Viajar entre una y dos horas en transporte público, levantarse antes del amanecer y regresar a casa cuando ya cayó la noche forman parte de la rutina de cientos de ciudadanos que por trabajo cruzan a diario los límites de su ciudad.Cuando son las 18:00 de un día laboral, la terminal terrestre de Guayaquil empieza a llenarse de pasajeros.¿Qué cambia para los propietarios que deben alícuotas?: reforma clarifica los límites y restricciones en urbanizaciones y edificiosEn el segundo piso, decenas de personas esperan los buses que las llevarán de regreso a sus hogares, ubicados en cantones y provincias vecinos.PublicidadMuchas de ellas viven en Los Ríos, en el interior de Guayas o en Manabí, pero trabajan en Guayaquil.Otras residen en el Puerto Principal y cada mañana se desplazan a otras ciudades para cumplir con su jornada laboral.Detrás de cada viaje hay familias que dependen de ese esfuerzo y sueños que mantienen viva la motivación para repetir la misma rutina al día siguiente.PublicidadPublicidadAndrea Macías, de 37 años, es una de esas personas que incluso es cabeza de su hogar. Desde hace tres años viaja de lunes a viernes desde Guayaquil hasta Vinces, en la provincia de Los Ríos, donde trabaja como docente. Vive junto con su madre y su hija.Su jornada comienza a las 06:00. Primero deja lista a su hija para ir a la escuela y luego toma un alimentador de la Metrovía que la lleva hasta la terminal de Pascuales. Desde allí aborda el bus con destino a Vinces, donde cumple su jornada laboral.Al terminar el día, emprende nuevamente el regreso. Cerca de las 20:00 llega a Guayaquil y se baja en la vía a Daule, cerca del complejo penitenciario, para tomar otra unidad de la Metrovía hasta su casa.Ella explicó que decidió mantener esta rutina porque le permite ahorrar dinero. Calcula que gasta alrededor de $ 7 entre todos sus traslados y señala que, al viajar con frecuencia, al menos la mitad corresponde al valor del pasaje interprovincial.Antes vivía en Vinces y arrendaba una vivienda. En esa época solo viajaba los fines de semana a Guayaquil para visitar a su familia, pero la situación económica y el reporte de delitos la hicieron cambiar de decisión.Cuenta que debía asumir el pago del arriendo y los servicios básicos. Además, asegura que en ese cantón enfrentó problemas relacionados con extorsiones, por lo que prefirió regresar a vivir en Guayaquil y trasladarse diariamente a su lugar de trabajo.PublicidadDurante un tiempo también intentó hacer el recorrido en vehículo propio. Sin embargo, considera que las condiciones de las carreteras no son las más adecuadas, tomando en cuenta los baches y otros temas de seguridad.“Voy mejor en el bus, ya que voy con más pasajeros”, comenta.Aunque reconoce que la rutina es agotadora, asegura que el esfuerzo tiene una recompensa. Permanecer en Guayaquil le permite acompañar a su hija antes de que vaya a la escuela y contribuir con los gastos del hogar.“Nos toca seguir luchando, sacrificándonos por nuestros hijos, porque tenemos una familia detrás. Hay que agradecer porque hay trabajo, aunque sea sacrificado”, enfatizó.Una historia similar vive Ginger Castillo. Ella reside en Milagro y todos los días viaja hasta Guayaquil para trabajar como enfermera en una casa de salud ubicada en el sur de la ciudad.Además de trabajar, es emprendedora, ama de casa y estudia cosmetología. Es madre de tres hijos y asegura que todo el esfuerzo diario tiene un propósito.Su jornada comienza a las 04:00. Sale de su casa en bus hacia la terminal de Milagro y desde allí toma otra unidad hasta la terminal terrestre de Guayaquil para llegar a tiempo a su trabajo, donde empieza su turno a las 07:00.“Es extenso y costoso”, afirmó al explicar que solo en el trayecto de ida gasta aproximadamente $ 5 entre buses y otros desplazamientos.En ocasiones opta por utilizar un servicio de expreso que traslada a trabajadores desde Milagro hasta Guayaquil. En esos días, comenta, el viaje le cuesta alrededor de $ 12.Su mayor motivación es alcanzar una meta personal. Aspira a terminar sus estudios de cosmetología y abrir su propio centro estético para compartir más tiempo con su esposo y sus hijos.“Es un sacrificio que hago más que todo por mis hijos”, manifestó.Los días en los que tiene clases puede salir antes del hospital y regresar más temprano a Milagro.Sin embargo, cuando le corresponde hacer guardia, permanece en el trabajo hasta las 19:00 y llega a su hogar después de las 21:00.Por su parte, Juan Medina es docente y todos los días viaja desde Guayaquil hasta Vinces para cumplir con su jornada laboral.Para él, la rutina comienza desde muy temprano y está marcada por la incertidumbre que implica trasladarse diariamente entre ambas ciudades.“La rutina implica una complejidad bastante fuerte desde el momento en que uno se levanta”, mencionó al referirse a que constantemente piensa en si pasará algo durante el trayecto en bus o si llegará a tiempo a su trabajo.Explicó que aunque podría quedarse a vivir en Vinces porque tiene familiares en esa ciudad, prefiere regresar todos los días a Guayaquil para compartir con su esposa y mantener a su familia unida.Además del desgaste físico, el viaje representa un gasto económico importante. Medina indicó que destina entre $ 10 y $ 11 diarios para movilizarse en buses.Pese a ello, asegura que el esfuerzo tiene una motivación clara.“Es un sacrificio que hacemos por nuestra familia. Detrás de cada viaje siempre hay un sueño, un propósito y el deseo de salir adelante. No olvidemos que nuestro esfuerzo vale la pena; hay que seguir siempre adelante”, resalta.Otro caso es el de José Mallea, comerciante que también viaja desde Guayaquil hasta Vinces para trabajar armando ventiladores. Su jornada empieza a las 06:20, cuando sale de su casa y toma la Metrovía hasta la terminal de Pascuales. Al finalizar el día, regresa a Guayaquil y llega alrededor de las 20:30.Además de ventiladores, comercializa medicinas naturales, sábanas, toallas y hamacas. Lleva más de 30 años realizando este recorrido de martes a sábado para sostener su actividad económica.“Claro que es un sacrificio, pero no me queda de otra. Hay que trabajar”, expresa el hombre.Detrás de cada viaje hay horas de traslado, gastos económicos y desgaste físico, pero también la determinación de mantener un empleo, sostener a sus familias y perseguir mejores oportunidades.En las noches, en los pasillos de la terminal, se observa a cada uno de estos trabajadores que tiene el ansia de volver a ver a los suyos en casa luego de una jornada larga de trabajo. (I)