Hay programas que terminan un d�a cualquiera. Y hay programas que, cuando terminan, se llevan consigo una parte de quienes fuimos. Cine de barrio pertenece a los segundos. Este s�bado, mientras en La 1 se emit�a Cateto a babor, una leyenda de la televisi�n espa�ola se apag� casi en silencio. No hubo grandes despedidas, ni un homenaje, ni un repaso a sus tres d�cadas de historia. S�lo In�s Ballester, al final de la tertulia del programa que precede a la pel�cula, diciendo dos palabras que sonaron mucho m�s definitivas de lo que seguramente pretend�an: "Hasta siempre".La pel�cula que cerraba una era no pod�a ser otra que una de aquellas que parec�an hechas para regresar a la memoria. Cateto a babor, Alfredo Landa, el cine espa�ol de toda la vida. El mismo cine que durante a�os sirvi� de excusa para algo mucho m�s importante: sentarse frente al televisor y volver a una �poca que ya no existe. A los s�bados con los abuelos. A las familias reunidas alrededor de una televisi�n. A un pa�s que se reconoc�a en sus pel�culas y que Cine de barrio convirti� en una conversaci�n.Porque lo que muri� este s�bado en La 1 no fue un programa de cine. Muri� el Cine de barrio que conoc�amos. El de la tertulia, el de los colaboradores, el de las historias que hab�a detr�s de cada pel�cula, el de los presentadores que fueron poniendo voz a varias generaciones y el de una televisi�n que entend�a que mirar hacia atr�s tambi�n pod�a ser una forma de hacer televisi�n de servicio p�blico.A partir de la pr�xima temporada, tal y como adelant� El Pa�s la semana pasada, Cine de barrio seguir� existiendo en La 2. Pero ser� otra cosa. Sin In�s Ballester. Sin tertulia. Sin colaboradores. Sin esa conversaci�n previa que convirti� durante a�os una pel�cula en un acontecimiento. Quedar� la cinta. Quedar� el nombre. Quedar� la memoria.La decisi�n supone mucho m�s que un cambio de cadena. Es el final de una manera de hacer televisi�n que convirti� a Cine de barrio en uno de esos programas reconocibles desde el primer minuto, incluso antes de que comenzara la pel�cula. Solo con la melod�a de arranque. Durante a�os, el espectador no encend�a La 1 �nicamente para saber qu� cinta tocaba aquella tarde de s�bado. Encend�a la televisi�n para escuchar a sus protagonistas hablar de ella, para descubrir una historia detr�s de una actriz o un actor, para recordar una canci�n o para participar, aunque fuera desde el sof�, en una conversaci�n que ten�a mucho de reuni�n familiar.La historia de Cine de barrio comenz� en 1995, cuando TVE decidi� recuperar un espacio dedicado al cine espa�ol de d�cadas anteriores. Desde entonces, el programa ha ido sobreviviendo a cambios de cadena, horarios, presentadores y etapas televisivas hasta convertirse en una de las marcas m�s reconocibles de la televisi�n p�blica.Por su plat� han pasado diferentes generaciones de presentadores. Carmen Sevilla fue uno de los primeros grandes rostros vinculados al programa. Despu�s llegaron nombres como Celia Blanco, Concha Velasco, Carmen Alcayde, In�s Ballester y otros presentadores que fueron dejando su sello en un espacio cuya personalidad acab� siendo m�s fuerte que la de cualquiera de sus conductores.Especialmente recordada es la etapa de Carmen Sevilla, cuya manera de presentar y su v�nculo con el cine espa�ol contribuyeron a construir el tono cercano y popular del programa. Tambi�n quedaron en la memoria los a�os de Concha Velasco, otra figura esencial de la televisi�n y del cine espa�ol que convirti� el espacio en una extensi�n natural de su trayectoria.Pero Cine de barrio no se construy� �nicamente alrededor de sus presentadores. Los colaboradores fueron adquiriendo un peso fundamental. La tertulia termin� convirti�ndose en una se�a de identidad: un espacio en el que hablar de las pel�culas era tambi�n hablar de quienes las protagonizaron y de una �poca de Espa�a.Por eso el anuncio de que esa tertulia desaparece ha generado una reacci�n especialmente sentimental entre quienes han participado en ella.Uno de ellos es Carlos Barea, colaborador del programa que estuvo presente este s�bado, que quiso despedirse en X del espacio tal y como lo ha conocido. "Ayer se emiti� el �ltimo programa de Cine de Barrio, tal y como lo conocemos, en el que colaboro", escribi�. Barea record� que hab�a sido "una suerte" formar parte de ese equipo hablando de Roc�o Jurado. La voz que nos hizo sentir libres, editado por Dos Bigotes, y compartiendo espacio "junto a Iborra, de Paco Tom�s e In�s Ballester".Su mensaje resume bien lo que se acab� este s�bado: no solamente un programa, sino una forma de entender el programa.Durante a�os, Cine de barrio supo hacer algo que no resulta sencillo: convertir la nostalgia en un producto televisivo sin necesidad de pedir perd�n por ella. No escondi� nunca su condici�n de programa popular ni el car�cter aparentemente modesto de las pel�culas que emit�a. Al contrario, hizo de ello su principal virtud.En una televisi�n cada vez m�s obsesionada con el estreno, la novedad y la actualidad, Cine de barrio decidi� mirar hacia atr�s. Y encontr� all� una audiencia.El programa se convirti� en un punto de encuentro para quienes hab�an crecido con aquel cine y para quienes lo descubrieron despu�s. Su importancia no estaba �nicamente en las audiencias. Estaba en su capacidad para conectar una pel�cula con un recuerdo personal.Lo explicaba perfectamente uno de los espectadores que reaccion� ante el final del formato tal y como se ha conocido: "Pues a m� me gustaba, me recuerda cuando lo ve�a con mis abuelos y tengo 39 a�os y lo sigo viendo, la verdad no se merec�a un final as� el programa".Otro espectador reclamaba directamente que RTVE reconsiderase su decisi�n: "Espero que recapaciten y lo sigan poniendo en La 1 de RTVE. Es memoria de Espa�a, Cine de barrio".Ah� est�, probablemente, la clave de la despedida. Para muchos espectadores, Cine de barrio no era una pel�cula que se emit�a los s�bados. Era el recuerdo de ver una pel�cula con los abuelos. Era una televisi�n que se heredaba de una generaci�n a otra.La nueva etapa mantiene la marca, pero cambia radicalmente el concepto. Cine de barrio pasar� a emitirse en La 2 y lo har� sin la tertulia previa y sin presentadora. La pel�cula ser� el centro y pr�cticamente el �nico elemento del espacio.La decisi�n se enmarca en una remodelaci�n de la programaci�n de los fines de semana de La 1. El objetivo de RTVE es ocupar el hueco que deja Cine de barrio con un magac�n centrado en la actualidad, inspirado en el modelo de producci�n de programas de divulgaci�n y emisi�n en directo como Aqu� la Tierra.Es decir, donde hasta ahora hab�a cine, memoria, conversaci�n y nostalgia, RTVE quiere colocar actualidad, informaci�n y directo.El cambio responde a una l�gica televisiva. Pero tambi�n implica una p�rdida simb�lica. Porque una cosa es emitir cine espa�ol cl�sico en La 2 y otra muy diferente construir alrededor de �l un programa que durante a�os ha tenido sus propios c�digos, sus propios rostros y una comunidad de espectadores.La pel�cula continuar�. La marca continuar�. Pero el programa, tal y como lo conoc�amos, termina.Y quiz� por eso aquellas dos palabras de In�s Ballester resultaron tan significativas. "Hasta siempre" no fue un discurso. No hubo tiempo para explicar lo que se iba, ni para repasar sus mejores momentos, ni para recordar a todos los que hicieron posible su historia. Simplemente, un "hasta siempre".Despu�s, Cateto a babor. Y con ella, el �ltimo viaje de Cine de barrio en La 1.A partir de la pr�xima temporada, el cine seguir� estando ah�. Pero faltar� todo aquello que durante a�os hizo que muchos espectadores no encendieran el televisor solamente para ver una pel�cula, sino para sentirse, durante un par de horas, de nuevo en casa.Porque quiz� esa haya sido la verdadera grandeza de Cine de barrio: conseguir que una pel�cula vieja nunca fuese solamente una pel�cula vieja. Era una canci�n, un actor, una actriz, una �poca, una conversaci�n, un recuerdo. Y, para muchos, tambi�n los abuelos sentados al otro lado del sof�.