El principal reto de branding para las organizaciones comienza cuando la propuesta llega a los directivos.Existe una idea bastante extendida en el mundo del branding: que el principal reto de un proyecto es construir una buena estrategia o una identidad diferencial. Sin embargo, en las organizaciones complejas este trabajo representa s�lo una parte del camino. La verdadera prueba comienza cuando la propuesta llega al comit� de direcci�n, porque es ah� donde la marca pasa a convertirse en una herramienta de gesti�n empresarial.Muchas veces interpretamos las reuniones con el board como un proceso de aprobaci�n. Pensamos que el objetivo consiste en convencer al comit� de que una determinada estrategia o identidad es la correcta. Pero esa visi�n simplifica en exceso lo que realmente sucede, porque un comit� de direcci�n no funciona como un cliente al que haya que persuadir. Es un espacio donde confluyen responsabilidades, incentivos y formas muy distintas de interpretar la realidad de la empresa.Karl Weick, uno de los grandes referentes de la teor�a organizacional, desarroll� el concepto de sensemaking para explicar precisamente este fen�meno. Las organizaciones no reaccionan ante una realidad objetiva, construyen significado sobre ella. Cada directivo interpreta los mismos hechos desde el contexto de su funci�n, su experiencia y las decisiones que est� obligado a tomar. No observan empresas diferentes, pero s� empresas que parecen distintas porque lo hacen a trav�s de las lentes de su responsabilidad.Por eso resulta tan habitual que una misma propuesta genere preguntas aparentemente inconexas. El director financiero quiere comprender el retorno y el riesgo de la inversi�n. El responsable comercial intenta anticipar el impacto en clientes y ventas. Operaciones observa la complejidad que introducir� el cambio. Recursos humanos piensa en la capacidad de movilizar a la organizaci�n. Marketing busca diferenciaci�n y relevancia competitiva. Ninguno est� equivocado y, probablemente, cada uno de ellos est� haciendo exactamente aquello por lo que la organizaci�n les ha confiado su responsabilidad.El error aparece cuando interpretamos esas preguntas como resistencias individuales y tratamos de responderlas una a una. En realidad, la mayor�a no son objeciones, sino s�ntomas de un problema diferente: el comit� todav�a no comparte una interpretaci�n com�n del desaf�o estrat�gico. Mientras cada funci�n siga evaluando el proyecto desde sus propios criterios, la conversaci�n tender� a fragmentarse. Y cuando eso ocurre, la marca acaba discuti�ndose desde preferencias funcionales en lugar de hacerlo desde una visi�n compartida de negocio.Con el tiempo he aprendido que el mayor valor de un proyecto de branding no consiste en definir un posicionamiento brillante ni en dise�ar una identidad memorable. En absoluto. La mayor aportaci�n es construir un lenguaje com�n para que personas con responsabilidades muy distintas puedan tomar decisiones coherentes sobre el mismo futuro, porque ah� el centro pasa a ser la empresa que se quiere construir durante los pr�ximos a�os.Es precisamente ah� donde el branding adquiere una dimensi�n mucho m�s estrat�gica de la que habitualmente se le atribuye. Su funci�n no es construir un relato atractivo ni una identidad reconocible, sino proporcionar un marco compartido desde el que una organizaci�n pueda interpretar la realidad y tomar decisiones coherentes. Una marca s�lida no reduce la complejidad porque elimine las diferencias entre los miembros del comit�, la reduce porque ofrece un criterio com�n para resolverlas. Ese cambio en el debate transforma completamente el papel de la marca: deja de ser un ejercicio de expresi�n para convertirse en un sistema de decisi�n. Una buena estrategia de marca no solo explica qui�n es una organizaci�n: ayuda a decidir qu� oportunidades perseguir, qu� renuncias asumir, qu� innovaciones desarrollar, qu� adquisiciones tienen sentido o qu� cultura ser� necesaria para sostener el crecimiento.El principal desaf�o del branding en Catalunya no es creativo, sino de gobierno corporativo. El 92,3% de las empresas catalanas son familiares y generan el 76,9% del empleo privado. Ese �xito tiene una consecuencia organizativa: muchas decisiones estrat�gicas conviven entre dos l�gicas igualmente leg�timas. Por un lado, la l�gica empresarial, orientada al crecimiento, la rentabilidad y la competitividad; por otro, la l�gica patrimonial y familiar, que incorpora elementos como el legado, la continuidad generacional, la reputaci�n del apellido o la preservaci�n de determinados valores. Empresas como Gallina Blanca, Casa Tarradellas, Bon Preu, Borges o Europastry han tenido que recorrer ese camino: pasar de una marca que representaba la voluntad de una familia a una marca capaz de alinear a miles de empleados, m�ltiples generaciones familiares, equipos directivos profesionalizados y socios externos alrededor de un mismo proyecto empresarial.El gran Peter Drucker afirmaba que la principal funci�n del management consiste en hacer productivos los distintos conocimientos especializados de una organizaci�n. Quiz� podr�amos extender esa reflexi�n al branding. Su funci�n no es lograr que todos piensen igual, sino conseguir que personas con perspectivas leg�timamente diferentes puedan avanzar en una misma direcci�n. Tal vez por eso los proyectos de marca con mayor impacto no son aquellos en los que hubo menos debate. Son aquellos en los que el debate dej� de centrarse en la marca para empezar a centrarse en el futuro de la empresa. Cuando eso sucede, el branding deja de ser un entregable y se convierte en una infraestructura para la toma de decisiones. Y ese es, probablemente, su valor m�s estrat�gico y tambi�n el menos visible.
Opini�n | La gesti�n de marca empieza cuando entra el 'board'
Existe una idea bastante extendida en el mundo del branding: que el principal reto de un proyecto es construir una buena estrategia o una identidad diferencial. Sin embargo, en las...











