“Después de muchos años de trabajo duro y cuidados, Pedro tiene el jardín de flores más bonito en Viejo México. El problema es que todos los animales en millas a la redonda quieren entrar a comerse sus plantas y el vagabundo del pueblo se cuela para robarse sus semillas. No habrá siesta para Pedro, el jardinero más ocupado al sur de la frontera, que no puede dejar las cosas para mañana”. Esta es la contraportada del único videojuego de la década de 1980 protagonizado por un mexicano que el historiador Mario Fuente Cid encontró en su estudio Aztecas, fútbol y colonialismo, consideraciones sobre la representación de lo mexicano en los videojuegos. Su motivación para hacer este texto, en el que analiza cómo este medio construye narrativas específicas sobre México centrándose en los estereotipos, fue justamente que como videojugador siempre ha sentido una falta de identificación en su ocio favorito. Especializado en las representaciones de la metalurgia en los códices prehispánicos mesoamericanos, básicamente “qué querían representar cuando ponían un hacha”, Fuente Cid escogió centrarse en los videojuegos de la década de 1980 por un motivo práctico. “Esos años es cuando la industria de los videojuegos experimenta un boom, pero no tanto como en la de 1990, lo que hace que haya un número manejable de videojuegos que poder analizar y a la vez sea representativo”, explica. En total, encontró que de 1982 a 1989 hubo 43 títulos relacionados con México. Fuente Cid detalla que hay tres temáticas principales, que justo dan título a su artículo: los deportes, las culturas prehispánicas y el colonialismo. En el primer tema, México no es protagonista, sino simplemente un acompañante, otra más de las naciones que compiten en alguno de los siete juegos de fútbol identificados, o un escenario, como en World Games de 1986, en el que una de las pruebas es saltar desde el acantilado de La Quebrada en Acapulco. En este último incluso se cita a Raúl Chupetas García, que está en el libro Guinness de los Récords por haber realizado 35.000 clavados de altura, y que participó en películas de Tarzán como doble de acción de Johnny Weissmuller. La categoría en la que más destaca es la prehispánica, concretamente combinada con Indiana Jones. En total, más de 20 juegos entran en este saco. “Lo que tienen en común todos estos es que, no importa si eres un saqueador euroblanco o un ‘azteca’ que escapa del sacrificio, el enemigo a vencer son los sacerdotes o figuras de autoridad indígenas”, se lee en el texto, que destaca que todos estos juegos salieron después del estreno en 1981 Raiders of the Lost Ark, la primera película de Indiana Jones con su icónica secuencia inicial en un templo lleno de trampas situado en una selva genérica de Sudamérica. En la mayoría de estos juegos, el protagonista es un sosias de este personaje: un hombre blanco, vestido de caqui o con un salacot, que vence diversas trampas e indígenas hasta llevarse un tesoro. También se incluye un videojuego oficial, Indiana Jones in Revenge of the Ancients, una aventura que describe, en puro texto, como el arqueólogo con menos respeto metodológico viaja desde Ciudad de México a la pirámide Tepozteco para pelearse con nazis. La falta de interés en la documentación se ve que en que las “ruinas aztecas” son representadas con elementos mayas y teotihuacanos. “Este es la temática más vieja, de las más antiguos, que viene desde la literatura pulp y la visión del saqueo colonial, y todavía ahora sigue presente”, argumenta Fuente Cid. Para él la muestra más clara es la saga Tomb Raider, protagonizada por Lara Croft, la versión más famosa de Indiana Jones. “Uno de los últimos juegos se ambienta en Perú, y obviamente es una selva, sin mucho sentido, y como iconográficamente el área inca no es tan rica, utilizan modelos de templo mexicanos”, explica. Es decir, desde el punto de vista de los desarrolladores, lo inca, lo mexica, lo maya... es todo lo mismo.Pero la mayor sorpresa que Fuente Cid se llevó durante su investigación no fue Pedro, el videojuego del mejor jardinero de Viejo México, sino Halls of Montezuma de 1987. “Vi el nombre en el listado y pensé que iba a ser sobre el México prehispánico, pero resultó ser un juego de estrategia en el que una de las principales campañas, además de Corea, Vietnam y la Primera y Segunda Guerra Mundial, es la invasión estadounidense a Ciudad de México de septiembre de 1847 y la toma del castillo de Chapultepec en la que murieron los Niños Héroes.El título viene de la frase inicial del himno de los marines de Estados Unidos, “desde los Salones de Moctezuma a las costas de Trípoli; peleamos las batallas de nuestro país”. Por alguna razón, este cuerpo militar identificó esta batalla con la Conquista española. En esa fase en particular, el jugador se convierte en el general Winfield Scott, futuro gobernador militar de la ciudad, y se enfrenta a Santa Anna. “Lo que para nosotros es una de las mayores invasiones imperialistas que hemos sufrido, para ellos es otro lugar que han conquistado”, resume, “creo que esto contesta todas las dudas que tengamos sobre la representación”.
Los videojuegos sobre México no escapan de Indiana Jones, el fútbol y el colonialismo
El historiador Mario Fuente Cid examina cómo la industria en los años 80 creó una narrativa distorsionada sobre el país que sigue presente en los productos actuales









