Actualizado a las 01:24h.
Debo tener la sangre más dulce que la miel, dando la vuelta al título de un cuadro de Dalí de hace exactamente un siglo. Los mosquitos no mienten: en cuanto pueden me asaetan. Tengo algo de 'san Sebastían' del mosquito tigre. Poco importa el repelente ... o la ridícula pulsera rosita de citronela que me han comprado (para más inri lleva escrito 'Love' como si estuviera dando cariñitos a los malditos insectos que me dejan hecho un eccehomo), cae la tarde y comienza mi pesadilla. La cosa llegó a convertirse en conflagración mundial en un autocine en las Marinas de Denia. Ahí pude ver (si en este caso la expresión tiene algún sentido) 'Oppenheimer' hace tres años y ahora mis hijos han tenido la 'feliz' idea de llevarme a ver los 'Minions'. Confieso que en bastantes cosas soy un indocumentado profesional y, en esto de los seres amarillos con gruesas gafas, no tenía ni pajolera idea. Pensaba que solamente eran muñecos, peluches o llaveros para tropas infantilizadas. Me equivocaba como la paloma aquella de Alberti que hasta fue incapaz de diferenciar 'la calor' de la nevada.
Verano






