La estabilización de las variables financieras que exhibe el Gobierno sigue sin encontrar su correlato en la economía real, donde las familias argentinas se encuentran atrapadas en un laberinto de ingresos insuficientes y un endeudamiento que no frena. Mientras en el quinto piso del Palacio de Hacienda se celebra la desaceleración de la inflación, el tejido productivo y comercial padece una crisis sectorial profunda. El consumo masivo no logra repuntar porque la radiografía de las finanzas personales muestra un deterioro estructural que ya encendió las luces de alarma. La magnitud del atraso en los pagos alcanzó cifras críticas que evidencian el ahogo de la clase media y baja. De acuerdo con un exhaustivo informe elaborado por Eco Go y la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, los números reflejan un escenario de insolvencia sostenida: "La mora consolidada total sigue creciendo: alcanzó el 17,5% del crédito a las familias, el vigésimo aumento mensual consecutivo". El impacto de este fenómeno sobre el volumen de dinero circulante es innegable y paraliza cualquier intento de reactivación rápida. El mismo documento advierte que "la mora sigue subiendo y ya se lleva casi uno de cada seis pesos prestados". Detrás de estas cifras millonarias —el crédito total ascendió a 97,1 billones de pesos a junio de 2026—, el impacto social es evidente, dado que el 26,1% de los deudores ya registra al menos un saldo irregular en sus compromisos financieros.