Amor pirata con olor a purgaLos amores políticos son amores piratas, que saben a miel y huelen a trampa (diría el Dr. Paz Martínez, autor de la tesis "Amor pirata", bolero). Lo prueba el frenesí de ajustes de cuentas en el Gobierno y en la oposición después del resultado de la sesión del jueves en el Senado, que pulverizó la trama original de la ley de inviolabilidad de la Propiedad. El primer gesto del oficialismo fue desencadenar una tormenta de filtraciones a través de la prensa amiga contra el vocero del programa de la desregulación, Federico Sturzenegger. Una señal de amor pirata que huele a purga. En la misma cascada hubo filtraciones que señalan a Patricia Bullrich como responsable del fracaso en la aprobación de un proyecto que fue canibalizado para sacarle las iniciativas que lo justificaban: Villas, Tierras Fiscales y Fuego. El tufo a purga que hiede desde el Gobierno en torno a los dos personajes no debe extrañar. Ninguno de los dos son autores de estas iniciativas del Gobierno. Han sido construidas en los despachos de organismos privados que elaboran proyectos para un gobierno que nació sin programas propios ni funcionarios. Sturzenegger y Bullrich son presuntos dueños de una agenda de otros, que se les encarga como prueba de fidelidad. Si les va bien, hay premio, si les va mal, patíbulo. No es nuevo esto de que los verdugos terminan siendo víctimas del patíbulo que ellos mismos operaron. Tanto Sturzenegger y Bullrich, como en las pelis al uso, van a ser perseguidos por delitos que no cometieron. Pero están cerca de pagar el precio que antes pagaron otros funcionarios, poco relevantes y periféricos, de otras administraciones. Piénsese, por ejemplo, en el destino de María Julia, a la que subieron al patíbulo para facturarle todo lo que el menemismo había hecho.Patinó la polarizaciónLa serie de tortazos que recibió el Gobierno en la semana es efecto de la falta de manejo político de los funcionarios Sturzenegger y Bullrich, pero no solo de ellos. Es la consecuencia de la fragilidad del método para hacer política. Milei es beneficiario, pero también fogonero, de una polarización maniquea. Como tal, puede irle bien en disputas en las que hay una percepción maniquea de la sociedad -por ejemplo, la que enfrenta en la Argentina a peronismo y no peronismo-. Llegó a la Presidencia y ha ganado las elecciones parlamentarias del año pasado porque representó al no peronismo en la puja con el peronismo, que es minoría en los electorados de los grandes distritos, que deciden las elecciones. Física política pura. Pero cuando la política actúa sobre materias que atraviesan de modo transversal a la sociedad, la polarización es ineficiente. Meterse con el fútbol justo en un año mundialista celebrado masivamente y, peor aún, con la disputa sobre la territorialidad, ha llevado al Gobierno a un momento bisagra que puede determinar su futuro en 2027. Cuando aparecieron las consignas malvineras mezcladas con el triunfo sobre Inglaterra, el Gobierno entró en un vértigo de equivocaciones. La más elocuente fue la ausencia de representantes de la Argentina en la entrega de medallas en la final de la Copa del Mundo. Estaban Donald Trump -que se bancó como un profesional los chiflidos, con tal de estar en ese retablo-, el rey de España, el primer ministro de Canadá, la presidenta de México... y el "Chiqui" Tapia. Estaba en la sala -el estadio, mejor dicho- el presidente provisional del Senado, tercero en la línea sucesoria del gobierno argentino. Bartolomé Abdala, que incluso debió justificar que él se había pagado los gastos para concurrir, tenía dos tickets en el bolsillo, el que se había pagado, y el que le daba un lugar entre las estrellas de la entrega de premios. Pudo fatigar los mails con Olivos preguntando si debía subirse a tan digna tarima, para entregar las medallas a España y Argentina como campeones y subcampeones. No hubo respuesta. Pudieron estar Milei, Victoria Villarruel, Bartolo o Martín Menem. No estar nadie, ni Bartolo, es no haber entendido en qué mundo viven.Patricia en la trampaLa derrota en el Senado es una oportunidad para que retome ritmo la guillotina. Le toca a Sturzenegger como si fuera algo más que el verdugo. Y a Patricia, que puede sentirse víctima de una cama. Tiene derecho a pensarlo, porque los hechos demuestran que el Gobierno no llamó a ninguno de los gobernadores peronistas aliados para pedirles que dieran el voto para los capítulos de Tierra y Fuego en la iniciativa de la Propiedad. Lo prueba el hecho de que Raúl Jalil, Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Rolo Figueroa y Hugo Passalacqua, ya habían dicho a comienzos de la semana que sus legisladores votarían en contra. Así se cayó Tierra el miércoles anterior a la sesión. La dejaron sola a Patricia, que llegó al extremo de mantener conversaciones con Olivos por un teléfono de manos libres, junto a sus asesores, en público, en el Salón Rosa del Senado. Fue en medio de la sesión, y la escuchaban cerca senadores peronistas como José Mayans y Juliana Di Tullio. Ahí se enteraron los peronistas, cuando mediaba la sesión, que se caía también el capítulo de Fuego. -"¿Cómo estamos?", le preguntaron a Di Tullio, que es la que cabalgó esta victoria del bloque. -"Estamos a dos votos de que se caiga". Juliana se caminó todas las bancas hasta que logró que se sumen Flavia Royón y Beatriz Ávila, con terminales, respectivamente, en Sáenz y en Jaldo. Cuando estaban 35 a 35, Olivos mandó a que se bajase el Capítulo IV. A Bullrich le quedó el desahogo tuitero de recordar que el tango se baila de a dos. Podía referirse a que debió negociar ella con la oposición, o que ella debía negociar con sus propios mandantes para que no la mandasen al horno. Ya había perdido la batalla con Victoria Villarruel, que firmó la autorización para el voto remoto de Anabel Fernández Sagasti. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, la vice respondió: "Porque tengo nafta". Hoy Patricia está con poca nafta. Lo prueba el desarticulado discurso de cierre, que incurrió en argumentaciones resbaladizas para sostener iniciativas como Tierra y Fuego, que no debió mencionar porque ya habían sido sacadas del dictamen final. Enojada y distraída, polemizó con otros senadores, algo fuera del estilo con que se suelen respetar otras intervenciones.La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana, también en política. Como la derrota es huérfana, pagan los perejiles. En el peronismo le aparecieron varios padres a la victoria. Sergio Massa salió a filtrar a través de sus voceros que él había convencido a los gobernadores del peronismo del interior de que votasen en contra. Poco creíble porque estos se habían expresado a comienzos de la semana. Eso no impide que la relación amistosa continúe. La prueba es que el viernes apareció Raúl Jalil junto a Diego Santilli y Toto Caputo firmando el convenio para compensar deudas cruzadas con el Estado Nacional. Se sacaron fotos y prometieron estar el jueves de esta semana todos en Fiambalá, para cortar las cintas de la construcción de un acueducto que beneficiará a Catamarca y Santiago del Estero. Era algo comprometido desde 2025 cuando el gobernador de Catamarca aseguró el voto para suspender las PASO. Recién ahora se lo pagan. Uno de los senadores se enteró de que Massa se ponía el triunfo en el ojal y la interpeló a Di Tullio: "Juliana, vos fuiste la que logró los votos, no Sergio". Filosa, respondió: "Sí, pero a mí no me conoce nadie". Una trama explicativa ligada al massismo detectó en un tuit de Di Tullio unas iniciales que identificarían a Sergio como el responsable. Ella no lo negó. De ser así, es una movida que juega en la interna del PJ de Buenos Aires. En la puja Cristina-Axel-Massa, pegarlo a Massa a este triunfo lo aleja más a Kicillof en su precampaña presidencial. Di Tullio es, junto a Anabel Fernández Sagasti, la senadora más cercana Cristina de Kirchner. Exaltar a Massa desde el cristinismo para aislar a Axel es una forma de ponerle más trabas a su proyecto.¿Derrama o no derrama?Cada momento bisagra suele disparar hipótesis sobre un cambio de época. Han acompañado cada giro de la agenda pública. Esta vez reaparecieron las interpretaciones sobre un cambio en el humor social. El consultor Fernando Moiguer expuso el viernes en una conferencia del Consejo de Profesionales de Sociología y el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (Segundas Jornadas de Innovación Social) su hipótesis de que hay un giro que se explica por la economía. Describió cómo en el primer cuarto de siglo en la Argentina se han perdido los promedios como explicación de la conducta social. El porcentaje de los consultados que se reconoce como clase media ha bajado significativamente; ha crecido el de quienes se perciben como de clase alta; y un segmento de clase media baja resiste, con usos y costumbres que le permitían sentirse (y ser reconocido) como perteneciente a esa categoría, pese al tobogán que lo lleva a la clase baja. Explica este modelo por el fenómeno de que por primera vez en el siglo XXI se desacoplan el producto y el consumo. El crecimiento del PBI ya no es acompañado, como antes, por un crecimiento del consumo, sino que éste baja. Mostró cuadros (que se pueden leer en sus informes mensuales) que muestran la tendencia de una economía que no derrama.No es la economía, chabónEn la misma conferencia en la que habló Moiguer, Jaime Durán Barba insistió en el desajuste entre el discurso oficial y la realidad del país donde viven. En el chispeante diálogo que tuvo con el politólogo Mariano Gerván, reconoció los valores académicos y profesionales de Sturzenegger. Pero contó que le había enviado un mensaje llamándolo a la reflexión sobre el proyecto de ley que deroga el precio fijo para los libros. La Argentina, le diría, son sus librerías, como lo es también el Teatro Colón. Sin librerías o el Teatro Colón, la Argentina no existe. ¿Qué sentido tiene que te pelees con todas las librerías de la Argentina? ,argumentó Durán ante el coloso desregulador. Durán insistió en que los políticos deben huir de los prejuicios o de las explicaciones falaces sobre qué timbre hay que tocar. Incluyó entre esos prejuicios creer que la economía es la que conduce a la política, cuando en realidad es todo lo contrario. El político tiene que dedicarse a construir futuro y confianza en ese futuro. Y si lo logra podrá pavimentar un cambio sustentable que alimente la certidumbre, el insumo de la economía. Interesa este concepto viniendo de hombres como Durán Barba, que pueden acertar o no (como todo pollster), pero que en sus juicios explicativos no suele equivocarse y en sus afirmaciones hay mucho para aprender. El Gobierno se precia de ser un elenco de economistas exitosos. Eso está por verse en el gran momento que regula la economía, que son las elecciones. Ese prejuicio alimenta el lanzamiento de figuras de la economía para disputar el poder en 2027. Ya se anotó Hernán Lacunza por el PRO. Hace tanteos en ese sentido Carlos Melconian y hombres de negocios como Jorge Brito.Ni la suerte de TrumpEn la improvisación que transmite el Gobierno en materia electoral se incluye la seguridad de que arreglar la economía les va a servir para que Milei reelija. Seguramente lo va a ayudar, pero esas mejoras -que les sirven a sus adversarios- no suelen reflejarse en el voto. Es uno de los prejuicios más frecuentes entre quienes hacen y analizan la política. No está probado que la suerte del gobierno se juegue en los mercados internacionales. Con ingenuidad de principiantes muchos observadores atribuyeron el triunfo del oficialismo en las elecciones legislativas de 2025 al apoyo financiero que anunció el gobierno de los EE. UU. El balance final del escrutinio arrojó 42% de los votos al no peronismo, que representa a este gobierno y sus aliados desde 2023. Y un 34% al peronismo. Ese resultado es el mismo que se ha venido repitiendo en la última década. Y no es probable que la fidelidad del voto de centro derecha dependiera de que el financista Scott Bessent dispusiera un anclaje de pesos y dólares para sostener el programa. Dicho de otra manera, es una zoncera creer que sin ese respaldo un porcentaje significativo de votos hubiera migrado hacia el peronismo y diera vuelta el resultado. La continuidad del Gobierno depende más de que encuentre un sendero político, a que pueda mostrar resultados económicos que retengan un electorado, que ya tiene y que no presenta fisura importante, salvo las que surgen de la falta de liderazgo. Tampoco depende de que Trump reelija o no. Depende de la estabilidad que logre con el respaldo de los aliados legislativos y provinciales para sostener al Gobierno. Si lo logra puede llegar a una elección competitiva, si no, perderá equilibrio antes de las elecciones. Y para ese proceso es que necesita abolir las PASO que son a todo efecto una radiografía -más que una encuesta, un censo- que mide y adelanta a ganadores y perdedores. Ni en la Argentina, ni en ningún otro país, nadie vota por quien va a perder. Por lo menos por amor propio, y para poder sostener la dignidad ante el espejo el día que se conozca el resultado final.Ignacio ZuletaPeriodista y consultor político Bio completaRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOJavier MileiPatricia BullrichFederico SturzeneggerAxel KicillofCristina KirchnerSergio Massa
Apuntan contra Sturzenegger y Bullrich, Kicillof en la trampa de Cristina y Massa y una economía que no derrama
El Gobierno quedó golpeado por el resultado de la sesión en el Senado y está a la caza de los responsables del revés legislativo. Milei insiste con su plan reeleccionista y ata su suerte al futuro electoral de Trump.







