La escritora belga Gaea Schoeters (1976) ha escrito una novela con una premisa tan perturbadora como trepidante: la historia de Hunter White, un rico cazador estadounidense al que le ofrecen una presa muy particular en uno de sus viajes a África. El trofeo ha sido un éxito internacional, mención especial del Premio de Literatura de la Unión Europea, y ahora lo publican en España Seix Barral y Empúries enfrentando a los lectores frente a su propia mirada colonial.Intento de dominación“La masculinidad está en crisis porque el dominio físico importa menos en la sociedad digital”¿Qué le dio la idea inicial?Fue una coincidencia. Mientras terminaba otra novela, vi un anuncio en Facebook de un viaje de caza a Pakistán. Decía que se podía comprar una licencia para cazar una especie rara de cabra montesa y que ese dinero financiaba la protección de esa especie. Me fascinó esta contradicción: la idea de que los animales, las cosas, incluso las personas, solo merecen ser protegidos si su valor se puede expresar en dinero.¿De ahí pasó a la premisa escandalosa de cazar a un ser humano?Investigando sobre la caza de trofeos, leí un artículo sobre una tribu del pueblo san en Botsuana. Fueron desplazados a una ciudad donde cayeron en la pobreza y luego fueron reintegrados, esa era la palabra, a su territorio original para restablecer el equilibrio natural. Pensé que, si usamos términos como reintegración para hablar de personas igual que lo hacemos con osos o lobos, es porque los miramos bajo esa misma perspectiva. Bajo esa lógica, si la caza de trofeos es conservación, una caza humana podría verse como ayuda al desarrollo. Es una idea desagradable, pero descubrí que no era tan descabellada.¿Cómo?Al parecer, existen folletos de los años 70 que proponían cazar personas como alternativa. Un médico alemán vino a verme y me dijo que había escuchado casos similares en Sudáfrica. En Italia se está juzgando en estos momentos casos reales de safaris humanos en la guerra de Bosnia. Da miedo darse cuenta de que cazar seres humanos ni siquiera es tan ficticio.Menciona casos de restos humanos en museos, como el de Banyoles.Es impactante. Hay muchos museos con artefactos y restos humanos de origen dudoso, también en Italia. El ejemplo más común son quizá las momias del Museo Británico. Existe un debate sobre su devolución o entierro, porque a veces ni sabemos de dónde proceden. Me resulta impactante darme cuenta de que nos quedamos mirando a personas fallecidas sin plantearnos preguntas.El libro nos enfrenta a nuestros límites morales.Empecé escribiendo sobre la caza, pero me di cuenta de que no tenía nada que ver con la caza. Nos gusta creer que el colonialismo es cosa del pasado, o que, como me he formado en un entorno muy progresista, todos esos conceptos coloniales ya no forman parte de mi forma de pensar. Pero no es así: es aterrador ver cómo de fácil es reencontrarlos, porque nos han educado a través del arte, el cine y la literatura, como en Hemingway o Memorias de África . Seguimos proyectando una imagen obsoleta de África como un paisaje apacible y anaranjado, ignorando su diversidad y realidad política. Utilicé esos clichés para atraer al lector, haciéndole pensar como el cazador hasta que se da cuenta de la sangre en sus zapatos.La escritora Gaea SchoetersAnna WeiseHabla de desplazamientos forzosos y cambio climático, pero en Europa parecemos seguir sin entender estas dinámicas globales.Muchos políticos actúan como si la Tierra fuera plana y si el hemisferio norte no afectara al sur. El cambio climático, provocado por países industrializados, genera inestabilidad y desplazamientos. Yo trabajé en los Balcanes poco después de la guerra. Nadie deja su hogar por gusto; siempre hay una necesidad provocada por dinámicas occidentales. Me sorprende que no nos demos cuenta de que compartimos el mismo planeta.¿Ha notado si las opiniones sobre el libro varían según el país?Aún no hay traducción al inglés porque las editoriales anglosajonas temen que la novela sea cancelada al ser yo una escritora blanca. Es extraño, porque el libro es precisamente una autocrítica sobre la mirada blanca y la proyección colonial. Sin embargo, lectores de países colonizados han mostrado mucho interés; para ellos es una oportunidad de entender la mente de quienes los colonizaron y cómo, al igual que el protagonista Hunter White, no los veían como personas, sino como parte de la fauna.¿Y qué hay de Hemingway?Hemingway es clave por su conexión con la masculinidad y el dominio sobre otro ser. Volví a leer muchas de sus obras porque ponen muy de manifiesto esa conexión entre algo casi erótico que tiene que ver con el dominio y lo que él encuentra en las corridas de toros, pero que también describe en sus novelas de caza. Describe la caza y la tauromaquia como algo casi erótico o místico, donde el hombre se pone en el lugar de Dios al acabar con una vida. Muy a menudo hay música en la caza, o se celebra un pequeño ritual. Creo que eso tiene que ver con su conexión con el acto de matar, pero también con un ritual de transición para demostrar virilidad.¿Esa búsqueda de dominación es signo de masculinidad frágil?Uno podría preguntárselo. La masculinidad está en crisis porque el dominio físico es cada vez menos relevante en una sociedad digital. Por eso vemos esa obsesión por la masa muscular, la masculinidad o el culturismo o el resurgir de la caza como forma de regresar a la naturaleza. De repente, también se ve que las mujeres se sienten atraídas por la caza, y tiene algo que ver con la igualdad; estamos intentando alcanzar la misma posición de poder a través de esta forma masculina. El patriarcado reside en esa necesidad de demostrar valor situándose por encima de los demás.Vivimos en una era de “hombres fuertes”, de matones como Trump o Putin.Es una reacción a los logros emancipadores de las últimas décadas, en las que las mujeres han expandido su territorio hacia el ámbito profesional y la independencia personal. Muchos hombres perciben este avance como una pérdida de terreno y responden intentando recuperarlo en lugar de compartirlo. Incluso en la guerra, la fuerza física tiene menos importancia. Surge del miedo a perder el poder de forma fundamental, lo que requerirá una reorganización completa del sistema social.¿Quién o qué es el trofeo en el mundo actual?Es una buena pregunta. El problema radica en es esa ilusión de acumular riqueza interminable. Y creo que se trata de un gran error, porque uno podría preguntarse qué es realmente la riqueza. ¿Es la riqueza la durabilidad? ¿Es la longevidad? ¿O se puede encontrar en los valores más intangibles, como una sociedad más segura, con más asistencia sanitaria o una mejor educación? Creo que el trofeo es esta idea primitiva de hacerse con todo lo que se pueda: el búnker para cuando llegue la guerra, el terreno innecesario, o la riqueza de ese 1% que jamás podrán gastar en toda su vida.Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).