Los vecinos del distrito marítimo de València explotan contra la privatización progresiva de los barrios. Hay vallas en los espacios públicos, zonas que ya no se iluminan, aparcamientos de pago y caminos cerrados, en medio de una turistificación que lo está convirtiendo en un parque temático.
Esta semana, las asociaciones vecinales del Marítimo han remitido un comunicado contra la instalación de vallas en La Marina, la gota que ha colmado el vaso: “Donde ayer paseábamos libremente, hoy encontramos cristales, puertas y caminos cerrados”. Semanas atrás señalaron la falta de iluminación en las zonas cercanas a La Pérgola, un paseo que emplean cientos de vecinos cerca del mar. También la instalación de unos vestuarios para los clientes de La Marina, ubicado junto al edificio del Reloj, que tiene la declaración de Bien de Relevancia Local.
El modelo que se va dibujando en esta relación Puerto-ciudad es el de un espacio privatizado, un mordisco al barrio para que empresas privadas obtengan beneficios. Se proyecta una torre de hasta 30 alturas para hacer oficinas, aparcamientos de pago y explotación comercial, hostelera, de ocio, y espacios para grandes eventos. El pasado marzo se concedió licencia a Marina Port, la marca comercial de las empresas que gestionan la Marina, para construir un edificio de dos plantas que combinará oficinas con una sala de eventos, un nuevo espacio que podrá competir con el Veles e Vents. En cuestión de meses, el barrio ha cambiado por completo.










