Con todas las cosas que están sucediendo en Estados Unidos y en el mundo, es comprensible pasar por alto una de las más importantes: cada vez hay más norteamericanos de a pie que no pueden pagar sus deudas, víctimas de una inflación que lleva seis años subiendo pulgada a pulgada como el agua de un pozo de la tortura. Cada vez que un estadounidense hace la compra o, que Dios nos coja confesados, va al médico, la factura es un puñal. Con consecuencias políticas. Para empezar, la morosidad de las tarjetas de crédito ha subido al 13,1%, el máximo marcado desde el apogeo de la Gran Recesión, hace 15 años. Dado que los tipos de interés están relativamente altos y la inflación ha crecido un 25% desde la pandemia, más todavía entre los productos básicos, los estadounidenses deben a los bancos la cifra récord de 1,25 billones (trillions) de dólares. Una libra de carne de vacuno cuesta hoy entre un 50% y un 70% más que en 2020, por ejemplo; la docena de huevos, un 50%; el café y otras bebidas, un 47% de media. Según el Joint Center for Housing Studies, de la Universidad de Harvard, el precio de la vivienda ha aumentado un 54% desde el año del covid. Los factores que explican el encarecimiento son las distorsiones de las cadenas de suministro provocadas por el covid, las inyecciones masivas de dinero a la economía para capear aquel temporal, la invasión rusa de Ucrania y, recientemente, los aranceles de Donald Trump y el cierre del estrecho de Ormuz. TE PUEDE INTERESAR Opinión El precio de la gasolina ha subido un 38% desde febrero, y EEUU depende particularmente de los combustibles fósiles: más del doble, por cada dólar producido, que la Unión Europea. Así que no solo cuesta más dinero llenar el depósito; el encarecimiento de la gasolina, en un país donde casi todos los bienes (72%) se mueven en camiones, acaba trasladándose al consumidor. Otro factor agravante es el recorte histórico en los servicios sociales aprobado por la actual Administración. Para compensar la bajada de impuestos a las grandes fortunas firmada por Trump en 2017 y perpetuada el año pasado, el presidente ha dado un tijeretazo a los programas sanitarios Medicaid y ACA (más conocido como "Obamacare") de un billón de dólares para la próxima década. TE PUEDE INTERESAR Resultado: las primas del seguro médico han subido un 20%, más otro 15% previsto en 2027. Para quienes dependían de los subsidios del ACA, estas se han duplicado. Cerca de un millón y medio de estadounidenses han salido del plan, quedándose, probablemente, sin ningún tipo de cobertura médica. El programa SNAP, que aporta vales de comida a los estadounidenses más necesitados, también ha sido objeto del mayor recorte presupuestario de su historia: un 20%. Y la Casa Blanca ha complicado los pasos para postularse. En Arizona, por ejemplo, el número de personas que reciben los vales ha bajado un 55%. Graves señales Hay muchos más datos en esta línea. La cantidad de adultos menores de 35 años que vive en casa de sus padres ha batido el récord de 25 millones, igual que la deuda de crédito para comprar un coche: 1,68 billones de dólares. Más, incluso, que la deuda de las tarjetas de crédito. Etcétera, etcétera. TE PUEDE INTERESAR Esta es, en general, la situación que vive la mitad de abajo de la sociedad estadounidense: la clase obrera y una buena porción de la clase media. Por eso, una de las conversaciones más comunes al encontrarse con un amigo o un conocido es maldecir los precios de los supermercados, del alquiler, o de las cafeterías, como si un gran cerco se cerrase sobre las perspectivas vitales. Con la "A", la palabra clave... Una de las múltiples causas del ascenso de Donald Trump en 2016 fue la mal curada Gran Recesión de 2008, que se llevó por delante las viviendas, los ahorros y el amor propio de millones de estadounidenses; hoy, una década después, los datos barruntan un escenario, potencialmente, no muy distinto, sumado al hecho de que EEUU es hoy un país más desigual que a principios de siglo. Trump volvió a la presidencia hace un año y medio hablando de "asequibilidad", concepto del que se olvidó nada más ganar las elecciones. La victoria contra pronóstico de Zohran Mamdani en Nueva York se explica, en buena parte, de la misma forma. Todo está caro y el Gobierno tiene que aliviar este peso. Las agendas de los demócratas socialistas que están ganando sus respectivas primarias tienen los mismos mimbres: un impuesto del 7% a las grandes fortunas, sanidad pública universal, fondo soberano de IA. El último es Abdul el-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan tras ganar a su contrincante moderada el 5 de agosto. TE PUEDE INTERESAR Esta corriente de fondo aflora a la superficie de distintas maneras, unas más inquietantes que otras. Muchos comedores de beneficencia, por ejemplo, están a rebosar. Tres cuartas partes de ellos han registrado un aumento de las necesidades en el último año. Feeding America, que gestiona más de 200 bancos de alimentos en todo el país, estima que la afluencia ha crecido entre un 25% y un 40%. Centros de datos y socialismo Los centros de datos, que son la infraestructura de la revolución de la inteligencia artificial, han pasado a simbolizar el problema. Estos mamotretos con miles de servidores, cables de fibra óptica, generadores y demás, crean poco empleo más allá de su construcción, pero consumen cantidades ingentes de electricidad y de agua, lo cual eleva las facturas y degrada la calidad de vida (ruido, contaminación, agua negruza) de los vecindarios. Más allá de las ventajas de todo tipo que seguro que traerá la IA, su cara visible son los tecnomagnates; alguno de ellos, billonario. Entre los miembros de la generación Z, la simpatía hacia el socialismo ronda el 53%, según una encuesta de Cato/YouGov; el capitalismo es más impopular: lo aprueba un 45%, algo inimaginable en EEUU hace solo unos años. Si uno entra hoy en una librería estadounidense, verá numerosos títulos nuevos con las palabras "oligarquía", "fascismo" o "resistencia". TE PUEDE INTERESAR Otra pincelada importante para entender el ambiente en EEUU es la descarada corrupción del presidente, sus familiares y sus allegados. Más de un lector atrapado en el mundo de ayer, el mundo cómodo de las simetrías, el mundo de "A" es malo pero es que "B" es malo también, o de "X" roba pero es que "Y" robó igual, se levantará del asiento propulsado por un resorte y gritará "¡análisis sesgado!". Quizás sea saludable repasar la destrucción minuciosa de todos los mecanismos internos de supervisión del Gobierno; la marginación del cuerpo diplomático, de cuyas labores se encargan un yerno y un amigo sin experiencia, pero con enormes intereses privados en los países con los que les toca lidiar; los negocios familiares con la FIFA; el uso de aranceles para extorsionar a gobiernos, conminados a ofrecer contratos inmobiliarios a la familia Trump; los contratos militares familiares con el Pentágono; los tejemanejes con criptomonedas; o el pago de donaciones a los fondos de campaña de Trump a cambio de prebendas, y un largo etcétera. Los expertos en corrupción Alexander Cooley y Daniel Nexon han argumentado que la Administración Trump no es un gobierno que, de vez en cuando, incurra en prácticas de corrupción; sino que la corrupción, la depredación continua, en EEUU y en el extranjero, es su prioridad número uno. TE PUEDE INTERESAR Hay otro mimbre, que es el más problemático de todos: la violencia política. 2025 fue el primer año en más de tres décadas en el que los ataques de extrema izquierda superaron a los de extrema derecha en EEUU. En parte porque los de ultraderecha, al estar muchos de sus postulados representados en la Casa Blanca, disminuyeron. Y en parte porque los de ultraizquierda aumentaron, incluidos los intentos de asesinato contra el presidente, el asesinato de uno de sus principales aliados, Charlie Kirk, o el asesinato del CEO de United Healthcare, cuyo autor, Luigi Mangione, se ha convertido en un icono en determinados círculos de la izquierda: el "héroe" que asesinó, disparando por la espalda, a un hombre desarmado. "¡Dejad de lloriquear!" No todo el mundo es consciente de estos sentimientos. A pesar de que su popularidad está en mínimos históricos, y de que miembros de su partido lo persuaden para que abandone políticas antipáticas, como los aranceles, la guerra de Irán y la continua obsesión con levantar monumentos dorados, Donald Trump sigue con ellas. Y afirma, falsamente, que "los costes están bajando mucho", para luego otorgarse a sí mismo un "A+" (matrícula de honor) en gestión económica. Algunos republicanos han adoptado la táctica de pedir a sus conciudadanos que dejen de lloriquear como nenazas y que apoquinen sin rechistar los 20 dólares que ya cuesta un burrito. "Me acabo de enterar de esa estúpida polémica sobre el burrito de 20 dólares", escribió el congresista Dan Crenshaw, "así que pensé en hacer rabiar a los perdedores de las redes sociales antes de irme a dormir". TE PUEDE INTERESAR "Dejad de lloriquear, conseguid un trabajo y comed ramen, como hicimos el resto de nosotros en la universidad cuando andábamos cortos de dinero y vivíamos con cuatro compañeros de piso", continuó Crenshaw. "Al mercado no le importa cuánto creéis que debería costar algo. Eso solo les importa a los comunistas (...). ¿Acaso sois comunistas? ¿O sois hombres adultos capaces de valerse por sí mismos?". Otros conservadores están, sencillamente, preocupados. Las elecciones de medio mandato están a menos de tres meses de distancia, y, aunque el Partido Demócrata sigue siendo, como manda la tradición, impopular, la aprobación de Trump ha tocado el mínimo del 35%. Y las midterms suelen representar un castigo al partido en el poder. Sobre todo cuando un burrito cuesta 20 dólares.