Según datos del Instituto Nacional de Estadística, más de 33.000 mujeres mayores de 14 años en España fueron víctimas de violencia machista en 2025. La cifra, aunque un 3,8% inferior a la de 2024, puede representar, sin embargo, apenas la punta del iceberg, ya que estos datos solo hacen referencia a aquellos casos que han dado lugar a la apertura formal de un procedimiento legal. Esta violencia produce un impacto innegable sobre la salud física y mental de las mujeres en el presente, pero sus implicaciones se extienden a medio y largo plazo. Según una revisión liderada por investigadores Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Granada y publicada en la revista científica Maturitas, por cada mujer asesinada como consecuencia de la violencia machista, más de 400 sufren discapacidades graves que lastran su calidad de vida.“Los resultados de nuestra investigación son una muestra inequívoca de que la violencia contra la mujer es un determinante de salud con consecuencias biológicas profundas que perduran durante décadas; los datos confirman que el trauma no solo deja heridas psicológicas, sino que es un estresor crónico que envejece el cuerpo de la mujer”, explica el doctor Nicolás Mendoza Ladrón de Guevara, catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Granada y autor principal del estudio.Entre los impactos que la violencia tiene sobre las mujeres, los resultados del estudio subrayan que aquellas que la han sufrido a lo largo de su vida —durante su infancia, juventud y adultez temprana— pueden ver adelantada su menopausia hasta en 20 meses e, incluso, experimentar síntomas menopáusicos más pronunciados, entre los que destacan los psicológicos (alteraciones del sueño, depresión y ansiedad), los sexuales y urogenitales (mayor prevalencia de dispareunia, sequedad vaginal, disfunción sexual y molestias urinarias) y, especialmente, los síntomas vasomotores como los sofocos y los sudores nocturnos. “La violencia altera directamente el centro de control de la temperatura en el cerebro; por eso, los sudores nocturnos aparecen como una huella física muy clara y constante del trauma vivido”, explica Mendoza.Este adelanto de la menopausia, además, aumenta el riesgo de insuficiencia ovárica prematura, de forma que, como destaca el investigador, la violencia “no solo deja heridas psicológicas”, sino que actúa como “un acelerador biológico que reduce la ventana reproductiva de la mujer y aumenta la probabilidad de que su función ovárica cese mucho antes de lo esperado”.Los autores de la investigación consideran que la violencia machista impacta en la salud reproductiva de la mujer a través de dos niveles: uno biológico y otro de adaptación psicológica. El primero es en forma de desgaste físico y mental, lo que se conoce como carga alostática: “Imaginemos que el cuerpo tiene un sistema de alarma para el estrés. Pues en las mujeres que han sufrido violencia, este sistema se queda encendido permanentemente”, explica Nicolás Mendoza, que añade que esta tensión constante provoca un desgaste acumulativo que acelera el reloj biológico: “El resultado es que el cuerpo envejece antes, lo que explica por qué estas mujeres tienen más probabilidades de tener una menopausia adelantada”.El segundo, que según el investigador es el hallazgo más revelador de la investigación, es lo que se conoce como fenómeno de desacople, es decir, el recurso a la disociación como estrategia de supervivencia. “Hemos detectado que existe una brecha entre lo que el cuerpo siente y lo que la mujer percibe; tras años de violencia, el cerebro desarrolla una estrategia de defensa: ‘desconectarse’ del dolor físico para poder seguir adelante”, apunta.[La violencia] es un acelerador biológico que reduce la ventana reproductiva de la mujer Nicolás Mendoza Ladrón de GuevaraCatedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Granada y autor principal del estudioDe hecho, según el catedrático de la Universidad de Granada, algunas mujeres pueden experimentar una alta frecuencia de síntomas biológicos relacionados con la menopausia, especialmente los sudores nocturnos, pero, sin embargo, reportar un menor impacto subjetivo de estos síntomas en su calidad de vida debido a una habituación.“La violencia sí destruye la calidad de vida, pero de una forma compleja: mientras que los datos objetivos muestran un cuerpo más enfermo y envejecido prematuramente, la percepción subjetiva de la mujer puede estar ‘anestesiada’ por el trauma, lo que hace que la historia clínica detallada sea muy importante para entender su situación real”, subraya el experto.Más allá de la menopausiaSegún la investigación, además de sobre el adelanto de la menopausia y la gravedad de sus síntomas, la violencia contra las mujeres se asocia también con un aumento del doble en el riesgo de infecciones de transmisión sexual y a un incremento de 2,6 veces de la probabilidad de padecer cáncer de cuello uterino en etapa avanzada.El impacto, en todo caso, en base a los datos del estudio, va más allá de la salud reproductiva. De hecho, las mujeres víctimas de violencia machista tienen más probabilidades de sufrir enfermedades cardiometabólicas como la hipertensión, la diabetes, el síndrome metabólico y la enfermedad cardiovascular; mayor riesgo de osteopenia/osteoporosis y fractura y tasas más altas de quejas cognitivas subjetivas y de dificultades de atención y memoria.Lee tambiénEn base a la naturaleza multisistémica de los impactos de la violencia sobre las mujeres, los autores del estudio sugieren que la atención en la mediana edad para mujeres con antecedentes de violencia deben basarse en el trauma, priorizar la atención preventiva (a través del cribado sistemático de infecciones de transmisión sexual y prevención del cáncer de cuello uterino) y facilitar vías de atención integradas que conecten ginecología, salud mental, medicina interna, fisioterapia del suelo pélvico y trabajo social“Las implicaciones de nuestra investigación son profundas y transforman la manera en que entendemos la relación entre las experiencias traumáticas y la salud biológica de la mujer. Los resultados sugieren que la violencia contra la mujer no debe considerarse solo un problema psicosocial, sino un determinante fisiológico crítico del envejecimiento reproductivo”, concluye Nicolás Mendoza.
Sufrir violencia puede adelantar la menopausia hasta 20 meses e incrementar la severidad de los síntomas: “El trauma es un estresor crónico que envejece el cuerpo de la mujer”
Según un estudio liderado por Nicolás Mendoza Ladrón de Guevara, catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Granada, la violencia contra la mujer es un determinante de salud con consecuencias biológicas profundas que perduran durante décadas









