándolas para llegar al otro lado, pero algunas han conseguido algo inesperado: que lo verdaderamente importante ya no sea llegar, sino atreverse a cruzar.