Las preguntas de Royce White sobre pelucas, barba o tono de voz llevaron su protesta contra las normas de elegibilidad de la WNBA a un terreno deliberadamente provocador. El exjugador de la NBA, elegido con el número 16 del Draft de 2012 por Houston Rockets, anunció que se identifica como mujer trans y que pretende optar al Draft femenino de 2027.
White aseguró que su candidatura era seria, afirmó que sería “imparable” en la cancha y reclamó conocer los parámetros exactos que tendría que cumplir para poder jugar.
Enes Kanter Freedom, antiguo pívot de la NBA y elección de primera ronda en 2011, había anunciado pocas horas antes una iniciativa con el mismo propósito de cuestionar esas reglas. Tras revisar el marco de elegibilidad, presentó su candidatura bajo la premisa de que la autoidentificación bastaría para cumplir las condiciones y escribió que “si basta con declarar quién eres para cumplir los requisitos, entonces cumplo todos los necesarios para competir en la WNBA”. Kanter precisó además que su mensaje no pretendía burlarse de ninguna comunidad y pidió a la liga que delimitara mejor sus criterios.
El convenio vigente deja abiertas varias cuestiones sobre la elegibilidad
El principal límite a la premisa empleada por ambos exjugadores aparece en el Convenio Colectivo de la WNBA de 2020, que regula quién puede competir en la liga. Su artículo XIII establece que “solo las jugadoras son elegibles para competir en la WNBA”, pero el documento no ofrece una definición más específica de mujer ni establece criterios sobre sexo biológico, niveles hormonales o características físicas. El acuerdo tampoco incluye una cláusula que conceda elegibilidad automática por declararse o identificarse como mujer.










