“Listos o no, allá voy”. El juego de las escondidas para Natalia González empezaba en el municipio de Vista Hermosa (Meta), con el sonido de las balas cruzadas, los zumbidos de las avionetas o las fuertes explosiones que sacudían la tierra.Natalia González en labores de desminado humanitario.Foto:CortesíaLas señales de los enfrentamientos entre la guerrilla, los paramilitares y el Ejército, como en el juego, eran el conteo regresivo para esconderse. “Uno”, sonaba una ráfaga de disparos. “Dos”, estallaba un explosivo. “Tres”, zumbaba una aeronave. Natalia y su hermano, de cuatro y cinco años de edad respectivamente, corrían a su casa y se metían debajo de la cama. Abrían la boca y tapaban sus oídos, esperando que la maña los protegiera de cualquier daño. “Nosotros nos reíamos, nos parecía chistoso. Jugábamos con eso. (...) Sonaban disparos y todo el mundo salía corriendo. Mi abuelita y mi papá oraban de rodillas mientras nosotros queríamos ver por la ventana”, recordó.Luego llegaba el silencio, en muchos casos, acompañado de la muerte. Este le ponía puntos suspensivos al juego de las escondidas, pues ese enfrentamiento terminaba, pero no sería el último. “Después de los fuertes enfrentamientos o cuando los actores armados dejaban los campamentos, nosotros íbamos a mirar qué quedaba. Recogíamos cables, pilas, balas y casquillos: lo típico. Lastimosamente se normalizó la guerra y nuestros padres tampoco nos prohibían hacerlo”, aseveró la joven que hoy tiene 26 años de edad.Natalia González, primera de izquierda a derecha, junto a su equipo de trabajo.Foto:Mauricio Moreno. El Tiempo.Lejos de ser un juego, el conflicto armado en Vista Hermosa ha causado que más de 10.489 personas hayan sido afectadas por hechos como la desaparición forzada, el homicidio, el secuestro y el desplazamiento forzado, según la Unidad para las Víctimas.Además, este es el segundo municipio del país con más accidentes por minas antipersonal (MAP) después de Tumaco (Nariño). De acuerdo con la Acción Integral Contra Minas Antipersonal (Aicma), esta zona del departamento del Meta tiene un total de 369 damnificados por estas explosiones desde 1990 hasta la fecha.“La primera vez que escuché sobre una mina antipersonal fue en la vereda. Unos señores hablaban de una vaca que les habían matado detrás del caserío donde mi papá trabajaba. Después, cerca del corregimiento, un carro explotó y quedaron restos de personas. Ahora que trabajo en el desminado humanitario, entiendo que esos eran campos minados”, señaló Natalia.Las minas antipersonal se encontraban en escuelas, colgadas en los árboles, en caminos transitados por la comunidad, en las zonas de trabajo de campesinos y cerca de los cultivos. Aunque no era en su totalidad, muchos eran de coca, otro de los problemas que afectaba la región. Según el Ministerio de Justicia y Derecho, durante décadas Vista Hermosa fue uno de los territorios con mayor cantidad de siembras ilícitas y con núcleos de producción consolidados. 1, 2, 3 por tiEn 2016, desfiles de grandes camionetas de platón empezaron a verse en Vista Hermosa. Tenían vinilos adhesivos que indicaban que organizaciones humanitarias realizarían el despeje de artefactos explosivos en el territorio. Esto fue producto de la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno nacional y las Farc.“Necesitaba trabajo y un día salió una convocatoria para desminador. La gente decía que era estable, pero yo pensaba: ‘Uy, qué tal si un día despejando piso una mina’. Igual llevé la hoja de vida”, relató.El equipo de recursos humanos, según recuerda la mujer, la percibía muy pequeña a sus 19 años. Le hacían comentarios como “es duro, toca caminar bastante y bañarse con totuma”. Ella pensaba: “Toda la vida me ha tocado así”.Pasó las pruebas y fue contratada. Su primer campo minado fue en Vista Hermosa. A su llegada, grupos armados ilegales que permanecían allí amenazaron al equipo de la organización para evitar los despejes. Nuevamente, se le dio a Natalia un conteo regresivo, debía abandonar la zona en cuestión de horas.Uno, dos, tres por la delgada mujer que tiene puesta una careta, chaleco, detector de metales y guantes. La desminadora fue encontrada por otros actores armados. En Caquetá, miembros de estructuras criminales también les dieron orden de desalojo para que aquellas trampas asesinas, que llaman siembras, permanecieran al acecho. Foto:Mauricio Moreno. El Tiempo.ContenidoDe acuerdo con Natalia, en esos casos la única opción es irse, ya que las organizaciones humanitarias funcionan bajo la confianza y la protección del pueblo. En el momento en que los habitantes anuncian que la zona no es segura o que los mismos criminales los abordan, es hora de terminar la operación en ese espacio.Se trata de salir de un territorio a otro, una situación a la que González no es ajena. Ella sabe bien lo que es caminar kilómetros huyendo de la violencia. En 2003, el enfrentamiento más fuerte que ella presenció ocurrió en la vereda de Puerto Lucas. En fugaces minutos de calma, cuando los disparos cesaron, la gente gritaba: ‘salgan de sus casas’.En la multitud que corría, Natalia iba de la mano de su mamá y su hermano. Tras una hora y media, todo el pueblo llegó a la parroquia de Vista Hermosa, punto que se convirtió en un refugio frente a la violencia.“Algunas personas decidieron retornar y otras, como mi mamá, dijeron: ‘No, ya no más. Como sea salimos, pero no seguimos allá’. Por el temor, nos quedamos viviendo en el casco urbano. Esa historia es la de muchos colombianos. Siempre pensé que lo sorprendente era ver a alguien al que no le había pasado, como en un cuento de hadas”, mencionó González.‘Ella demuestra finura’—¡Yo no sabía que aquí aceptaban menores de edad!——No soy menor, señor— dijo Natalia mientras estaba sentada en el suelo con su pesado equipo de desminado a un lado.—¿Cómo? Usted se ve muy jovencita, muy chiquitica para estar aquí—— Ay, no se preocupe. Ella demuestra finura⁽⁰⁾— comentaron sus compañeros con sonrisas.—Ah, es que hay que mostrar la casta⁽¹⁾— concluyó la mujer.Con una baja estatura y un cuerpo delgado, Natalia ejerció en los equipos de despeje por casi dos años. Luego, con otra organización conoció la Educación en el Riesgo de Minas Antipersonal (ERM) y se formó como facilitadora para orientar sobre esta problemática.Camiones del equipo de desminado humanitario de CDR en Tumaco.Foto:Mauricio Moreno. El Tiempo.Así fue que llegó a Tumaco, el municipio colombiano con más víctimas por MAP y municiones sin explosionar. “Me postulé a una oferta laboral en el Consejo Danés para Refugiados (CDR) como facilitadora para un equipo de ERM en situación de emergencias bajo el esquema de respuesta rápida”, explicó González, con la ligereza de quien supone que cualquiera puede hacer su trabajo.Este camino le permitió llevar el conocimiento a departamentos como Norte de Santander, en algunos municipios de la zona del Catatumbo, también en Nariño, hacia el triángulo del Telembí, y en Caquetá.Mostrando la ‘finura’ por la que se caracteriza llegó a ser líder de un equipo de ERM en apoyo a las operaciones de desminado humanitario. “Alcancé a desempeñar este cargo durante diez meses, hasta que llegó la situación de crisis por temas de financiación en los programas de asistencia humanitaria”, contó. ‘El desminado hace parte de mi’Fue cuestión de 90 días para que el CDR la llamara para ofrecerle el puesto de oficial de Educación en el Riesgo de Minas Antipersonal en Tumaco, donde los artefactos explosivos han dejado un total de 407 personas fallecidas y mutiladas, según Aicma. Sin embargo, los afectados podrían ser más debido al subregistro de este flagelo.Con algunas gotas de sudor cayendo de su frente y la sensación pegajosa que trae la humedad del Pacífico colombiano, Natalia prepara sus tarjetas didácticas, pruebas de conocimiento para la comunidad y muestras falsas de las múltiples formas que pueden tener las minas antipersonal.Llega a diferentes salones en los que personas de todas las edades se sientan a escucharla. Les enseña qué hacer y qué no en caso de encontrarse con uno de estos artefactos, esto con el objetivo de prevenir accidentes. Su propósito en Tumaco es poder llevar el mensaje de la ERM donde “la necesidad es urgente”.“Yo me daría por bien servida cuando la comunidad me diga: ‘Gracias por los mensajes que usted nos compartió porque nosotros no sabíamos’. Es que el conocimiento es la principal herramienta de protección”, indicó González. Sin embargo, sabe que el camino es largo para entregar el territorio como libre de sospecha.Foto:Mauricio Moreno. El Tiempo.ContenidoUn pendiente en su vida es certificarse como oficial técnica que tiene el rol de planear, dirigir y supervisar los campos minados, ya que se preparó, pero no logró adquirir el diploma por las complicaciones de financiación de las organizaciones internacionales.Su madre, en ocasiones, le dice que debería conseguir un trabajo cerca de su familia: “ni porque estuviera ganando millones por allá lejos en territorios donde nadie la conoce”, le dice.En el plano sentimental, Natalia asegura que es difícil proyectarse con una pareja, debido a los constantes cambios de ubicación y a la dificultad de encontrar a alguien que pueda adaptarse a ese estilo de vida. Aun con las complicaciones de seguridad, la lejanía con su familia y los obstáculos para tener una relación, la joven afirma que sigue en el desminado humanitario porque siente que es su vocación y ya hace parte de ella.⁽⁰⁾ Muestra de habilidades y talento⁽¹⁾ CalidadTATIANA MORENO QUINTERO ENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPO A TUMACO (NARIÑO)