OpiniónEl atentado no solo intentó arrebatarte la vida; primero te quitó la palabra. Y eso, en una democracia, debería estremecernos incluso más.DIRECTOR DE NOTICIAS RCN10.08.2026 22:01 Actualizado: 10.08.2026 22:01 Querido Miguel:Hace un año te fuiste. En realidad, hace más tiempo que dejaste de hablar. Durante dos meses Colombia aprendió a medir el tiempo entre comunicados médicos, partes de esperanza y silencios. El atentado no solo intentó arrebatarte la vida; primero te quitó la palabra. Y eso, en una democracia, debería estremecernos incluso más.Hace apenas unos días, durante la posesión del presidente Abelardo De La Espriella, tanto él como el presidente del Senado hicieron una pausa para recordarte. El Capitolio se puso de pie. No fue una ovación para un partido, sino para una convicción elemental: Colombia jamás debió permitir que las balas reemplazaran las palabras. Aquella escena era también una advertencia.Imagino que, si hubieras podido responder a esos aplausos, habrías cambiado de tema. Me habrías preguntado qué pasó con Colombia durante este año. Te diría que hubo una transición presidencial sin fracturas institucionales, después de una campaña áspera. Que la economía empezó a recuperar confianza, aunque demasiadas familias siguen esperando sentirla a fin de mes. Que las regiones demostraron otra vez que el país también se construye lejos de la pelea nacional, con autoridades, empresarios y comunidades resolviendo problemas mientras Bogotá discute quién tiene la culpa.También te contaría que el mundo avanzó a gran velocidad. La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para instalarse en la vida cotidiana; mientras tanto, las guerras nos recordaron una paradoja incómoda: nunca tuvimos tanta tecnología para mejorar la vida, y seguimos conservando una enorme capacidad para destruirla.Las democracias no se miden por la solemnidad con la que despiden a sus mejores jóvenes, sino por su capacidad para lograr que todos lleguen vivos a escribir su mejor capítulo.Y sé cuál habría sido tu siguiente pregunta: ¿qué pasó con el atentado, con la seguridad, con la violencia? Te respondería que la investigación, en tu caso, avanzó. Que conocemos mucho más de la estructura criminal que lo planeó, que hay nueve capturados, nuevas evidencias y un proceso judicial que debe llegar hasta quienes ejecutaron el crimen y, especialmente, hasta quienes lo ordenaron y financiaron. La verdad judicial importa porque una democracia se defiende castigando a quien intenta sustituir las urnas por las armas. Pero sería insuficiente conformarnos con algunos responsables. Porque el problema que dejó tu asesinato es más grande.Hasta aquí parecería que esta carta es para ti. Pero hace rato dejó de serlo. Es para quienes crecieron —crecimos— contigo. Para una generación de colombianos que ronda los treinta y los cuarenta años y debería estar compitiendo con ideas, creando empresas, investigando, enseñando, haciendo periodismo o entrando a la política, no aprendiendo a despedir a quienes apenas comenzaban a escribir su mejor capítulo.Ese es el daño menos visible de la violencia: no solo interrumpe una biografía, también altera decisiones que jamás podremos contar. El joven que desiste del servicio público, el líder que decide no aspirar, la familia que pide a un hijo que no se meta en política, el empresario que prefiere callar, el periodista que calcula hasta dónde preguntar. Cuando el miedo empieza a seleccionar quién participa, la democracia ya perdió antes de las elecciones.Por eso el homenaje que recibió tu memoria solo tendrá sentido si no termina convertido en un rito anual. Recordarte no puede reducirse a decir cuánto haces falta. Tiene que obligarnos a construir un país donde nadie considere heroico algo que debería ser normal: defender una idea, controvertir al poder, aspirar a gobernar, servir desde lo público y regresar vivo a casa. Esta carta empezó siendo para ti, pero termina siendo para todos los que compartimos tu generación. Las democracias no se miden por la solemnidad con la que despiden a sus mejores jóvenes, sino por su capacidad para lograr que todos lleguen vivos a escribir su mejor capítulo. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
Un año, una carta
El atentado no solo intentó arrebatarte la vida; primero te quitó la palabra. Y eso, en una democracia, debería estremecernos incluso más.










